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¡Qué pregunta! ¿No es obvio que fueron Noboa y Correa? No tan rápido. Veamos primero quién perdió. El candidato presidencial del MPD sacó alrededor de setenta mil votos. Habiendo más de cien mil profesores, significa que solo un segmento de su propio gremio votó a favor. Igual suerte para los supuestos representantes del sector indígena, que, con algo más de cien mil votos, no lograron captar ni el 30% de su electorado. Los mayores perdedores fueron el PSC y el PRE, hasta hace menos de diez años, los partidos más importantes del país. Los votos sumados de sus dos candidatos no alcanzan el tercer lugar, siendo apenas la mitad de cualquiera de los finalistas. El último perdedor importante es la ID, que fuera el partido más organizado del país. La intención de voto del candidato que apoyaron era el doble, antes de la alianza, que los votos obtenidos en la elección. El resultado de Sociedad Patriótica, a mi juicio, se lo tiene que leer como el castigo por haber, inconstitucionalmente, botado a un presidente por segunda ocasión.
El análisis no puede ser completo sin los resultados de diputados, cuya información es escasa gracias al TSE y a E-Vote. Mas, lo poco que se conoce apunta en la misma dirección. Si a esto adicionamos el ingrediente del voto nulo, que en todo el país superó con mucho a cualquiera de los partidos, algo nuevo salta a la vista: si bien la decepción de la clase política y de los partidos tradicionales hace una década se comenzó a manifestar en las elecciones presidenciales, beneficiando los votantes a los candidatos “recién llegados” o a los poco ortodoxos, es la primera vez que esto se refleja masivamente en todas las papeletas, sobre todo de diputados.
Es importante también revisar el resultado del exterior, por ser la primera vez que estos ciudadanos votan y porque es irrefutable que en su gran mayoría han mejorado su calidad de vida y cambiado su estructura mental. Su voto favoreció tendencias liberales, los discursos de apertura comercial, de menor intervención del Estado, de menores impuestos y de un Estado más pequeño. Esto también es cierto internamente, aunque menos evidente. La suma de votos de los candidatos con discursos liberales en casi todas las provincias es mayor que la de los perfiles estatistas e intervencionistas. Dicho esto, en esta elección, más importante que quién ganó, es quién perdió. Y lo cierto es que fueron, de forma contundente, los partidos y líderes tradicionales, tendencia que al parecer se aceleraría en el futuro. Por primera vez en tres décadas, se crearían grandes espacios para nuevas agrupaciones y líderes políticos, los que, acorde con las tendencias electorales, serían de corte liberales.
Alguien decía que el país cada vez es menos tolerante para con sus elegidos, que hace décadas el periodo de gracia para evaluar resultados era de un año, acortándose luego a 100 días; y hoy, al primer mes, el electorado ya exige soluciones, lo cual dificulta la gobernabilidad. Los resultados electorales a largo plazo, más allá de la posible acción de cualquiera de los dos finalistas, podría generar una década de cambios radicales, pues en un ambiente así, el único sistema que hace posible la gobernabilidad es una de descentralización absoluta y de autonomías. |