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Grandes saltos hacia adelante y hacia atrás

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FUTURO DE CHINA La rápida urbanización está consumiendo tierras chinas de cultivo a lo largo del río Amarillo y las reemplaza con “ciudades nuevas”, como Zhengzhou, que podrían secar al río dentro del futuro próximo.
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Noviembre 26, 2006

Por JIM YARDLEY | DOLKA, China

Río revela las dificultades de transformación económica china

En los dos lagos glaciales que dan origen al río Amarillo, un nómada tibetano llamado Tsende se halla de pie a la orilla del río. Dice que un dragón vive en los lagos: un dios de la lluvia. Dos décadas de sequía lo convencieron de que el dragón está enojado.

Tsende entra descalzo al río. Lleva cinco anillos de plata. En el otro lado, un nómada tiene 20 ovejas. Han acordado un canje.

Se abrirá paso entre la hierba que alguna vez rozaba sus rodillas, pero que ahora apenas le llega a los tobillos. Cientos de nómadas, incitados por el gobierno, han vendido sus rebaños y huido. Otros, como Tsende, han clavado un poste budista para orar en una ladera y le han rezado al dragón. Cuando se le dice que algunos científicos ofrecen otra explicación para el clima —cambio climático— Tsende no se muestra impresionado. “El resultado es el mismo”, dijo encogiéndose de hombros.

Ciencia o superstición, el resultado es el mismo: la fuente del río Amarillo, fuente de agua para 140 millones de personas en un país de aproximadamente 1.300 millones de habitantes, está en crisis. Para el resto de China, donde la economía ha evolucionado más allá de intercambiar anillos por ovejas, es la carga más reciente para un río saturado con contaminación y en proceso de secarse a causa de las fábricas, ciudades en crecimiento y agricultores con planes para aún más crecimiento.

“El río Amarillo fluye a través de todas estas partes densamente pobladas del norte de China”, dijo Liu Shiyin, científico de la Academia China de Ciencias. “Sin agua en el norte de China, la gente no puede sobrevivir. Y el desarrollo económico que se ha producido no puede continuar”.

El dinámico motor económico de China está en una encrucijada. La contaminación es generalizada y un frenesí nacional de construcción, manchado por la corrupción, amenaza con sobrecalentar la economía. Los líderes de China, preocupados por el crecimiento desenfrenado, intentan enfatizar el “desarrollo sustentable” aún cuando persisten interrogantes sobre si los funcionarios del partido pueden llevar a cabo prioridades tales como frenar la contaminación y conservar la energía.

El río Amarillo, que serpentea a través de regiones que son tocadas sólo de forma intermitente por el auge del país, ofrece una vista panorámica de estas presiones y contradicciones que agobian a China.

De una curva del río a la siguiente, y a la siguiente, surge una cadena evolutiva: de nómada a agricultor, de granja a fábrica y de fábrica a ciudad. Es el tipo de cambio que otros países han experimentado con el transcurso de los siglos. En China, ocurre todo al mismo tiempo.

El río Amarillo es, entonces, un sendero al futuro. Seguirlo es observar la lucha de China para llegar ahí.

El lago Gyaring y su gemelo, el lago Ngoring, son considerados la fuente del río Amarillo. Los científicos comenzaron a estudiar la región después de que la sequía se arraigó en los años 80. Las praderas se convertían en desierto y despertaban temores de que la fuente del río pudiera estar en peligro. Con el tiempo, el pastoreo excesivo fue considerado la raíz del problema y los gobiernos locales comenzaron a expulsar a los nómadas de la tierra.

Más recientemente, sin embargo, los científicos chinos han examinado la región y han concluido que las presiones del arreo de ganado son sólo una parte de un problema mucho más amplio. Liu, hidrólogo en la Academia China de Ciencias, así como otros científicos, descubrieron que el complicado sistema de agua que alimenta a los lagos estaba en crisis.

Los niveles subterráneos de agua estaban disminuyendo o secándose por completo. La temperatura del aire aumentaba lentamente, mientras que el viejo patrón de dos temporadas de lluvia por año se redujo a una.

“Hemos descubierto que el problema es mucho más amplio y es causado por el cambio climático mundial”, dijo Liu. “Si las tendencias que vemos cerca de la fuente continúan —que el clima se vuelva más seco y caliente— el río seguirá secándose”, dijo Liu.

En general, China tiene uno de los suministros per cápita de agua más bajos en el mundo y una de las distribuciones del líquido más irregulares. El norte de China es hogar del 43 por ciento de la población, pero sólo de 14 por ciento del suministro de agua del país.

