Ex presidente iraquí es juzgado por la muerte de 148 chiitas en el pueblo de Dujail, en 1982.
El gobierno iraquí multiplicó ayer las medidas de seguridad ante el anuncio del veredicto en el juicio contra el ex presidente Saddam Hussein, quien puede ser hoy condenado a muerte, y decretó un toque de queda en Bagdad y en las provincias de Diyala y Salahedin.
Bagdad también ha puesto a las fuerzas armadas en alerta a la espera de la sentencia que pronunciará el Alto Tribunal Penal iraquí, y anuló los permisos de salida militares.
El objetivo es evitar la violencia cuando se anuncie el veredicto en el juicio de Dujail contra Saddam Hussein y siete coacusados, procesados por la muerte de 148 habitantes chiitas de ese pueblo al norte de Bagdad, como represalia a un atentado fallido en 1982 contra el convoy del entonces presidente.
"La condena a muerte pondrá Iraq a sangre y fuego y llevará la región al abismo", advirtió recientemente el jefe de los abogados de Saddam Hussein, Jalil al Dulaimi, en una carta dirigida al presidente de EE.UU., George W. Bush.
Posible apelación
Un procedimiento automático de apelación estará al alcance de los condenados a muerte o a prisión perpetua, tras el veredicto de hoy del Alto Tribunal Penal iraquí que juzga a Saddam Hussein y a otros acusados, lo que podría retrasar varios meses la ejecución de la sentencia.
Según los estatutos del tribunal iraquí, creado en diciembre del 2003, los demás acusados y el fiscal general también pueden recurrir.
En caso de que se ratifique la sentencia decidida en primera instancia, debe aplicarse en los próximos 30 días, según los estatutos del tribunal.
Si la condena es a muerte, el decreto de ejecución debe estar firmado por el presidente de la República o sus vicepresidentes.
La fiscalía pidió el 19 de junio pasado la pena de muerte para Saddam Hussein y dos de sus coacusados, Barzan Al Tikriti, su medio hermano y ex jefe de los servicios de información, y el ex vicepresidente Taha Yassin Ramadan, por la muerte de 148 chiitas.
Los estatutos precisan que ninguna autoridad, ni siquiera el presidente puede utilizar el derecho de gracia, ni conmutar las penas pronunciadas por el tribunal.
Los condenados a muerte son ahorcados si son civiles y fusilados si son militares.
En julio, Saddam Hussein dijo que prefiere esta última solución.
"Saddam era militar y en caso de que sea condenado a muerte, deberá ser ejecutado con arma de fuego y no ahorcado", dijo el propio Hussein hablando en tercera persona.