En abril, dos meses antes de cumplir 39 años, Stacy Jargowsky decidió aprender a andar en bicicleta. Así que pagó nueve mil dólares por una bicicleta hecha a la medida, de color plata anodizada, llamada Guru. “Si sólo puedo tener una, pienso que debe ser la mejor”, dijo. Estaba hecha de titanio, que es tan genial como se oye.
Unos meses después, Jargowsky gastó otros diez mil dólares en otra bicicleta hecha a la medida.
“Se vuelven como mascotas”, dijo. “Cuando tienes una, quieres conseguir otra”. Esta vez compró una Cervelo, hecha de fibra de carbono. Es negra. El carbono, de acuerdo a mucha gente de la comunidad aficionada a los equipos deportivos, es todavía más genial que el titanio.
El hecho de que Jargowsky haya gastado el equivalente a unos cuantos años de colegiatura en una universidad estadounidense respetable, en comprar dos bicicletas, cuando apenas sabía usarlas, podría parecerle a algunas personas —seamos sinceros— completamente absurdo.
Por otro lado, es seguro decir que la gente que levanta la ceja ante las Gurus de titanio, y los hombres y mujeres que las aman como si fueran mascotas, no han puesto atención a lo que sucede en el sector más exclusivo del mercado de las bicicletas de Nueva York.
“Uno va a Central Park y ve todas esas bicicletas caras hechas a la orden y ya no son sólo para los ciclistas fanáticos”, comentó Noah Budnick, subdirector de Transportation Alternatives, grupo sin fines de lucro que cabildea en pro de leyes favorables para los ciclistas en Nueva York. “Ahora hay tipos corporativos. Me gusta decir que andar en bicicleta es el nuevo golf”.
En todo Estados Unidos, la demanda de bicicletas hechas a pedido es más alta que nunca. “Las ventas de bicicletas a la medida están a la alza y no nos acercamos aún al punto de saturación”, afirmó Megan Tompkins, editora de Bicycle Retailer and Industry News, revista de la industria.
Las siete victorias de Lance Armstrong en el Tour de Francia son una explicación de por qué la bicicleta de ruta ha recobrado la popularidad.
Otra razón: el ciclismo ha sido adoptado como una alternativa de bajo impacto y aeróbicamente exigente a los deportes que desgastan los cartílagos, como el básquetbol y el tenis. El crecimiento explosivo de los triatlones, cuyos participantes necesitan bicicletas que tengan un buen desempeño a largas distancias, ha creado decenas de miles de compradores más desde 2000. Y por último, a los ricos les gusta comprar cosas de moda.
Las personas que compran bicicletas en las tiendas de bicicletas a la medida primero son sometidas a un interrogatorio que se asemeja más a un proceso de adopción que a la compra de una bicicleta.
¿Qué esperanzas tiene para su nueva bicicleta? ¿Cuáles son sus sueños? Después de la entrevista, hay medidas que tomar. Una evaluación puede durar entre una y cinco horas, y puede incluir un análisis computarizado de pedaleo, pruebas de rango de movimiento y plantillas diseñadas individualmente para zapatos de ciclismo (todo por entre 200 y 375 dólares).
La bicicleta más barata hecha a la orden en Manhattan cuesta alrededor de 1.600 dólares (una bicicleta de ruta de aluminio de una sola velocidad) y la más cara, 23 mil dólares (una bicicleta de fibra de carbono para pruebas cronometradas viene con llantas alemanas hechas a mano de 5.500 dólares el juego).