¿Cómo se explica que uno de cada tres niños fracase en la escuela? ¿Es culpa del niño? ¿Quizá es que es menos inteligente que sus compañeros?
La mayor parte de los fracasos se debe a que hay niños que tienen una pequeña disfunción por inmadurez del sistema nervioso central. Un problema que podría ser corregido si padres, profesores y autoridades no siguieran ignorándolo.
Al menos una tercera parte de ellos fracasa, es decir, no consiguen aprobar los cursos, no logran alcanzar las metas asignadas para su nivel de edad, formarse y pasar hasta el último nivel educativo escolar. El fracaso escolar se repite año tras año desde hace mucho tiempo.
Si se les pregunta a los alumnos el porqué de su fracaso suelen responder simplemente que les cuesta mucho hacer bien algunas de las tareas que se les exigen. En cambio, si preguntamos a los que les tienen a su cargo lo que dicen es que son distraídos, vagos, inconstantes, niños que no prestan atención a lo que hacen.
Sin embargo, todos sabemos que no hay niños vagos; un niño es el ser más inquisitivo y curioso que existe, capaz de cualquier cosa para procurarse información y explicación de todo lo que tiene alrededor. Solo cuando no está sano o tiene dificultades biológicas es cuando se “apaga” esta actividad desbordante y arrolladora.
Cuando se examinan los informes periódicos realizados por equipos profesionales que han evaluado procesos de este tipo, se observa que el fracaso no ha sido un hecho puntual e inadvertido sino todo lo contrario. Es más, lo común es que se haya hecho pasar al niño por un vía crucis casi público.
Esos informes suelen aseverar que el niño tiene problemas de lectura y comprensión , que es lento a la hora de captar el lenguaje oral , que le falta concentración , que su nivel de atención es inconstante e insuficiente , que no está conectado en tiempo real a lo que sucede, que no es maduro para entender lo que pasa a su alrededor, que no es capaz de mantener una postura adecuada , que es desordenado, “vago”... Pero nunca explican la causa de esos comportamientos ni, por tanto, ofrecen un tratamiento dirigido a resolver el problema en sus orígenes.
La verdadera causa del fracaso
Hoy se puede comprobar científicamente que en muchos de esos niños las funciones cerebrales que debieran ser capaces de realizar con cada uno de sus órganos sensores no están neurológicamente maduras, por lo que algunas o todas de las funciones musculares complejas no están bien desarrolladas como los movimientos oculo-motores, el desplazamiento, la manualidad o la función ventilatoria asociada al lenguaje.
Está constatado que en muchos casos los niños presentan unas mínimas disfunciones debido a que el sistema nervioso central no se ha desarrollado plenamente. Disfunciones ligeras, eso sí, pero que si no son corregidas pueden conducir al niño al fracaso escolar.
Son formas de percibir por el cerebro las cosas de manera ligeramente diferente a como son en realidad y como las capta sus órganos sensoriales, por lo que no son entendidas correctamente. Es algo que sume al niño en una evidente confusión y de ahí su lentitud, sus desorganizadas respuestas y el tremendo esfuerzo que le supone comprender las cosas. Así que lo que hace es ir abandonando las tareas que le requieren mayor esfuerzo y desgaste, de todo aquello que precisa de la participación de varios sentidos y de una coordinación muscular compleja.
En esas circunstancias al niño –o incluso adulto- no le gusta leer por el esfuerzo que le supone y lo infructuoso del resultado con lo que las actividades escolares que requieran de esta tarea se verán afectadas y el retraso se incrementará aun cuando vaya desarrollando sistemas compensatorios, “muletas” que maquillan su incapacidad.
¿Hay algo que se pueda hacer para resolver el problema?
Es posible, con una metodología analítica, encontrar aquellos niveles de organización cerebral en los que hay una deficiente, o incluso casi inexistente, red neuronal. Las herramientas para recuperar al niño son simples programas terapéuticos domésticos con los que poco a poco se logra una completa reorganización neuronal.
Estos programas se llevan a cabo en casa y son los padres quienes los ponen en práctica.
Es algo tan simple como restaurar el ritmo y la organización neurológica que, por una razón u otra, se vio afectada en un momento determinado del desarrollo del niño durante su crecimiento.
El tratamiento se acompaña de terapias de estimulación del cerebro en las áreas afectadas. Son ejercicios muy simples con los que se logra una estimulación frecuente de baja intensidad. Es decir, es un tratamiento causal y no meramente sintomático.
Fuente: Carlos Gardeta Oliveros. Institutos FAY /Solo hijos.com