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Ingleses manejan lento bajo mirada de cámaras

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Esta cámara de monitoreo, en Kelvedon Hatch, Inglaterra, fue vandalizada tres veces en 2005 y reforzada para protegerla.
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Noviembre 05, 2006

Por SARAH LYALL | KELVEDON HATCH, Inglaterra

Conducir en Gran Bretaña consiste en medir su viaje en cámaras que captan autos a exceso de velocidad.

Tan inevitables como los señalamientos viales y tan implacables como el agente de tránsito más estricto, acechan en todas partes, como la principal arma del gobierno contra los conductores impacientes.

Es una lástima que tantas personas las odien.

Entre las maneras en que los automovilistas han dejado esto en claro están: rociar las cámaras con pintura; derribarlas; cubrirlas con alegres envolturas de papel y bolsas de basura; arrancarlas, dispararles, martillarlas y lanzarles bombas incendiarias; adornarlas con llantas encendidas; y llenar sus estuches con espuma aislante autoexpandible que, cuando se activa, las hace estallar.

Los ejemplos pueden verse en el sitio en Internet de un grupo justiciero llamado Automovilistas contra la detección, que exhibe fotografías a color de cámaras despedazadas, mutiladas y quemadas: pornografía para el movimiento anticámaras.

En una nación que se calcula tiene cuatro millones de cámaras de vigilancia -el mayor número per cápita en el mundo, dicen los grupos de libertades civiles- hay hasta seis mil sitios en la actualidad para cámaras que detectan el exceso de velocidad, en el campo y en la ciudad, en las carreteras, arterias urbanas, calles suburbanas y caminos rurales.

"Las cámaras que detectan exceso de velocidad no pueden detectar cuando un conductor no guarda su distancia, conduce mal, maneja en estado de ebriedad o conduce bajo el influjo de las drogas", señaló un vocero del grupo, conocido como MAD, al explicar sus objeciones. Colaborador ocasional de debates radiofónicos sobre los reglamentos de tránsito, utiliza el nombre de Capitán Gatso -en honor a la cámara de vigilancia más común- porque, dice, quiere evitar ser arrestado.

El gobierno no mantiene cifras sobre el vandalismo a las cámaras, así que es imposible confirmar la afirmación del Capitán Gatso, de que el grupo ha atacado más de mil cámaras, o que sus miembros son "personas adultas, con empleos normales, que están molestas", en lugar de rufianes dedicados al "vandalismo infantil sin ton ni son".

Si hay una batalla entre los automovilistas y las cámaras que detectan el exceso de velocidad, las cámaras sin duda están ganando.

En Kelvedon Hatch, un pequeño poblado en Brentwood, aproximadamente a una hora al noreste de Londres, una cámara particularmente odiada ha sido incendiada tres veces el año pasado, y tres veces ha sido reparada.

Ahora, unos 66 mil dólares después, está nuevamente realizando su labor, nueva y mejorada, envuelta en una cubierta protectora a prueba de fuego. "Desde entonces, toco madera, no hemos tenido ningún incidente", comentó Rachel Whitelock, enlace para la Sociedad en Essex de Cámaras de Seguridad, que instala y mantiene los sitios de cámaras del país: 96 lugares estacionarios; 160 tramos de carretera vigilados por cámaras cuyas ubicaciones cambian; y 26 cámaras de semáforo para las luces rojas.

El gobierno dice que las cámaras han sido un éxito rotundo, al reducir la velocidad en un promedio de 3,5 kilómetros por hora en sitios donde hay cámaras detectoras, al reducir los números de personas que conducen a exceso de velocidad en esos lugares en un 31 por ciento y al reducir, en 42 por ciento, el número de personas muertas o gravemente lesionadas en esos sitios. Dicen que en sondeos de opinión pública, la mayoría de los británicos dice que apoya tener cámaras en las carreteras. Pero la teoría es una cosa; la práctica es otra. A las personas les gusta conducir rápido, y se molestan cuando se les dice qué hacer.

"Muchos conductores se sienten alienados por las cámaras que detectan exceso de velocidad", declaró Vincent Yearley, portavoz para el Instituto de Automovilistas Avanzados, organización a favor de la seguridad en las carreteras. "Pero la mejor manera de abordar una cámara de este tipo es simplemente acatar la ley, y no prenderle fuego".


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