La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 19 de Noviembre del 2006 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    El Tema
    El especialista
    Piqueo de la semana
    Creciendo
    Interfaz
    Gente de cine
    Moda
    Destino
    Vivienda
    Gastronomía
    Libros
    Historia
    Orientación
    Salud
    Desde las encantadas
    Arte
    BBC Mundo
    Cocina de Patricia
El Tema 
Justo en el blanco
ampliar imagen ampliar imagen

Imprimir esta noticia
Relacionados
Menos palabras

La redacción no siempre nos permite acertar al primer disparo, por ello resulta urgente autocorregirnos para evitar errores y omisiones que pueden marcar la diferencia entre una alabanza y una reprimenda.

Imagínese rindiendo un examen importante con libro abierto y que al concluir el tiempo reglamentario alguien le sople las respuestas de todas las preguntas. O qué tal le parecería participar en un concurso de tiro al blanco en el que después de haber realizado el lanzamiento le permitan acercarse al objetivo, sacar el dardo y clavarlo a golpe de martillo exactamente en el círculo central para ganar el puntaje máximo.

Pues bien, cualquier persona interesada en el correcto uso del idioma muy bien puede enfrentarse a situaciones similares cada vez que redacte un texto por escrito. ¿En qué momento ocurre tanta maravilla? Cada vez que el redactor realice el simple ejercicio de la autoedición o autocorrección de sus escritos, con lo cual puede detectar y eliminar los errores que se le pudieron haber colado por alguna puerta falsa durante la elaboración de esas palabras, oraciones y párrafos que tienen la particular habilidad de hacer sufrir tanto a estudiantes escolares, colegiales y universitarios, como a profesionales, ejecutivos, secretarias, académicos y periodistas.

Sin embargo, no es difícil encontrar personas que prefieren desaprovechar los beneficios de la autocorrección y optan por presentar textos (en el colegio, el trabajo o entre amigos vía correo electrónico) mostrando deficiencias que bien pueden corregirse con una, dos o tres releídas a la hoja de papel. Las excusas para tomar esta actitud son varias: “lo importante es que (el texto) se entienda”, “no soporto la ortografía”, “la idea está clara”, “la redacción es cosa de secretarias o escritores”; sin embargo, el real motivo es, en la mayoría de los casos, poco interés en pulir su comunicación escrita.

Y para colaborar en este propósito presentamos algunas recomendaciones que solo pretenden brindar unas pocas luces (quizás de velitas) para aquellos que encuentran en la autocorrección un camino adecuado –y urgente– para mejorar la calidad de sus trabajos sobre la hoja de papel.

1. Las primeras revisiones pueden realizarse en la pantalla del computador, pero la autocorrección final preferiblemente debe hacerse en el trabajo impreso. En la lectura el redactor debe asegurarse de que todas las ideas estén claras y organizadas en párrafos independientes. Evite párrafos demasiado largos porque dificultan el entendimiento y agotan al lector.

2. Las ideas claras dependen mucho del buen uso de la puntuación. Aunque la variedad de los signos es amplia, los más utilizados son la coma, el punto y seguido, y el punto final. Quien aprenda a dominarlos casi tendrá ganada la batalla. Los errores más comunes en este aspecto son obviar las comas que indican las pausas del enunciado y poner coma en lugar del punto y seguido al final de una oración. Ejemplo: Todos mis amigos salieron al recreo, yo me quedé estudiando para la lección. Esa coma (,) debería reemplazarse por el punto y seguido.

3. No le tengamos miedo a las tildes. Los diccionarios y opciones de autocorrección de las computadoras ayudan mucho a colocar los acentos ortográficos adecuados; sin embargo, esto no implica que la tecnología reemplace el estudio de sus reglas básicas. Además, hay tildes que la computadora no detecta. Por ejemplo, en el “sí” de afirmación (sí estudiaré), porque lo confunde con el si de condicional (si estudias, pasarás de año). De igual manera el computador ayuda a detectar el mal uso de letras como la g, j, b, v, s o z. Pero quien no sepa manejarlas sin asistencia siempre correrá el riesgo de quedar como ignorante cuando no tenga un computador a mano.

4. Utilizar adecuadamente los verbos en condicional. Los tres principales casos son: “Si tomo mis vacaciones, me iré a Galápagos” (el tipo está segurísimo de esa opción); “Si invitara a mi novia, me divertiría más” (es solo una posibilidad); y, en el caso de que el viaje a Galápagos fue un chasco, “Si me hubiera ido a Cuenca, la habría pasado mejor”. Los errores más comunes se presentan en los condicionales uno y dos, por ello escribimos equivocadamente, por ejemplo, “Si su padre viene a visitarlo, sería imperdonable que no lo atienda”. ¿Detectó el error? ¿No? ¿Sí? Lo correcto sería: “Si su padre viniera a visitarlo, sería imperdonable...” o “Si su padre viene a visitarlo, será imperdonable...”. ¿Acertó? Bueno, si no fue así, lo perdonamos por esta ocasión.

5. Verificar que las oraciones estén armadas con la estructura de sujeto + verbo + predicado. ¿Suena a una recomendación muy obvia? Pues no es tan así. La mala costumbre que tenemos de escribir como hablamos nos invita a cometer errores tan imperceptibles como este: “Me visitó Miguel y no supe qué decirle” (así nos expresamos a menudo). Lo correcto: “Miguel me visitó y no supe qué decirle”. En este caso será mejor escribirle una cartita a Miguel, pero antes de enviársela habrá que corregirla adecuadamente. (M.P.)

Fuentes: Defensa apasionada del idioma español, de Álex Grijelmo; y Cómo escribir bien, de Hernán Rodríguez Castello.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados