Solo falta la típica música de fondo para recibir a Sylvester Stallone. Pero el ambiente igual imagina un son de trompetas que resalta la vuelta de Rocky, la vuelta de Stallone. Él entra sonriente, sabiendo que abrió la polémica con una nueva versión de Rocky Balboa que lo honra como protagonista, guionista y director. Sabe que está dándoles el gusto a muchos admiradores por la vuelta. Sabe que otros también lo critican por la misma vuelta. Pero con 60 años cumplidos, le pone punto final a un clásico que todavía hoy sigue haciendo historia.
Pregunta: ¿Le preocupan las críticas de aquellos que dicen que no era necesario otra versión de Rocky o lo conmueven los elogios por la misma vuelta? ¿Qué lo llevó a filmar esta sexta parte de Rocky?
Respuesta: Sentí adversidad y miedo al saber que no lo intentaba. Por eso mismo yo no había querido vender el primer guión de Rocky. Y no fue por ser valiente, sino porque tenía miedo. Si lo hubiese vendido y la película terminaba siendo demasiada buena para otro actor, probablemente me hubiera odiado toda la vida. Lo mismo con esta. Sentí miedo por no hacerla. Necesitaba intentarlo. Lo sentía así. En el filme, el entrenador de Rocky dice que recién cuando un hombre o una mujer pasa por el bautismo del miedo por haber sido lastimado en la vida, ahí se sabe realmente quiénes somos y recién entonces se consigue el respeto en el mundo. Es algo que yo viví. La filmación de la nueva versión intenta rescatar el respeto de Rocky y tal vez un poco de respeto hacia mí.
P: ¿Alguna vez imaginó su carrera como actor sin Rocky?
R: Rocky es un caso muy inusual en el cine. En aquel entonces el país estaba mucho más tranquilo en la forma en que estrenaban las películas. La primera se estrenó en apenas dos cines y se mantuvo en cartelera casi un año. Para la conciencia colectiva quedé estrictamente identificado para siempre con ese rol. Cada vez que intentaba separarme del estereotipo me comparaban con Rocky. Las siguientes películas como FIST no tuvieron la suficiente expectativa en el público y creo que se sintieron desilusionados. Después seguí con Paradise Alley con una especie de antítesis de Rocky que confundió más al público. Por eso, yo nunca entré en otra categoría de actor. Me hubiese gustado, pero nunca sucedió. A cierto nivel cuando se impone una marca, el público se siente engañado. Creo que el único intento funcionó con la película Copland aunque no resultó un éxito económico.
P: ¿Se da cuenta lo que significa Rocky para muchos admiradores? ¿Vive a diario la pasión de tantos fanáticos?
R: El hecho de entrenar en Filadelfia resultó una situación muy, pero muy inusual porque en esa ciudad se siente como si Rocky fuera real. Allá nadie me llama Sylvester. Soy Rocky. Cuando volví al barrio me sorprendió ver chicos de 5 años que señalaban la casa de Rocky o el lugar donde tomaba algo. De verdad. Es un elogio increíble. Le dieron vida a un mito, como el ave fénix que no muere. Lo han adoptado como ninguna otra ciudad, en Filadelfia, representando la imagen del hombre regular que sigue y sigue.
P: ¿En qué se parece Sylvester Stallone a Rocky?
R: Somos bastante similares. Te mentiría si dijera que la interpretación de Rocky no tiene nada que ver conmigo. He tenido la suerte de interpretar aquellos temas de la vida en general que también me preocupan. Si me preguntaran lo mismo que a Rocky no tendría el mismo impacto. Él es muy inocente. Es un hombre duro; cuando le preguntan algo responde desde un ángulo muy crónico. Los temas que siempre funcionaron fueron aquellos por los que también yo he pasado. Como en Rocky 3 cuando tiene miedo de pelear porque no quiere que lo señalen como un perdedor. Una vez que consigues todo lo que querías en la vida, te da miedo perderlo. En la nueva película se plantea la muerte de un ser querido. Como manifiesta Rocky en la película, "cuanto más viejo me pongo, tengo que dejar más y más atrás en la vida". Nadie te prepara para eso. Uno piensa que todo se vuelve más fácil cuando se crece y no es así. Un chico no trata con la muerte tan a menudo. El adulto sí. Y es brutal.
P: ¿Cómo lucha contra la vejez y el paso de los años?
