Los padres deben considerar la opinión del hijo a la hora de seleccionar el sitio donde estudiará la primaria para que sea feliz.
Ver feliz a un niño en su escuela dice mucho. Es ver que se supera cada día, no solo como ser humano, sino como alguien que adquiere conocimientos. Es un ser que no teme participar en clases aunque se exponga a las críticas de compañeros o los padres de familia en un acto cívico o recreativo.
Pero no todos se comportan así. En cualquier centro educativo siempre habrá algún niño que no se sienta seguro, que sea muy tímido, que no lo hayan preparado para enfrentarse a críticas o no puede desenvolverse eficientemente porque padece algún problema de aprendizaje.
La mayoría de los padres siempre quieren elegir la mejor escuela para sus hijos. Una que sea bilingüe o trilingüe, que esté muy bien equipada con los últimos programas de computación o que tenga el espacio suficiente para que pueda jugar, hacer deporte o divertirse con sus compañeros, entre otros.
Sin embargo, en algunos casos, a pesar de matricularlo, hay algo que no está bien, pues el niño no se siente contento. Es alguien que no quiere levantarse para ir a clases y que a la hora de hacer los deberes los rechaza como si fuera el peor castigo que le impone su maestra.
La escuela para un niño debe ser su segundo hogar, donde lo traten con cariño, atención, respeto, consideración y pueda disfrutar de su estancia aprendiendo. Según Amparito Zambrano, licenciada en Ciencias de la Educación del centro infantil Golositos-Nicolás Zambrano, esa atención le da seguridad al pequeño y hará que ame estudiar. "Al principio les cuesta adaptarse, pero luego lo logran. El tiempo que les lleve hacerlo depende de la madurez y cómo sus padres lo motiven en casa", agrega.
Incluso es el sitio donde el niño va a explorar nuevas experiencias relacionadas con el sistema de aprendizaje y el aspecto social, porque va a convivir con otros compañeros que no conocía. Por eso, a la gran mayoría de alumnos que acuden por primera vez a una institución educativa les cuesta adaptarse, porque sienten temor. No saben lo que va a suceder o descubrir.
"La maestra en ese momento debe estar preparada para saber recibir a sus alumnos, con distintos caracteres, porque no sabe cómo van a reaccionar. Es saber cuándo a uno de ellos le va a dar una pataleta, se va a prender de la falda de su mamá, no quiere quedarse, va a vomitar, morder, se desmaya o se le baja la presión", dice Jamel Cañizares Banguera, licenciada en Ciencias de la Educación del colegio Nuevo Mundo.
Elegir juntos
Para Cañizares, la elección de una institución primaria le corresponde a los padres, pero indudablemente con el consentimiento del hijo. Primero, porque los progenitores siempre buscan la seguridad para su hijo y el nivel académico que esté acorde con su presupuesto; segundo, a los niños porque tienen que agradarles el lugar; generalmente observan si la escuela tiene espacio para jugar o hacer actividades extracurriculares.
Por lo tanto, es recomendable que padres e hijos visiten el sitio, para que los directivos hagan un recorrido por las instalaciones. Así podrán conocer cómo es el servicio de transporte y cómo los maestros imparten las clases. De esta manera él sabrá si le agrada o no la escuela.
Según Zambrano, los niños siempre tienen tendencia a escoger la institución donde se sientan afines con su casa. Normalmente dicen no me gusta aquí, pero esa sí; y si los padres son los que eligen la escuela a pesar de que al niño no le agrada habrá problemas. Aquí nuevamente el rol de la maestra es vital. Ella tendrá que ir de a poco adaptándolo. ¿De qué manera? Hacerse su amiga, jugar con él o darle páginas para pintar con crayolas o témperas para que exprese cómo se siente. También se le pregunta qué le gustaría hacer en ese momento, si quiere seguir pintando o ir al parque donde están los juegos. Esto es para ganarse la confianza.
"En los niños muy pequeños es más fácil que se adapten a los ambientes, pero es distinto en los más grandes porque ellos aspiran a que respeten sus gustos", agrega.
Cuando son obligados
Si el niño es forzado a acudir a una escuela porque sus padres tuvieron que cambiarse de casa o de ciudad, el maestro tiene que buscar estrategias para ganarse al chico, según Cañizares. Una forma es darle un espacio en donde se le pregunte qué no le agrada del sitio. Si la institución cuenta con varios paralelos de su mismo nivel se le consulta a cuál le gustaría ir para ubicarlo. También se investiga cuál es la necesidad que tiene para tratar de satisfacerla.
El psicólogo clínico Wilson Betancourt, director del Centro Privado de Atención Psicológica (Ceprivap), sugiere a los padres que los cambios no se realicen de un día para otro sino con tiempo, para investigar en la nueva ciudad o barrio los diferentes planteles que hay para junto con el hijo visitarlos. El progenitor deberá indagar si en estos no solo se preocupan de elevar el nivel académico, sino en desarrollar las habilidades emocionales como, por ejemplo, aumentar la autoestima, comunicación, empatía, automotivación, autoconocimiento y autoevaluación. Estos conceptos han sido popularizados a nivel mundial por Daniel Goleman, psicólogo y creador de la tesis de inteligencia emocional.
Cuando los chicos son parte de la decisión a la hora de elegir la escuela tienden a sentirse más comprometidos, mejor adaptados. Esto permite que se desenvuelvan con mayor normalidad en esta nueva experiencia. Pero cuando no son parte de la decisión y simplemente tienen que ir a una escuela obligados, el departamento de orientación de la institución, los profesores y sus padres deben ayudarlos a adaptarse.
Decisiones
Si a pesar de esta ayuda no hay variación en el alumno, Betancourt sugiere buscar otro centro educativo y, en esta ocasión, permitir que el chico sea parte de la elección para que sea feliz. De no ser así, el niño no tendrá motivación para estudiar, hará la tarea de mala gana y podría presentar síntomas de depresión, agresividad o siempre estará a la defensiva. Incluso le bajará el apetito, lucirá triste o enojado y peleará constantemente con sus hermanos o padres.
Además es importante saber que los ambientes influyen en las personas y no todos reaccionan igual. Habrá niños que se sienten bien acudiendo a escuelas grandes donde hay mucho espacio abierto con vegetación, mientras que otros se sienten cómodos y seguros en lugares pequeños. Incluso habrá quienes prefieran las escuelas mixtas o aquellas de su mismo sexo. Esto tiene que ver mucho con la personalidad de cada ser, razón suficiente para comprenderlos.
Cañizares también indica que hay que considerar el cambio de una escuela particular a una fiscal, porque es muy duro. Los niños llegan a otra realidad empezando por la cantidad de estudiantes por aula. Podría experimentar un sinnúmero de dificultades, no precisamente de aprendizaje, sino de adaptación, porque no compartiría con el mismo grupo social, Sin embargo, también hay que ver el lado positivo, podría conocer la realidad de ellos y que a pesar de eso quieren compartir con él.
Todas esas circunstancias, dicen los profesionales entrevistados, deben analizar los padres. Pero lo más importante es buscar con el niño un sitio donde se sienta cómodo aprendiendo, que le ayuden a elevar su autoestima y sepan comprender sus limitaciones en el aprendizaje porque todo niño puede superarse.