Para abordar ese desequilibrio, el gobierno ha comenzado a trabajar en un grandioso y polémico proyecto de transferencia “de sur a norte”, que bombearía agua a lo largo de canales desde el río Yangtze, al sur de China, para reabastecer al sediento norte del país, lo que incluye al río Amarillo.

Los funcionarios dicen creer que el plan, potencialmente el proyecto de obras públicas más caro en la historia de China, es la mejor esperanza para mantener el crecimiento económico en el norte.

Mientras tanto, en Ningxia, generaciones de agricultores en aldeas como Yingpantan no le han puesto atención a la cantidad de agua que han drenado del río Amarillo. Su trabajo satisfizo una prioridad nacional evidente incluso hoy en día, cuando algunos funcionarios chinos ocasionalmente expresan temores de que China no sea capaz de alimentarse a sí misma. De forma más reciente, sin embargo, temores diferentes —de no tener suficiente agua— han provocado esfuerzos de conservación. Sin embargo, una sequía reciente ha hecho que encontrar agua sea una cuestión de supervivencia para mucha gente en Ningxia.

La gente ya baja de las montañas. A corta distancia en auto, al norte de la aldea, Ma Junqing dijo que la sequía lo obligó a irse hace dos años. Dijo que 100 familias de su condado natal ahora arrendaban páramos justo en los límites del sistema de irrigación fluvial. Han construido canales de agua para convertir arena en tierra fértil y la tierra fértil en supervivencia.

Hacia el este, un parque industrial se yergue a lo largo del río en la región que une a las provincias de Ningxia y Mongolia Interior, parte de un coloso industrial construido en menos de seis años sobre la tierra sedienta de agua que rodea a la ciudad de Wuhai.

“El tipo de desarrollo que ocurre aquí es anormal”, dijo Chen Anping, defensor para restablecer pastizales en Mongolia Interior. “No hay forma de que esto pueda sustentarse. No hay suficientes recursos”.

Con una excepción importante: el carbón. La ruta más al norte del río Amarillo fluye a través del centro de la región carbonífera de China. Bajo el plan económico de 1958, el gobierno central fundó Wuhai como el proveedor de carbón para Acero Baotou, la acería paraestatal.

La estrategia funcionó. Antes de 1998, Wuhai tenía cuatro fábricas. Ahora tiene más de 400 y se convirtió en un modelo industrial para ciudades cercanas, como Shizuishan.

En junio, la Nueva Agencia de Noticias de China reportó que se planeaban más de 50 mil millones de dólares en desarrollo industrial para el tramo de 800 kilómetros del río en Ningxia y Mongolia Interior. Los expertos estimaron que las demandas industriales de agua se quintuplicarían para 2010.

La rápida industrialización también convirtió a Wuhai en una pesadilla de la contaminación.

Desde su lugar de trabajo dentro del parque industrial, aproximadamente a una hora de Wuhai, Zhang Yueqing, tendero de 54 años, dijo que las fábricas contaminaban sin moderación. La gente que cava pozos debe cavar ahora aproximadamente 90 metros más profundo debido a que las fábricas han drenado gran cantidad de agua subterránea.

Río abajo, Peng Guihang y su familia se cuentan entre los primeros inquilinos en el distrito aún inconcluso conocido como la “ciudad nueva” de Zhengzhou. “Todavía no hay mucho”, dijo Peng, sentada en su elegante departamento. “Las tiendas probablemente abrirán en dos o tres años”.

Peng es parte de una clase nueva de consumidores que debe prosperar para que China continúe su ascenso. Es para gente como ella que se construyen “ciudades nuevas” por todo el país.

El río Amarillo desemboca unos cuantos cientos de kilómetros río abajo, pero éste es el destino que China intenta alcanzar, una nación de campesinos transformada en un país moderno y urbano. Y, sin embargo, tantas ciudades se expanden con tanta rapidez, al mismo tiempo, que la oleada de urbanización de China ha alarmado a los líderes nacionales.

“Algunos funcionarios locales realmente no comprenden cómo urbanizar adecuadamente”, dijo Lu Dadao, académico de Beijing que se especializa en urbanización. “Quieren que ocurra rápido y quieren que sea en grande.

Todos se han embarcado en la urbanización sin tomar en cuenta cuál debería ser la velocidad natural”.

La población en la región del Río Amarillo ya casi se ha triplicado desde los años 50. Y se tira al río aproximadamente el doble de la cantidad de aguas residuales que hace dos décadas. Toda ciudad en crecimiento, cada una intentando atraer gente e industria, busca agua. “La capacidad del río no ha cambiado”, dijo Su Maolin, ingeniero titular de la Comisión de Conservación Natural del Río Amarillo. “Hay una cantidad limitada de agua que pueden utilizar. Ya está a la capacidad máxima de uso”.


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