R: Cuando era joven no tenía idea por lo que pasa una persona adulta. Aunque ahora no me sienta tan maduro, los números demuestran que lo soy. Supongo que no soy tan diferente a otras personas. Al final quiero sentir que disfruté la vida lo mejor posible, intentando aquello que nunca antes había hecho. Casi nunca sucede, pero uno sueña con hacerlo; la meta es sentirse completo. Y tampoco creo que tenga que ver con el dinero, porque conozco muchos millonarios que no son felices. La tranquilidad mental de una persona madura pasa por sentirse bien emocionalmente, sabiendo que crió a sus hijos, aunque se haya 'vendido' más de una vez en la vida como cualquiera, pensando "me siento bien como soy". Es el tipo de paz que busqué en esta película. Es la razón por la cual Rocky dejó el box. No le importaba ganar o perder, porque nunca más iba a pelear de nuevo, pero podía decir "lo hice". El hijo vio lo que solía hacer, está orgulloso, lo unió como familia, se liberó un poco del duelo que había sufrido por la muerte de la esposa Adrian. Está preparado para seguir con su vida. De eso se trata la vida.
P: ¿Notó la edad y el paso del tiempo en los nuevos entrenamientos de box? ¿Le costó más que en las películas anteriores?
R: El entrenamiento fue muy difícil. Las cosas no funcionan como otros años. Me oxidé un poco con el paso del tiempo (se ríe). Parezco el hombre de lata, antes del aceite. Al principio estaba muy, pero muy duro. Necesitaba una mano llena de aspirinas todas las mañanas. Hubo muchas lesiones. Incluso el campeón se había quebrado un nudillo peleando conmigo. Yo también me quebré un pie y andaba con yeso arriba del ring. Parecíamos dos momias peleando en cámara lenta. Te lo juro. Sí, dolió, dolió. Estaba muy nervioso cuando llegamos a Las Vegas y tuve que ingresar por el pasillo entre nueve mil personas. No estaba para nada listo y tenía enfrente a un verdadero campeón de box. Tenía cierta idea, que debíamos ir de un rincón a otro, sin saber cómo íbamos a llegar. Decidimos movernos y si me pegaba, que me pegara. Y dolió. Me pegó fuerte por lo menos tres veces. El segundo knock out, cuando me cuesta levantarme del suelo, era verdadero. La primera vez me levanté enseguida, pensando como Rocky, convenciéndome que no me había dolido. Para la tercera vez que me noqueó, ya no podía convencer a nadie (se ríe). Esta vez hay muchísimas peleas realistas.
P: Con su primera esposa tuvo otra hija, Seargeoh. Y con su actual esposa, Jennifer Flavin, tiene otras tres hijas, ¿las imagina practicando boxeo?
R: No me importaría si mis hijas quieren boxear. Me preocupan tanto los chicos que se le acercan que me encantaría si ellas pudieran tirar a alguien por encima del mostrador de un bar. Me daría más confianza si al salir por la noche ellas pudieran enfrentar a todos los hombres del vecindario. Pero no es algo que vaya a pasar. El box es muy bueno para ventilar el odio, también para las mujeres y es el mejor ejercicio en el mundo, aun cuando nunca subas al ring. Me encantaría tener a mis hijas en un rincón del cuadrilátero.
P: ¿Desde el principio había pensado en desarrollar la historia alrededor de la muerte de la esposa de Rocky? ¿Nunca evaluó alguna otra teoría?
R: Sí, pero no me funcionó. Al principio había pensado en el boxeador George Forman. Él tuvo un centro juvenil en Houston que estaba por quebrar. Entonces había pensado lo mismo con Rocky, mandándolo a buscar un préstamo en el banco donde lo rechazaban, hasta que decidía hacer algunas peleas en el club, para pagar el alquiler, como hizo George (Forman) que terminó creando 18 gimnasios. Pero en esa historia, Adrian solamente le insistía a Rocky que no boxeara. La primera versión de Rocky mostraba confusión, soledad, hermandad, ese tipo de temas. Y el final no tiene que ver con la victoria, sino con el amor que le tiene a Adrian. Es lo que llamo el 'factor Adrian'. Por eso se me ocurrió que si le quitaba lo que más quería en el mundo, podía derrumbar su vida. No hay nada más dramático que borrarle la esposa de su vida. El problema fue llamar a Talia (Shire) para contarle cómo había elaborado el argumento de la nueva película. Cuando me preguntó sobre su historia, tuve que decirle que ella se moría. En serio. Le comenté que iba a mostrarme en una silla mirando su tumba, pero que no se preocupara, porque le llevaba rosas.