Con equipos de monitoreo, ambientalistas de la corporación ecológica Simbioe vigilan a polluelos de águila harpía como parte de un proyecto para conservar su territorio y crear conciencia en la población sobre su importancia emblemática.
Alexander Blanco trepa un enorme árbol en la densa selva amazónica ecuatoriana del Cuyabeno, ayudado de una suerte de polea improvisada.
Ante sus ojos tiene a un polluelo de águila harpía que este veterinario venezolano ha encontrado como parte del proyecto Cunsi Pindo, La Señora de los Monos, realizado por Simbioe (Sociedad para la Investigación Monitoreo de la Biodiversidad Ecuatoriana) junto a expertos de Ecuador y España. Las conclusiones del proyecto que duró cinco años fueron presentadas el miércoles pasado en Quito.
Algunos de los logros, dice Paúl Tufiño, director de la investigación, fue el monitoreo de un águila harpía en estado silvestre, el hallazgo de un polluelo en la Costa, donde se creía extinta, y la colocación del primer rastreador satelital a una especie.
Para ponerles el rastreador, Blanco tomó al polluelo por las letales garras y las vendó para salvaguardar su integridad; "este animal te puede destrozar la vida en un segundo", advierte.
Es uno de los momentos más emocionantes para el equipo de jóvenes expertos de Simbioe que, entre lágrimas, le colocan el GPS donado por la organización Terra Natura de España. Luego lo sueltan para que vuele a 80 kilómetros por hora en su hábitat.
Varios indígenas cofanes ayudaron. "El éxito del trabajo se debe en un 80% a que trabajamos con los propios dueños del territorio", explica Paúl Tufiño.
El hermoso abanico blanco y negro de las alas de esa harpía de pocos meses de nacida mide más de 1,50 m; las garras pueden llegar a medir unos 12 cm y pueden destrozar fácilmente el cráneo de un mono; son las más poderosas del mundo.
Desde que empezó el proyecto, en el 2002, se han ubicado siete nidos en la provincia de Sucumbíos, territorio cofán.
Simbioe se interesó en este bello animal, declarado en el 2003 emblema de la biodiversidad, para crear conciencia de que hay que conservar su hábitat.
Es que actualmente el águila harpía está en peligro de extinción. No se conoce cuántas hay en Ecuador, pero se creía que en la Costa habían desaparecido.
Sin embargo, fue en Playa de Oro, Esmeraldas, donde se halló hace dos o tres años otro polluelo de harpía. La comunidad aseguraba que en 300 años no se había conocido un ave así. Lamentablemente, hace días se supo que habían cazado a un águila.
"Este estudio (Cunsi Pindo) nos da una luz de alarma sobre qué estamos dejando de hacer", dice Yolanda Kakabadse, de la Fundación Futuro Latinoamericano. Ella critica la falta de apoyo estatal a proyectos científicos como el Simbioe.
Ya se han dado los primeros pasos para la conservación de esta ave. El Ministerio del Ambiente alista la Estrategia de Conservación del Águila Harpía. El plan tiene financiamiento de empresas petroleras, paradójicamente las mismas compañías que los ambientalistas creen responsables de alterar el ecosistema en la selva amazónica.
BIOLOGÍA Y HÁBITAT
El águila harpía es, dentro de las de su especie, la que tiene las garras de mayor tamaño en el mundo. Pueden llegar a medir hasta 12 centímetros.
En Ecuador se las ha encontrado al noroeste del país, en la región oriental o en la cuenca amazónica.
El águila harpía cría un polluelo cada dos o tres años. El individuo nacido se queda con sus padres los dos primeros años de vida.
Su principal alimentación se basa en mamíferos arborícolas (monos, osos perezosos), aves y reptiles. Esta especie es longeva, pueden vivir hasta 30 años.