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Edición del DOMINGO 5 de Noviembre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Por un Galápagos sin miedos
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El malecón en Puerto Ayora.
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Paula Tagle | nalutagle@yahoo.com

Elegimos vivir en estas islas, con el ánimo de establecer una sociedad, tal vez no perfecta, pero distinta al resto del mundo.

Es domingo, día de familia, de hogar, de compartir cosas buenas con los seres cercanos, un almuerzo, por ejemplo. Van llegando los conocidos con sus hijos e hijas, cargados de preparados diversos que en conjunto arman un festín al paladar. Hay una chica que nunca viene. ¿Qué ha pasado? No se atreve a salir de casa, hace varias noches un tipo entró con la cabeza cubierta a robarle, o tal vez, a algo más. Tenía un cuchillo muy largo, pero ella gritó, pataleó y supo defenderse. Luego llegó la policía.

Así empiezan los comentarios de estas personas que escogieron vivir en Puerto Ayora hace años, o que toda la vida estuvieron aquí, como sus padres, abuelos y ahora sus hijos. A una amiga se le llevaron la casa de a poco. Aprovechando que pasa embarcada gran parte del tiempo por su trabajo de guía naturalista, se le robaban las pequeñas cosas, para que pareciera extravío, hasta que semanas atrás simplemente cargaron con todo. Sus cuadros, su ropa,  sus muebles y su flauta traversa que conservaba desde que era una niña. ¿Qué ha pasado en este pequeño refugio del mundo que era Puerto Ayora? Cómo se pueden llevar las pertenencias de alguien que vive apartado del pueblo si no es en un taxi, ya que no existen muchos carros privados en la isla. Algún conductor debe estar involucrado. Y a todos se los conoce, no debería tomar mucho tiempo descubrir culpables o sospechosos.

¿Quiénes son los que roban? ¿Por qué lo hacen? No podemos justificar el robo en estas islas por altos índices de miseria, porque no hay. ¿Entonces, qué ocurre?

Pienso mucho en ello. Me dice un amigo: "Aquí se roba porque es posible hacerlo". Pero debe haber otros factores. ¿Serán jóvenes que necesitan dinero fácil? ¿Aburridos sin pasatiempos sanos, porque distracciones tampoco hay muchas para la juventud de Galápagos? ¿Serán bandas organizadas del continente? Y mientras charlamos tristes de lo que acontece escuchamos ruidos fuera de la casa. A plena luz del día y con mucha gente reunida, se estaban llevando los tachos de basura de la residencia en que nos hallábamos. Estos recipientes, comprados al Municipio, ya  los habían  embarcado en un taxi. Un robo desfachatado, y por pocos dólares que es lo que se puede obtener por un contenedor de basura.

Esto colmó a los presentes y en ese instante se decidió organizar una manifestación pacífica para pedir seguridad en Galápagos.

La marcha cívica se dio el martes 17 de octubre. Salieron los agravados y simpatizantes desde el mercado de Puerto Ayora, caminaron por la calle principal con pancartas que decían cosas como: "Queremos vivir en paz". "Queremos seguridad para nuestras familias". "No a las violaciones".

Llegaron al Cabildo, luego al recinto policial, donde una pequeña delegación de manifestantes, junto con periodistas de radio y televisión, fue recibida por el mayor Luis Riofrío.

El oficial, muy amable, expuso que existen muchas deficiencias en Puerto Ayora, no hay centros de retención para menores, la cárcel está en el área urbana, no hay denuncias suficientes, los presos salen libres inmediatamente por intervención de otras autoridades, nadie cree en el sistema.

¿Entonces, cuál es la solución? Mientras reflexiono, recuerdo las citas de Eduardo Galeano en su libro Patas arriba: "Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Los problemas sociales se han reducido a problemas policiales".

Yo no quisiera eso para Galápagos, que nos volvamos esclavos de la seguridad y vivamos con miedo constante. Como Galeano dice en ese mismo libro: "El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada y del control social. En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad".

No, lo que queremos es justicia. Elegimos vivir en estas islas (que es un privilegio), no solo por el ideal de comunión con la naturaleza sino con el ánimo de establecer una sociedad, tal vez no perfecta, pero distinta al resto del mundo. O, al menos, esto es lo que yo aspiro. No tener que contar con mayor número de policías, más bien que la policía sea efectiva y que las leyes también lo sean. Que los ciudadanos confíen en que sus denuncias serán escuchadas y que se buscarán soluciones. Una sociedad donde los jóvenes no se aburran, no busquen dinero fácil para actividades poco constructivas.

¿Cómo se logra esto? Con las mínimas palabras de este artículo ciertamente que no, pero con gente que camine por las calles, se manifieste, cuente, comparta y busque soluciones, seguro que sí.

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