Eran las nueve de la noche del 31 de octubre y una multitud de fiesteros de primera categoría y los fotógrafos que los adoran ya se encontraban dentro del club Bungalow 8 para una fiesta de Halloween.
Fabiola Beracasa, sexy y voluble mujer de alta sociedad, nacida en Venezuela e hija de Veronica Hearst, viuda del multimillonario Randolph A. Hearst, pasó por los cordones de terciopelo vestida como una Medusa centellante.
Cuando los fotógrafos entraron en acción, Beracasa adoptó de buena gana una variedad de poses. Caminó entre la multitud con pasos sinuosos para conversar con su amiga Tinsley Mortimer, otra joven muy fotografiada amante de la vida social.
Tantas fiestas y tantas fotos. Al oír la versión de la ola más reciente de las mujeres de alta sociedad, la rutina sistemática de salir cada noche es cada vez más una plataforma para crear un negocio.
Mujeres como Beracasa (directora creativa de una compañía de joyería de herencia), Mortimer (diseñadora de su propia línea de carteras) y muchas más actualmente exploran un nuevo ámbito de las mujeres de alta sociedad, uno en el que sus nombres se convierten en una marca.
Están creando compañías que podrán algún día proporcionarles fondos para cuando la fortuna heredada se acabe o el matrimonio de Palm Beach se termine o, simplemente, como una manera de realizarse en lo personal. “La idea es convertir todo esto en algo”, indicó Beracasa.
El modelo a seguir de la mujer de alta sociedad que crea su propia marca es Tory Burch, de 40 años, que desarrolló una línea de ropa deportiva y accesorios para formar un mini imperio, actualmente con cinco tiendas, en poco más de dos años. Y eso a pesar del colapso de su matrimonio con Christopher Burch, capitalista de riesgo quien inicialmente ayudó a financiar su marca.
Otras participantes incluyen a Celerie Kemble, diseñadora de interiores que se casó con un administrador de fondos en 2005, y actualmente arma una línea de muebles; Lucy Sykes, ex editora de moda cuya colección Lucy Sykes New York se vende en Barneys y Saks Fifth Avenue; y Nicole Young, ex publicista quien tiene una línea de vestidos.
“Todas mis clientes me enviaban vestidos y me decían: ‘Ponte esto cuando salgas. Es el mejor tipo de publicidad’”, dijo Young. “Durante todos estos años, la gente ha aprovechado mi visibilidad para su propio beneficio. ¿Por qué no podría yo sacarle provecho?”.
Dados sus antecedentes, ¿por qué mujeres de alta sociedad como Beracasa, de 30 años, ahora se toman la molestia de trabajar? “La vida puede ser muy insípida si lo tienes todo”, dijo. Cuando ella tenía veintitantos años, se contentaba con viajar e ir de compras de tiempo completo, pero con el tiempo pierde la novedad.
“Creo que una adulta puede comprender que necesitas lograr cosas en la vida para sentirte bien respecto a ti misma”, expresó.