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Liang Yu, aferrada a la tierra y a su lengua |
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| Liang Yu llegó de la China hace 16 años, pero no ha dejado la costumbre ancestral de cultivar las hortalizas que componen su dieta. Ahora lo hace en parte de la acera. | | |
| Octubre 29, 2006
Texto: Cecilia Pugo | Fotos: Víctor Serrano y Cristian Cortez
Ha vivido 16 de sus 70 años en Guayaquil y sigue apegada al cultivo de hortalizas y a su dialecto, el cantonés, porque ambos le recuerdan a su natal Guangdong, China. Cada mañana cerca de su casa, en Sauces I, riega las lechugas y nabos que ha sembrado en una parte de la acera. Habla poco y cuando lo hace prefiere su idioma.
Su cabello corto y oscuro, ojos rasgados, de 1,55 de estatura aproximadamente, y esa forma ágil de caminar delatan su origen oriental. Su nombre es Liang Yu, pero los pocos que se comunican con ella la llaman 'mamá'. De hecho esa es una de las contadas palabras que ella conoce del idioma español, pese a residir en esta ciudad desde hace más de una década.
Nacida en la ciudad de Huizhou, una de las más importantes de la provincia Guangdong, situada en el extremo sur oriental de China, y caracterizada por ríos que serpentean por todas partes, la mujer de 70 años cada mañana carga sin dificultad, y de dos en dos, tachos con agua para regar su huerto.
Ha aprovechado un espacio de la acera de casi seis metros cuadrados, frente a la casa donde vive con su familia en la ciudadela Sauces I, para cultivar lechuga y nabo chino, legumbres que junto al pescado forman parte de su dieta.
Sentada sobre sus pantorrillas, Liang no se inmuta ante el bullicio de los vehículos que circulan por la avenida Agustín Freire ni de las personas que pasan por allí. Muy concentrada despeja con cuidado las yerbas que no sirven, rodea con tierra las plantas, corta unas seis lechugas y riega el huerto. La tarea la ejecuta casi como un ritual por unos treinta minutos todos los días desde las 06h30 y a veces en las tardes.
El miércoles pasado su boca dejaba escapar un manojo de palabras incomprensibles y solo alcanzaba a expresar en español: "Lechuga, lechuga para la sopa", mientras con sus manos intentaba dar la idea de un repollo para sustentar su explicación.
Su dialecto es el yué o cantonés, el segundo más importante de China después del mandarín, que lo hablan los nueve millones de habitantes de Guangdong, provincia de 178 mil kilómetros cuadrados.
Las señas y una amplia sonrisa son la forma de comunicación de Liang. Sus vecinos la aprecian. Gustavo Castillo, propietario de una despensa del sector, ya no tiene que hacer esfuerzos para entenderla. Sabe que cuando ella dice: "Siete panchita, siete panchita", quiere que le venda "siete pancitos".
El chifa Casa China, de propiedad del esposo de Liang, ubicado junto a su vivienda, es otro de los espacios donde se desenvuelve. Uno de los empleados, Fernando Parra, cuenta que ella no habla mucho y que cuando quiere que le ayude a cargar los baldes de agua le hace señas.
También ayuda a preparar platos en la cocina del negocio. "Su vida es agitada y no se cansa de trabajar", afirma Yukkiu Fong, hijo de Liang, quien al recordar la tierra de donde provienen evoca los extensos y verdes campos que la rodeaban. Allá su madre se afanaba por hacer producir la tierra con la misma paciencia que lo hace ahora en el reducido huerto.
Oito Chi Wai Fong, de 75 años, esposo de Liang, llegó primero a esta ciudad en 1970 empujado por una crisis que se vivía en China y motivado por un familiar que vive en Quevedo (Los Ríos). Su hijo y su esposa lo siguieron quince años más tarde.
Los primeros tiempos fueron difíciles para los Fong. Se comunicaron con señas mientras aprendieron el idioma español. El negocio de comida china les sirvió para ganar un espacio en esta ciudad y crecer económicamente. Oito administra el restaurante, con ayuda de su nuera Susana Chou, mientras Yukkiu desde hace unos cinco años maneja un local de venta de materiales eléctricos.
Yukkiu tiene dos hijos: Johnny, de 17 años, y Feriz, de 15, quienes cursan el quinto año en la Unidad Educativa Espíritu Santo. Ellos hablan español y cantonés, pero no saben escribir en el lenguaje de sus abuelos y se sienten más identificados con la cultura de esta ciudad. Sin embargo, la comida los mantiene aferrados a sus orígenes y, según la tradición china, Guangdong tiene la mejor cocina por sus numerosos platos de pescado y marisco.
Aun así, Yukkiu reconoce que la guatita y el seco de gallina ya tienen un lugar especial en su estómago.
El cónsul general de China en Guayaquil, Liu Zifa, dice que la mayoría de sus compatriotas proviene de Guangdong y que más de la mitad de ellos reside en Guayaquil. Cree que escogen esta ciudad porque su clima y su ubicación geográfica son similares a los de esa provincia, situada en el litoral asiático.
Zifa recalca que entre sus connacionales se mantiene el apego a sus orígenes. En Guayaquil conmemoran tres días festivos: la fiesta de la primavera, a inicios de febrero, que equivale a una navidad china; el Día Nacional de la República Popular China, el 1 de octubre; y el año nuevo según el calendario lunar y que suele celebrarse en febrero.
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