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Ojo a las artes escénicas

Gran montaje de una ópera épica de libertadores

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QUITO.- Vanessa Lamar y Marlon Valverde protagonizan la ópera Manuela y Bolívar, que se estrenó la noche del lunes en el Teatro Sucre.
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Noviembre 15, 2006

César Ricaurte | QUITO

No muchas veces se puede asistir a una premier mundial en nuestro país y menos aún de una ópera. La ocasión única (hasta aquí) fue el lunes con el estreno de Manuela y Bolívar. Amor y muerte de los libertadores, obra de Diego Luzuriaga. Pero ¿se estuvo a la altura?

El montaje de la obra es excelente en todo sentido, la escenografía está bien diseñada, la iluminación coopera en la creación de las atmósferas, el vestuario es impecable, la música en muchos pasajes es realmente hermosa, en otros épica y en algunos  llega a ser divertida. En tanto, la orquesta cumple impecablemente.

Con todas esas virtudes, Manuela y Bolívar tiene ciertos desbalances, sin llegar a ponerla en riesgo. Así, hay pasajes de gran intensidad operística, que no son acompañados en el registro actoral y a la inversa. No obstante, en las escenas más épicas de la obra, la brecha no es tan notoria. Tanto líricamente como en lo actoral, el elenco de esta premier, encabezado por Vanessa Lamar y Marlon Valverde, cumple, pero sin ninguna dosis de virtuosismo para destacar.

Musicalmente, Manuela y Bolívar es una ópera bien hilvanada y que es latinoamericana y ecuatoriana sin que recurra a folclorismos ni a frívolos adornos sonoros. Se nota la madurez de Diego Luzuriaga como músico.

En lo narrativo, Manuela y Bolívar recorre en dos horas y media (dividida en dos partes) el clima independentista y de conformación de las jóvenes repúblicas bolivarianas donde la euforia festiva da paso al fragor de la batalla y luego a la intriga política. En este ambiente, Manuela y Bolívar son los personajes centrales de la ópera, pero su pasión amorosa pasa muy débilmente por el escenario.

Hay una escena que lo retrata. Manuela Sáenz llega desterrada del Perú a ver a un Bolívar seriamente enfermo de tuberculosis. Una pareja que vive un gran amor se encontraría con caricias y ternura. ¿Qué sucede en escena? Manuela entra gritando que Santander es el enemigo de Bolívar y que se cuide del político, como le advirtió ya. El asunto llega al punto en que son más intensas las muestras de amistad entre la heroína y Sucre que las amorosas entre los libertadores.

Manuela y Bolívar, la ópera de Diego Luzuriaga, es más de ambiente (épica) que de personajes (dramática o trágica). ¿La descalifica eso? Para nada. Sin embargo, si se quiere encontrar la historia de esa gran pasión amorosa entre dos grandes de la Historia habrá que seguir buscando.


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