Hambrientos de precisión en un ámbito tristemente célebre por su ambigüedad, y la frustración que provoca, los curadores de los principales museos europeos y estadounidenses recurren desde hace mucho a los instrumentos de la ciencia nuclear con el fin de bombardear obras de arte con rayos invisibles.
Los indicios resultantes han ayudado a contestar fastidiosas preguntas de procedencia, edad y autenticidad.
Ahora, estos conocimientos se vuelven globales. La Agencia Internacional de Energía Atómica, unidad de las Naciones Unidas mejor conocida por su lucha contra la proliferación de las armas nucleares, trabaja con ahínco para fomentar semejantes métodos en el mundo emergente, lo que permite que científicos y conservadores de países como Perú, Ghana y Kazajistán sean mejores custodios de su herencia cultural.
“Es muy emocionante”, expresó Matthias Rossbach, funcionario de la agencia que ayuda a dirigir la iniciativa. “Aprendo mucho”.
La agencia administra el programa como complemento a su promoción global de las aplicaciones pacíficas de las tecnologías nucleares y relacionadas.
De alguna forma constituye uno de los incentivos destinados a compensar la invasiva vigilancia realizada en el mundo entero por la agencia, para garantizar que las naciones se abstengan de desarrollar armas nucleares en forma secreta.
Durante la conferencia anual de la agencia, celebrada a finales de septiembre en Viena, donde tiene su sede, Rossbach y sus colegas instalaron un stand con el fin de dar a conocer el programa y se dedicaron a presentar las herramientas de análisis y sus aplicaciones a un reportero y a delegados de los 140 países miembros de la agencia.
Exhibieron docenas de reportes y resúmenes científicos que describían cómo algunos proyectos de investigación habían empleado métodos nucleares para resolver acertijos históricos y artísticos.
Por ejemplo, científicos chinos bombardearon las partículas subatómicas, conocidas como neutrones, contra la cerámica china de la dinastía Tang, que reinó en China de 618 a 906. El análisis les ayudó a determinar los orígenes de las obras de arte en talleres regionales. Científicos mexicanos también han aplicado dichos métodos a cerámica de la era colonial. Piezas que alguna vez se creyó que habían sido importadas de España, resultaron haber sido producidas localmente.
Rossbach indicó que la parte de la colaboración que le corresponde se extiende a quince naciones, involucra a unos 60 científicos y abarca de 2005 l 2008, con un costo de alrededor de 230 mil dólares. “No tenemos mucho dinero”, explicó a los delegados que visitaban el stand. Aun así, agregó, sus colaboradores artísticos logran muchos resultados. “Es emocionante constatar el progreso”.
Los métodos atómicos, algunos de ellos aplicados al análisis artístico por primera vez en los años 70 y los 80, han revolucionado el campo de la historia del arte.
Por ejemplo, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York adquirió una gran riqueza de conocimientos en materia de procedencia de esculturas antiguas de su colección, entre ellas, algunas cabezas esculpidas, separadas de sus respectivos torsos, durante la Revolución Francesa.
El trabajo de detective del museo empezó en un reactor nuclear, donde los operadores sometieron fragmentos desprendidos de la obra de arte a un bombardeo con neutrones en aceleración. Las lluvias de rayos gamma resultantes revelaron la presencia de diferentes patrones de elementos de rastreo.
Estas firmas de identificación permitieron que los curadores establecieran correspondencias con las firmas, obtenidas de la misma manera, de iglesias, canteras y esculturas europeas.
Rossbach indicó que el programa lo entusiasmaba porque, en el proceso de aprendizaje, hacía muchos descubrimientos acerca del arte global, así como de sus diferentes categorías de custodios científicos.
“He aprendido acerca de la cerámica en China y de los íconos en Polonia”, expresó. “Conozco las técnicas que aplican y puedo hablar con ellos respecto a si hacen o no las cosas correctamente. Me parece que eso es un excelente intercambio”.