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Gabriela Calderón | gcalderon@cato.org
La dolarización ha sido un éxito
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Contrario a lo que se suele decir, no todo es malo en Ecuador y la dolarización merece ser considerada lo que es: un éxito.

Mahuad anunció la dolarización el 9 de enero del 2000, y tan solo dos días después la tasa de interés anual ya había bajado de 200% a 20%. Cabe recalcar que al anunciar la dolarización oficial del país, Mahuad solo estaba formalizando algo que ya era una realidad pues más del 60% de la economía ya estaba dolarizado, y esto sin tomar en cuenta los depósitos en bancos fuera del país.

La dolarización libró a los ecuatorianos de esa pesadilla llamada inflación, que llegó a acercarse al 100%. Hoy, algunos se lamenten de que “hemos perdido nuestra política monetaria soberana”, gozamos de una tasa de inflación del 3,3%, una de las más bajas de la región. Soberana o no, parece que esta política monetaria está cumpliendo con su propósito constitucional de mantener la estabilidad monetaria. Y como dice el economista Steve Hanke “aunque la estabilidad no lo es todo, todo es nada sin ella”.

Es incorrecto decir que la dolarización se sostiene únicamente gracias a un precio alto del petróleo y a las considerables remesas de los inmigrantes. Si el día de mañana el precio del petróleo cae repentinamente y Ecuador deja de recibir remesas, esto sería un grave shock económico sin importar qué moneda estemos utilizando. Sin embargo, con el dólar se mantendría la estabilidad monetaria y se podría aliviar el golpe mediante incentivos fiscales como, por ejemplo, una reducción de impuestos que aumente el poder de compra de los ecuatorianos. Con el sucre, el Banco Central probablemente recurriría a la misma inflación frenética de antes.

La estabilidad ha contribuido al crecimiento de la economía. No se puede dar a entender que solamente al sector petrolero le ha ido bien cuando otros sectores, incluso los no tradicionales, han mostrado un crecimiento sólido en los últimos seis años: la agricultura creció por un promedio de 4,2%, la industria manufacturera creció por un promedio de 4,8% y la construcción está atravesando un boom habiendo crecido por un promedio del 6,3% anual.

La dolarización ha mejorado la situación económica del ecuatoriano promedio: el PIB por cabeza de los ecuatorianos creció  un 19,6% entre el 2000 y el 2005 (en dólares constantes); entre 1999 y el 2002 la pobreza y la indigencia se redujeron de 63,5% y 31,3% a 49% y 19,4%, respectivamente; y el desempleo bajó de 15,1% en 1999 a 10,71% en el 2005. Aunque todavía persiste un nivel inaceptable de pobreza, parece que vamos en buena dirección.

El Gobierno también ha sido beneficiado por la dolarización. La deuda externa pública como porcentaje del PIB se ha reducido desde el 71,14% en el 2000 al 26,04% en el 2006. Las finanzas públicas se han vuelto más saludables ya que los ingresos por impuestos han aumentado constantemente desde el 2000. Ahora los políticos solo tienen dos opciones muy visibles para aumentar el gasto: (1) cobrar más impuestos o (2) endeudarse, dos medidas de poca popularidad.

La percepción de que todo empeoró a raíz de la dolarización está terriblemente equivocada. Pues la dolarización solo hizo evidente fallas estructurales serias que afligían a la economía ecuatoriana desde hace mucho tiempo. Las devaluaciones del soberano sucre solo sirvieron para acumular problemas y posponer verdaderas reformas. Así que no confunda al mensajero (dolarización) con la causa (décadas de políticas irresponsables). El encarecimiento de la vida no es culpa de la dolarización, sino de las políticas públicas irresponsables de las últimas décadas que empobrecieron y dejaron en bancarrota al país. Este encarecimiento se hubiese sentido con dolarización o sin ella.

Dicen que el primer paso para librarse de una adicción o solucionar un problema es reconocer que el problema existe. Ecuador ya dio este paso y no le conviene retroceder.

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