Para ser un hombre a punto de cumplir 80 años, Robert N. Butler es un viajero asombrosamente frecuente. Cuando no anda de viaje en India, va camino a una convención en Virginia para hablar a favor de los derechos humanos para las personas de edad avanzada del mundo.
Mucho antes de convertirse él mismo en lo que llama "una persona de mayor edad", Butler se dedicó a la salud de los ancianos.
En 1975 sirvió como director fundador del Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos. Un año más tarde, su meditación sobre el envejecimiento, Why Survive? (¿Para Qué Sobrevivir?), ganó un Premio Pulitzer.
En los 80, Butler fundó el departamento de geriatría en la Escuela de Medicina Mount Sinai, en Nueva York. Su Centro Internacional de la Longevidad, organización de investigación y políticas que encabeza, aún es una filial de Mount Sinai.
"La gente actualmente vive 30 años más que antes. Eso significa que la sociedad va a tener más gente de mayor edad y vamos a necesitar diferentes prioridades y mentalidades", dijo.
P. Hace unos meses, su organización publicó un reporte, "Ageism in America" (La discriminación por edad en Estados Unidos). En resumen, ¿cuáles son sus hallazgos?
R. Según un artículo, publicado en el 2004, en la revista The Lancet, entre un millón y tres millones de estadounidenses mayores sufrieron alguna forma de abuso por la edad a manos de personas de quienes dependían para su cuidado.
En el lugar de trabajo, la Encuesta Social General estudió a trabajadores mayores de 65 años entre 1977 y 2002. Entre ellos, la discriminación percibida a causa de la edad aumentó del 11,6 al 16,9 por ciento. Según el gobierno, 1.5 millones de estadounidenses de edad más avanzada viven en hogares para ancianos, y el 90 por ciento de éstos no cuenta con una cantidad adecuada de personal.
Las personas de mayor edad también experimentan discriminación en el cuidado de la salud. Los doctores muchas veces son menos agresivos a la hora de tratar sus enfermedades que con pacientes más jóvenes.
¿Los medicamentos? El 40 por ciento de todas las recetas médicas se extiende a personas de edad más avanzada. Sin embargo, muchos no fueron probados en pacientes mayores en pruebas clínicas, a pesar del hecho de que algunos medicamentos actúan de manera diferente en los cuerpos de las personas mayores.
P. En los 60, usted inventó la palabra "ageism" (discriminación basada en la edad). ¿Se ha enfrentado a ello personalmente?
R. Yo soy más o menos vigoroso. Tengo recursos financieros. Y soy el jefe en el Centro de Longevidad, lo que definitivamente me protege de la discriminación.
Sin embargo, hay dos cosas de las que me he percatado. Cuando dejé la presidencia de geriatría en Mount Sinai para formar el Centro de Longevidad, la gente empezó a referirse a mí como "jubilado". Pronto me di cuenta de que "jubilado" no era una buena palabra, pues parece ser sinónimo de "decrépito".
La otra cosa está relacionada con la insensibilidad ante una discapacidad. Tengo un problema del oído. Recientemente estuve en una convención y el director del evento no quiso encender el sistema de sonido. Así que le pedí que lo hiciera. Dijo, "ay, después".
P. Su reporte menciona que las personas de edad avanzada son excluidas de la mayor parte de la planeación de emergencia. ¿Por qué es importante?
R. Porque la mayoría de las personas que murió en Nueva Orleans era de edad más avanzada. Tras el 11/9, mi esposa fue a buscar a personas de la tercera edad en los barrios alrededor del World Trade Center. Encontró a muchas personas mayores realmente descuidadas.
P. Se comenta mucho el hecho de que el primer grupo de la generación de la posguerra cumplirá 60 años este año. ¿Transformarán el envejecimiento como han cambiado todo lo demás?
R. Creo que se las van a ver difíciles, porque la sociedad no está preparada para ellas. Y no creo que estén preparadas en absoluto para la vejez. Muchas veces tienen sobrepeso, no muy buena salud y no han ahorrado dinero. No hay suficientes asilos para ancianos para darles cabida.