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Edición del DOMINGO 15 de Octubre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Salud 
Biblia y medicina
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La salud y la religión han establecido lazos desde tiempos inmemorables. Esta relación es objeto de análisis y reflexiones entre galenos.

Yavé habló a Moisés y a Aarón diciendo: “Cuando uno tenga en su piel tumor, erupción o mancha blanca y se forme en su piel como una llaga de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes. El sacerdote examinará la llaga: si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y la llaga parece hundida en la piel, es llaga de lepra; cuando el sacerdote lo haya comprobado, lo declarará impuro. Pero si hay en la piel una mancha blanca que no parezca hundida en la piel, y si el pelo no se ha vuelto blanco, el sacerdote recluirá durante siete días al afectado. (...) Pasado estos días lo volverá a examinar; si ve que la llaga ha perdido su color y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo declarará puro, porque no se trata más que de una erupción”.

Con tales palabras el capítulo 13 del libro Levítico aborda el tratamiento que la comunidad judía debía dar a los enfermos sospechosos de portar uno de los males dermatológicos más temidos en los tiempos del Antiguo Testamento: la lepra. “La Biblia hace recomendaciones sanitarias de mucha importancia que de cierta manera se han mantenido hasta nuestros tiempos; por ejemplo, el aislamiento del enfermo para evitar el contagio del mal a los sanos”, indica el médico guayaquileño Gustavo Cáceres sobre un tema que le ha causado especial curiosidad profesional: la relación de la Biblia con la medicina antigua y moderna.

“La Biblia no solo es fuente de salvación espiritual, sino también física; podría decirse que las enfermedades que han afectado al hombre en la historia han sido casi las mismas si se toma en cuenta que los sistemas orgánicos alterados son siempre el cardiorespiratorio, el digestivo, las vías genitourinarias, el aparato locomotor y la piel”, señala este profesional cuyo primer acercamiento a este singular tema fue hace diez años, cuando realizaba investigaciones para escribir su libro La Prehistoria ecuatoriana y su relación con la medicina moderna (1991).

“Buscaba información sobre la medicina de nuestros ancestros y comencé a observar que los orígenes de muchas prácticas relacionadas a la salud se encuentran en la Biblia. Por eso decidí escribir un libro dedicado estrictamente a la medicina según los textos sagrados”, agrega refiriéndose a su texto La Biblia: Medicina para el cuerpo y el alma (2004).

Salud sagrada
La relación entre la Biblia y la medicina ha sido abordada por médicos alrededor del mundo. “Casi todo lo que realmente conocemos de la medicina hebrea se encuentra en el Levítico, tercer libro del Pentateuco”, indica el doctor español Ángel Rodríguez, miembro de la Asociación Española de Médicos Escritores y de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. “(En los textos sagrados) Jehová era el único administrador de la salud individual y colectiva. Por ello, la enfermedad, conceptuada según el Antiguo Testamento como instrumento providencial y castigo divino, ha condicionado la actitud colectiva frente a la terapéutica desde remotas fechas hasta el presente, tanto en los mundos judaico, cristiano e islámico. Dios era el médico del alma y del cuerpo”, agrega el experto en el sitio web www.AunMas.com.

El psicólogo suizo Paul Tournier (1898-1986) también realizó consideraciones particulares en este campo. Él defendía que “la enseñanza psicológica más profunda está en la Biblia” y que “el origen de la enfermedad no solo se debe a razones físicas sino también a causas emocionales y espirituales”.

Tournier involucró su fe en su práctica profesional, considerando que “la ciencia, la psicología, pueden ayudarnos, pero hay un límite a su capacidad que sólo puede traspasarlo la fe”, indica según una cita extraída de la página www.clie.es.

Medicina bíblica, hoy
Gustavo Cáceres destaca el “amplio legado” que han dejado los textos bíblicos para prácticas médicas actuales. En el campo de la cirugía señala a la circuncisión como un ejemplo.

“Dijo Dios a Abraham: Guarda mi alianza (...): todo varón entre ustedes será circuncidado. Ustedes cortarán el prepucio y esta será la señal de la alianza entre yo y ustedes”, indica un extracto del capítulo 17 del Génesis.

Sin embargo, esta práctica ha trascendido las razones religiosas. Cáceres lo explica: “La moderna pediatría aconsejaba hasta hace poco que la circuncisión era el mejor medio para prevenir infecciones producidas por el esmegma (secresión sebácea blanquinosa producida en la cara interna del prepucio no circuncidado), aunque desde hace algunos años la comunidad científica internacional  debate sobre los beneficios y riesgos que acarrea esta práctica a los recién nacidos, prefiriéndose en algunos casos la dilatación, es decir la retracción forzada de la piel para liberar la cabeza del pene”.

Pero según estudios recientes del centro médico Rush-Presbyterian St. Luke de Chicago, Estados Unidos, la circuncisión reduce de dos a ocho veces el riesgo de infección de VIH en el varón, “porque la capa interna del prepucio es siete veces más susceptible a la infección frente al tejido del cuello uterino”, indica Cáceres citando ese estudio que avala una práctica ancestral nacida como una alianza entre Dios y el pueblo hebreo.

Ginecología y compasión
Cáceres también indica que en el área ginecológica hay similitudes entre las consideraciones bíblicas y las actuales. Para mostrarlo cita el inicio de Levítico 12: “La mujer cuando conciba (...) pemanecerá 32 días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa la tocará, ni vendrá al santuario, hasta que cumpla los días de su purificación”.

El médico guayaquileño explica que en la actualidad ese período se llama puerperio o cuarentena. “Son unas seis semanas en que los órganos que intervienieron en el embarazo y el parto regresan a sus condiciones normales”, explica sobre esta práctica que también permite la recuperación de la mujer parida y controlarle las secreciones sanguinolentas (similares a las menstruales) que tiene por 30 o 40 días después del alumbramiento.

Finalmente, Cáceres señala que la relación entre la Biblia y la medicina se vuelve más evidente al observar en el Nuevo Testamento la compasión de Jesús por los enfermos. “Cristo curaba a los hombres con solo tocarlos. La capacidad de sanar es una gran herencia que nos ha dejado a los doctores”, afirma con gran orgullo, sentimiento que puede explicarse al revisar el Eclesiástico 38, 1. “Respeta al médico por sus servicios, pues también a él lo instituyó Dios”. (MP)


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