En un foro de filmación en la zona neoyorquina de SoHo, en agosto, Jude Law y Norah Jones se ponían cariñosos. Una y otra vez. Para ser precisos, se habían besado más de 150 veces en los últimos tres días.
El motivo de esta explosión de pasión era "My Blueberry Nights", la primera película en inglés de Wong Kar-wai, director rebelde de Hong Kong convertido en la encarnación de la sofisticación cosmopolita. Esta noche en particular, era sofocante, mientras el equipo de producción salía del Palacinka, pequeño café en Soho, la principal locación del filme en Nueva York, en preparación para otra toma más de la escena conocida como "el beso".
Es hora de cerrar, y Jones, la única cliente que queda, está recostada sobre el mostrador, con los ojos cerrados. Tiene un dejo de crema en su labio superior, señal que delata un frenesí de postres consumidos. Law, quien limpia detrás de la barra, la mira fijamente, se inclina lentamente y le roba un beso prolongado. Cuando él levanta la cabeza, la crema en el labio de ella ha desaparecido.
La toma duró menos de un minuto, pero el número de permutaciones que idearon Wong y su cinematógrafo, Darius Khondji, -quince arreglos de escena diferentes, según la cuenta del supervisor de guión- sugería que jugaría un papel central en el filme terminado. El beso fue filmado a diferentes velocidades de película y desde múltiples ángulos: una toma abierta, el punto de vista de él; el de ella, a través de ventanas, con objetos en primer plano.
"Nunca había trabajado con alguien que enfatizara tanto un solo momento", comentó Law entre tomas, una noche. "Es extraordinario como toma un momento y lo vuelve a reproducir y lo corta en rebanadas".
A Wong, de 48 años, le gusta describir "My Blueberry Nights", película sobre un viaje carretero filmada en Nueva York, Memphis, Las Vegas y Ely, Nevada, con un reparto compuesto por Natalie Portman, Rachel Weisz y David Strathairn, como un nuevo comienzo.
Su último filme, "2046", fue planeado como ciencia ficción, pero también demostró la atracción gravitacional del pasado, al sucumbir ante el delirio ardiente del Hong Kong de los 60. Un vertiginoso recorrido caleidoscópico, "2046" citó tan extensivamente la obra anterior de Wong, que dio la sensación de ser una retrospectiva de mitad de trayectoria en sí.
A un nivel tristemente célebre, Wong encuentra su camino sobre la marcha, al aventurarse a la producción con poco más de un esbozo. Su método explorador brinda a sus filmes una forma e intensidad singulares; el resultado es inseparable del proceso.
A mediados de los 90, con el regreso de Hong Kong a la soberanía china en el horizonte, Wong dirigió tres filmes -"Chungking Express", "Ángeles Caídos" y "Happy Together"- en rápida sucesión. Realizados como si tuvieran fecha de entrega, poseen una impetuosa inmediatez tipo foto instantánea.
Los largometrajes que siguieron, "Deseando Amar" y "2046", son meditaciones de época enraizados en la melancolía de la transitoriedad. Es muy lógico que se le haya dificultado dejarlos atrás; cada uno tomó, aparentemente, una eternidad en realizarse.
"En cinco años, puedes hacer cinco filmes, pero yo dediqué cinco años a hacer uno", comentó sobre "2046".
"My Blueberry Nights" es un intento consciente por acelerar el ritmo. Por un lado, Wong lo filmó en sólo siete semanas. "Vimos esto como una película vacacional, espontánea y contemporánea", dijo.
En su opinión, "My Blueberry Nights" trata, en un sentido, sobre el rostro de Jones mientras reacciona a entornos distintos. "En Memphis hay algo muy clásico con su presencia", señaló. "En Nueva York es muy contemporánea".
Jones, cantante de pop que nunca ha actuado, parecía menos segura que su director. "No tengo idea qué fue lo que él vio en mí ni dónde lo vio", declaró ella una noche, durante un receso. "Cuando recibí la llamada, pensé que quería algo de música para sus películas".
Durante el rodaje, Wong constantemente cambió y agregó escenas nuevas, con frecuencia a último minuto. Recordó sorprenderse al descubrir que los actores no sólo estaban listos para asumir el reto, sino que incluso estaban emocionados.
Tras concluir la filmación, Wong dijo haber quedado exhausto por la exigente agenda.
Sin embargo, lejos de estar desconcertado por la sensación de algo incompleto, parecía vigorizado: la puerta seguía abierta, no se habían perdido alternativas, la trama seguía viva.
¿Y cómo podría concluir "My Blueberry Nights"? "Creo que habrá un segundo beso", afirmó. "Pero no sé dónde".