La ciudad donde la tradición atribuye el nacimiento de Jesús es uno de los lugares más visitados en época navideña. Su principal atractivo cultural y religioso es la basílica de la Natividad. Data del año 540, cuando fue reconstruida por el emperador Justiniano, tras la destrucción en un terremoto del templo original, del año 325.
Miles de personas de todos los continentes atraviesan en esta época los puestos de control militares de Israel para adentrarse en la ciudad bíblica, hoy Palestina, y disfrutar de Belén, lugar emblemático de Tierra Santa.
Es una ciudad situada al sur de Jerusalén, a 9 km aproximadamente. Se encuentra enclavada en los Montes de Judea, en la zona denominada Cisjordania. Su población está cercana a los 30.000 habitantes, la mayoría cristianos.
A diferencia del espectáculo que ofrece la Navidad en otros países occidentales, en Belén estas fiestas son mucho más austeras. La ciudad no necesita vestirse de gala, ni árboles, ni un Papá Noel en cada una de las esquinas de las calles, ni tampoco a los Reyes Magos desfilando por la avenida principal para que se sienta el espíritu navideño.
La propia ciudad con sus santuarios y su pasado hace que cualquier cristiano viva intensamente la Natividad del Señor.
Belén, famosa por la industria de la madera de olivo, alberga a verdaderos artistas que reproducen cruces, rosarios, escenas del nacimiento de Jesús y otros objetos religiosos con este material que introdujeron los frailes franciscanos en la segunda mitad del siglo XVI.
En el corazón de la ciudad, frente a la plaza, se encuentra la basílica de la Natividad, el mayor atractivo religioso y turístico de la ciudad. Erigida sobre la gruta donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento de Jesús y que, a pesar de su actual deterioro, continúa siendo una de las más bellas de la cristiandad.
El templo data del año 540 aproximadamente, cuando fue construido por el emperador Justiniano, tras la destrucción en un terremoto de la basílica original que construyera santa Helena, madre del emperador Constantino, en el año 325.
Los frailes franciscanos que viven en el monasterio contiguo muestran el interior de la basílica, desde donde se accede hasta la gruta del Niño, conocida como el pesebre o altar de la Estrella. Cavado en una piedra rocosa, la Virgen María tras dar a luz al niño Jesús lo colocó envuelto en pañales en esta concavidad, en forma de cuna.
En la actualidad un conjunto de candelabros rodean este lugar tan venerado por todos los peregrinos que visitan cada año la ciudad.
La basílica de la Natividad en Belén -como el Santo Sepulcro en Jerusalén- se rigen por el llamado statu quo, que divide los santuarios en zonas de jurisdicción de los ortodoxos griegos, los católicos y los armenios.
La mayor parte de la basílica es de ortodoxos griegos, una pequeña zona de los armenios y derechos de los católicos, que de hecho cuando ofician misa, por ejemplo, en la Gruta de la Natividad, no pueden hacerlo con ornamentos religiosos.
Las misas centrales de los católicos -incluyendo la de Nochebuena- no se realizan en la basílica de la Natividad propiamente dicha, sino en la contigua iglesia de Santa Catalina.
A su vez, los armenios no tienen "derecho" a limpiar la estrella de plata que marca el sitio exacto, según la tradición, del nacimiento de Jesús.
En la iglesia de Santa Catalina, junto a la Basílica de la Natividad, cada 24 de diciembre los franciscanos deleitan a los palestinos cristianos y a los peregrinos con la emotiva y tradicional misa del Gallo.
Un centenar de frailes cantan el anuncio del nacimiento del Señor, mientras suenan las campanas y el órgano desgrana los primeros acordes intensamente festivos. En medio de lecturas y cantos navideños en diversas lenguas, el Patriarca de Tierra Santa descubre la imagen del Niño Jesús, colocada sobre un tronco de olivo al pie del altar.
Una vez finalizada la misa comienza la procesión hacia la Gruta de la Natividad. El Patriarca con la imagen del Niño Jesús en sus brazos se sitúa frente al altar de la estrella y representa el momento en el que Jesús fue envuelto en pañales y colocado en el pesebre.
Actualmente y a pesar de que la ciudad cada vez alberga más musulmanes provenientes de lugares vecinos y que ya superan las tres cuartas partes de la población, todavía se encuentra en el "eterno pesebre del mundo" la más cautivante sensación de una auténtica Navidad.