Hace tan sólo unos meses era una llanura desierta y polvorienta, sede de una antigua base militar soviética, con una aldea abandonada de muros derruidos en medio de campos de labranza abandonados. Pero una frenética ola de construcción se lleva actualmente a cabo en Kelagay, donde jornaleros afganos han edificado, con lodo y paja, complejos de altos muros y casas de techo plano.
El auge de construcción comenzó cuando la población entera de una aldea en ruinas, llamada Naseri Chehl Kapa, regresó este verano, tras 26 años de haber vivido como refugiados en Paquistán.
Debido a su gran número, ocuparon tierras del gobierno que se extienden mucho más allá de su aldea y de sus campos originales y, en cuestión de una semana, los aldeanos repatriados empezaron a dividir las tierras y a levantar muros.
“Es la tierra de nuestros antepasados”, dijo Haji Abdul Jabar, quien construye un gran complejo que albergará a su familia y a las de sus siete hermanos.
Las autoridades de la provincia, sin embargo, afirman que los aldeanos se han posesionado ilegalmente de la tierra. “Después de que estas familias violaron la ley y ocuparon tierras, ahora todo el mundo quiere hacerlo”, se quejó Imamuddin Hasan, funcionario en jefe encargado de los refugiados y de la repatriación en la Provincia de Baghlan, en el centro de Afganistán.
El regreso de los refugiados afganos en los últimos cuatro años, así como su capacidad para adaptarse y sobrevivir, ha sido uno de los verdaderos éxitos de la intervención extranjera en el lugar y el gobierno del Presidente Hamid Karzai. Se calcula que desde la caída del talibán a fines de 2001, 4,7 millones de refugiados han regresado de los aledaños Irán y Paquistán, 3,7 millones de ellos con asistencia de la agencia para los refugiados de la ONU y otro millón por sus propios medios.
De acuerdo con Hasan, Baghlan ha registrado el regreso de 44 mil refugiados desde que cayó el gobierno talibán, la mitad de los cuales no tenía casa o tierras a donde volver.
A la fecha, la provincia, una de las principales en el programa de reubicación de refugiados del país, ha repartido parcelas a cuatro mil familias y planea instalar a otras seis mil en dos poblados nuevos proyectados por el gobierno. Pero por lo menos 500 familias viven actualmente en tiendas de campaña en un campamento, de acuerdo con Hasan.
La población total de Naseri Chehl Kapa, 200 familias, huyó una noche de 1980 con las manos vacías, luego de un ataque de las tropas soviéticas en el que perecieron 40 personas. Ahora, indicaron, forman 360 familias. Pese a las privaciones, prosperaron y se multiplicaron en los 26 años que pasaron lejos de su país.
Los aldeanos admitieron que aunque todos claramente necesitan más espacio, su prisa por ocupar las tierras obedecía a otras preocupaciones.
Otras personas procedentes de diferentes partes de la provincia habían empezado a instalarse en Kelagay, de acuerdo con un habitante, Haji Paiwand, de 50 años. Por ello, indicó, los aldeanos, todos pertenecientes a la misma tribu pashtun, decidieron regresar a casa juntos con el fin de reivindicar su propiedad de la tierra antes de que otros la ocuparan.
“No arrebatamos estas tierras”, expresó Paiwand. “Tuvimos pláticas con el gobierno y tratamos de hacer las cosas pacíficamente”.
“Realmente anhelábamos regresar a nuestro país”, continuó Paiwand, que trabajó en una tienda de abarrotes en Arabia Saudita durante doce años. “No hemos venido a causar problemas. Venimos a reconstruir el país”.