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Los misterios que sepultó Yahuarcocha |
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| A 20 km, en cambio, se halló una piedra con agujeros que se cree servía para colocar los aceites en el llamado Baño del Inca. | | |
| Noviembre 26, 2006
936 osamentas humanas es lo que los investigadores señalan como el número más próximo a lo que se encontraría en el lago, pese a que la historia narra la muerte en batalla de 30.000 hombres y los habitantes cercanos a la autopista junto al lago cuentan que al remover el asfalto de la calle aparecen aún cráneos y vasijas.
Las crónicas cuentan que las aguas azules de lo que se llamaba Caranhuecocha o Lago de los Caranquis se tornaron rojas con la sangre de los 30.000 hombres que murieron a manos del ejército del inca Huayna-Cápac entre 1497 y 1501.
Cinco siglos después, un estudio subacuático contratado por el Fondo de Salvamento del Cabildo de Ibarra (Fonsalci) reveló que de acuerdo a las proyecciones que hizo la firma Darwinvest, serían cerca de 936 las osamentas que estarían bajo las aguas de Yahuarcocha. Luego de trazar 832 puntos referenciales con tecnología GPS y 280 más que se marcaron en la periferia de la laguna, se determinó que el número de 30.000 muertos sería falso.
Esta premisa se sustenta en que solo se encontraron 0,13 fragmentos de huesos por metro cuadrado en este lago que tiene en total 2,5 kilómetros cuadrados de superficie inundada y casi 8.000 metros de perímetro.
"Los familiares pueden haber sacado varios cuerpos mientras flotaban y el factor de leve corriente que tiene el lago puede haber acumulado otros cuerpos cerca de los bordes y estarían bajo las totoras que no hemos investigado", explica Jean-Thomas Bujard, gerente de Darwinvest.
No solo los huesos revelan las formas de vida de los antiguos habitantes del norte, ya que entre las rocas extraídas del lugar hay algunas de procedencia volcánica, que se cree llegaron hasta esas aguas tras una erupción del volcán Imbabura (a 8 km de Otavalo y 10 km de Ibarra), o fueron traídas por los caranquis.
La razón arqueológica que valida la tesis de que la batalla se debió haber dado en un punto cercano a Yahuarcocha, es que entre los vestigios no se encontraron armas que demuestren un combate o enfrentamiento.
"Por eso la hipótesis es que haya sido una matanza generacional y no el final de una guerra", refiere el arqueólogo José Echeverría, quien estuvo a cargo de los trabajos de clasificación en el laboratorio del Fonsalci.
Además, las osamentas habrían pertenecido a jóvenes de entre 12 y 14 años, quienes habrían muerto con claras señales de violencia. Es posible, dice Echeverría, que el combate haya sido "en cualquier otra de las fortalezas que construyeron y que a los niños los mataron aquí para evitar venganzas futuras". Con esta idea se refuerza el hecho de que el inca haya llamado al sitio, luego de la matanza, Huambracuna o 'pueblo de niños'.
En cambio, para el antropólogo Segundo Moreno, de la Universidad San Francisco de Quito, los huambracunas eran una clase de guerreros jóvenes. Moreno esgrime la hipótesis de que al haber varios combates, "en los anteriores debieron morir los padres, y los niños se refugiaron en esta última pucara o fortaleza, hecha con madera, cerca del lago, pero los encontraron y los mataron", comenta.
La historia no detalla cómo los mataron pero existen varias posibilidades. Una de ellas y que ahora valida la evidencia encontrada es que se haya hecho usando una piedra con forma de gran mortero, pero con un orificio en el centro, lo que se estima podría haber sido para que ruede la sangre de las víctimas luego de degollarlas.
Para Moreno, en cambio, es necesario recordar que Yahuarcocha era considerado uno de los lugares sagrados del Tahuantinsuyo, al que el mismo inca enviaba niños y niñas para ser sacrificados y obtener favores de los dioses. De tal forma que los huesos de este camposanto acuático "bien podrían ser de esas ceremonias y no de una batalla", señala Moreno.
De hecho, varias de las dudas que esconden esas muertes se habrían despejado con el hallazgo de otra piedra de gran tamaño que según algunos historiadores podría haber sido usada como bañera o para el llamado sacrificio de las vírgenes. Término que según Moreno no es tan preciso, pues las mujeres que estaban al servicio del inca eran jóvenes pero no necesariamente solteras, "le hacían la ropa, lo cambiaban de atuendo y le daban la comida en la boca, eran sus sirvientas y esposas", indica.
Fueron quince los puntos de la laguna en los que se sumergieron los buzos. En uno de ellos se halló lo que se cree es una tola o tumba con forma de montículo, o un sitio de sacrificio a los dioses, que pudo haber quedado bajo las aguas luego de los largos periodos de sequía que, hoy se conoce, soportó la región.
A pesar de develar varias incertidumbres de cómo pudo haber sido la historia entre caranquis e incas, en esta investigación solo se extrajeron dos cráneos humanos que reposan en el laboratorio del Fonsalci. Los fragmentos de huesos fueron analizados por el ortopedista César Larrea, quien determinó en su informe que las muertes se dieron por violencia. "Los huesos del cráneo se descomponen de acuerdo a sus líneas naturales, en estos casos, están fraccionados por golpes".
La data de los hallazgos, ubicada hace 500 años, se logró por un estudio de la sedimentación de lodo, arena y plantas del fondo de la laguna. Los huesos se enviaron a Francia, ya que en el país no se realiza la prueba de carbono 14.
La investigación determinó además que el lago tiene forma de batea, que data de la era glacial, por lo que tendría cerca de 12.000 años de antigüedad, y que su punto de mayor profundidad está en los 16 metros.
"Muchas de estas cosas (osamentas) se han perdido pues la gente las guarda o los huaqueros las venden a los comerciantes", explica Xavier Jaramillo, encargado del proyecto.
María Narváez, oriunda del poblado de Yahuarcocha, cercano al lago, cuenta que todavía, "cuando se abren las calles para ponerles cemento o para hacer una casa nueva, salen huesos y vasijas". Esta mujer de 42 años recuerda haber visto que hasta hace unos diez años los jóvenes del lugar jugaban fútbol con los cráneos que encontraban cerca de la construcción de la autopista que hoy rodea la laguna cuyo nombre quiere decir en quichua 'lago de sangre'.
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