Federico González Suárez. Identidad como país. Estudio incansable. Amigos que debaten. Bibliotecas. Archivos. Mitos que se desmoronan. Ideas que se levantan. Sacrificio personal. Conocimientos. Satisfacción por el pasado. Mejor visión del presente.
Esas pocas palabras presentan un resumen apresurado de los inicios y propósitos de la Academia Nacional de Historia, entidad fundada en Quito el 24 de julio de 1909 por Federico González Suárez con el nombre de Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, denominación que en 1920 fue reemplazada por la que actualmente se conoce. El historiador quiteño fue el líder de hombres ilustres que conformaron la energía vital de esta entidad, como Luis Felipe Borja, Alfredo Flores Caamaño, Cristóbal Gangotena, Jacinto Jijón y Caamaño, Carlos Manuel Larrea, Aníbal Viteri Lafronte, Juan León Mera Iturralde (hijo del insigne poeta ambateño) y José Gabriel Navarro, todos de pensamiento conservador aunque con el tiempo la Academia también le brindó espacio a intelectuales de tendencias liberales y comunistas.
Esta "democratización" de la Academia le permitió albergar a todo tipo de hombres prodigiosos sin importar su tendencia ideolológica, como Honorato Vásquez, Aurelio Espinosa Pólit, Óscar Efrén Reyes, Remigio Crespo Toral, Luis Robalino Dávila y Alfonso Rumazo González. Y entre los guayaquileños destacamos a José Gabriel Pino Roca, Camilo Destruge, Antonio Bermeo, Francisco Huerta Rendón, Miguel Aspiazu Carbo, Carlos Cevallos Menéndez, Emilio Estrada Icaza, Abel Romeo Castillo, Jorge Pérez Concha, Alfredo Pareja Diezcanseco y Elías Muñoz Dávila, entre otros. Como anécdota tenemos que Julio Estrada Icaza y Wilfredo Loor Moreira, a pesar de ser nombrados, no pudieron incorporarse porque fallecieron antes de hacerlo.
Investigación y sacrificio
La búsqueda de la verdad a través de la investigación profunda ha sido el fin último de los historiadores de la Academia, destaca Benjamín Rosales, director del Capítulo Guayaquil de esta entidad, la cual fue creada el 7 de julio del 2003 gracias a que la renovación de los estatutos en el 2002 permitió la conformación de capítulos locales en una ciudad o provincia del país con el propósito de intensificar los estudios en ese territorio.
Rosales menciona que los últimos directores de la sede nacional de la Academia, Jorge Salvador Lara, Plutarco Naranjo y, en la actualidad, Manuel de Guzmán Polanco, han impulsado el crecimiento de la institución en el país, afianzándola como centro del debate de la historia del Ecuador en temas que pueden tornarse casi viscerales (como si Gabriel García Moreno fue santo o demonio) y otros que afianzan la identidad de una ciudad o región: el más reciente es el análisis sobre si Guayaquil fue fundada el 25 de julio de 1537 (según se creyó durante muchos años) o el 15 de agosto de 1534, tras lo cual sufrió una serie de reasentamientos debido a los ataques de los nativos.
Perfil del historiador
Toda sociedad requiere de hombres y mujeres interesados en escarbar en archivos y bibliotecas para abordar estos temas que en ocasiones son estudiados de manera ligera en las escuelas y colegios. "Los jóvenes a menudo crecen con una visión muy pobre de nuestro pasado debido a deficiencias de los educadores y del sistema de estudios", indica Rosales, quien se considera un gran interesado en la historia limítrofe del Ecuador.
Rosales señala que el historiador es una persona apasionada por la lectura y el conocimiento, además de "que realmente debe gustarle esta actividad, porque no es remunerada y requiere de sacrificios". Carlos Calderón Chico, secretario de la entidad, señala que también debe ser un buen analista, tener acceso a diversas fuentes de información y siempre estar actualizado (la internet ayuda bastante en la actualidad).
"Debemos investigar más, estudiar más, necesitamos más investigadores que se interesen en nuestro pasado", dice Rosales, directivo de este Capítulo que tiene 3 años dictando conferencias, realizando homenajes a personajes ilustres y apoyando la publicación de numerosos estudios efectuados por sus miembros u otros expertos.
"Nuestro objetivo es apoyar el estudio de la historia del país, porque aún desconocemos mucho de ella", indica Rosales sobre esta actividad que en ocasiones no es vista como una profesión formal, pero que se mantiene como una labor seria y urgente que en el Ecuador sigue amparándose en las palabras que dijo Federico González Suárez para inspirar a los primeros académicos: "Como la verdad es el alma de la Historia, buscad la verdad, investigad la verdad; y cuando la encontréis, narradla con valor. La historia tiene una majestad augusta; la lisonja la envilece, la mentira la afrenta; solo la verdad le da vida".
Informes: anhguayaquil@ecutel.net.