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Edición del DOMINGO 19 de Noviembre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los niños especiales
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Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

La ansiedad que nos produce una persona en estas circunstancias se debe, por lo general, a que nos recuerda lo vulnerables que somos todos a que algo similar nos pueda ocurrir”.

Pocos son los padres que no se han sentido avergonzados porque su hijo se queda mirando aterrado a una persona con algún defecto o discapacidad evidente, y le hace alguna pregunta indiscreta sobre su condición.  Por lo general, no sabemos qué decir y lo único que se nos ocurre es reprenderlo y ofrecer disculpas a nombre suyo. Pero los niños, más que crueles, son ante todo muy curiosos además de honestos. Sus expresiones, por lo general, se deben a su deseo incauto de comprender por qué son distintos.

La mayoría de los padres reaccionamos como resultado de lo incómodos que nos sentimos nosotros mismos frente a las personas lisiadas o con alguna deformidad, porque en nuestra infancia también se nos reprendía si las observábamos detenidamente o les preguntábamos algo.

Lo grave es que con esta reacción les decimos a los niños que las discapacidades son algo tan terrible que no se pueden mirar ni preguntar nada al respecto.

Aprenden con ello que a las personas lisiadas hay que ignorarlas, lo cual es aún más cruel porque les estamos enseñando a que las discriminen y las vean como seres de los que hay que apartarse.

Por esto, el mejor momento para aclarar cualquier duda que tengan los niños frente a otro menor o adulto con una discapacidad es cuando preguntan sobre ello, animándolos a que se la hagan directamente a ella, si es posible que les responda.

Debido a que los niños no tienen prejuicios al respecto y desconocen todas las implicaciones que puede traer la incapacidad, sus cuestionamientos son más desprevenidos y sin las degradantes expresiones de lástima que pueden contener las de los adultos.

Ignorar o evitar sus preguntas para no lastimar al discapacitado y pretender que la incapacidad o deformidad no existe es deshonesto y les enseña a los menores a fingir lo que no están sintiendo.

Cómo prepararlos
Para ayudar a los niños a aceptar a quienes tienen algún defecto o limitación es importante trabajar nuestros propios temores y aprehensiones. Se afirma que la ansiedad que nos produce una persona en estas circunstancias se debe, por lo general, a que nos recuerda lo vulnerables que somos todos a que algo similar nos pueda ocurrir.

Para evitar que los niños se sientan muy ansiosos y lo expresen en forma indebida, cuando sabemos que van a conocer a una persona con limitaciones o defectos físicos que pueda impresionarlos es una buena idea explicárselos por anticipado, aclarándoles que las discapacidades no son un castigo y que nadie tiene la culpa de estas.

También es fundamental aclararles la diferencia entre discapacidad y enfermedad para que sepan que la una no es resultado de la otra, y que además las discapacidades no son contagiosas.

Son personas especiales
Quizás lo que más determina la actitud que tengan nuestros hijos frente a personas con cualquier tipo de deformación, lesión o discapacidad, será la importancia que sus padres le den a la apariencia física y capacidad intelectual de las personas.

Cuando desde muy pequeños los niños se dan cuenta que lo valioso en su familia no es lo mucho que puedan hacer, lo bien que puedan lucir o lo rápido que puedan aprender, sino las virtudes que demuestren como seres humanos, cualquier limitación física será menos relevante y dolorosa.

Los ‘niños especiales’, como acertadamente se les denomina ahora, son ante todo personas muy especiales y un ejemplo valioso para quienes les rodean. Las limitaciones, lejos de ser solo una desventura, pueden ser una opción para llevarnos a ser mejores personas.

En efecto, la mayoría de los personajes que han sobresalido en la vida por su calidad humana, lo han logrado gracias a la perseverancia y esfuerzo con que han luchado, y las discapacidades son una escuela muy buena para desarrollar tales cualidades.

De tal manera que está en nuestras manos ayudar a los niños a comprender que las personas discapacitadas solo tienen un impedimento físico o quizás intelectual, pero que su corazón no está lesionado ni su alma está inválida. Y pueden ser por ello seres humanos muy valiosos porque la valentía y la entereza que les exige vivir con una discapacidad suele hacer de ellos seres muy especiales en todo sentido.


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