Más de 100 personas murieron en 24 horas en Iraq, aumentando la presión sobre el gobierno para actuar y detener la violencia sectaria.
La presión recae también sobre el presidente de EE.UU., George W. Bush, pues sus aliados lo instan a acercarse a los adversarios de Washington, Siria e Irán, para que ayuden a estabilizar Iraq.
Irán y Siria, los dos principales enemigos de EE.UU. e Israel en Oriente Medio, mantienen desde hace años una alianza estratégica, y una posible alianza con el nuevo Iraq post-Saddam despiertan muchos recelos en Occidente.
Ayer el gobierno de Irán invitó a los presidentes de Iraq, Yalal Talabani, y de Siria, para una reunión cumbre en Teherán este fin de semana para tratar la violencia en Iraq que podría causar una guerra civil y diseminarse por la región.
Pero el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, advirtió que "Siria, por su propio bien, debe colaborar en la estabilidad y seguridad de Iraq" en rueda de prensa con el canciller sirio, Walid Al Mualem.