De todas las Estatuas de la Libertad falsas que hay por ahí, desde las que rondan por las estaciones del metro y posan a cambio de monedas y las turistas con coronas de esponja verdes, es posible que Je-nnifer Stewart sea la más real.
Durante la última década, Stewart se ha ganado un estatus cívico prácticamente oficial, al realizar presentaciones en Gracie Mansion, residencia oficial del alcalde; al representar a la ciudad en ferias de turismo y eventos oficiales en el extranjero; y al viajar a Singapur, en 2005, con la delegación neoyorquina que buscaba que Nueva York fuera la próxima sede olímpica. También realiza apariciones corporativas pagadas y es favorita de los medios noticiosos: ha aparecido con su toga y su corona en CNN y en la portada de la revista U.S. News and World Report.
Esto dista mucho de hace 19 años, cuando Stewart se paró por primera vez en un parque disfrazada de la famosa estatua. Estaba muerta de la vergüenza. “Me sentía como una idiota”, recordó recientemente.
“Pensaba: ‘El único consuelo es que nadie me va a reconocer’”.
Con el tiempo llegó el éxito. No le viene mal el hecho de que, como metáfora ambulante de las virtudes estadounidenses, Stewart es irresistible para los políticos.
En una foto autografiada que adorna su escritorio, aparece el ex alcalde Rudolph Giuliani junto a ella en Gracie Mansion, levantándole la antorcha cual copa de vino y con una sonrisa tan amplia que los hoyuelos de sus mejillas parecen dobles.
En otra fotografía, la senadora Hillary Clinton aparece con ella en Singapur, al igual que el alcalde Michael Bloomberg en una tercera imagen. “Él siempre ha sido muy cortés”, dijo Stewart. “Me dice: ‘Hola señorita Libertad. ¿Cómo va el negocio?’”.
Sin disfraz, Stewart, quien dice tener 120 años de edad (la de cierta estatua), tiene cabello rubio corto alborotado y cejas arqueadas. Carece de la frente heroica y la barbilla sobresaliente de la estatua.
Vive en el vecindario de Brooklyn Heights en un par de departamentos unidos, donde espera añadir un “cuarto de desverdización” donde se pueda quitar su maquillaje teatral mezclado a mano. (“Mancha todo”). El departamento está adornado con artículos relacionados con la estatua: un estante con tazas alusivas, dos docenas de estatuillas y un detallado diorama para el set del programa de televisión infantil con tema de la estatua que actualmente busca realizar.
Desde el techo de su edificio, un piso más arriba, puede ver la Estatua de la Libertad. “Su magnitud me deja completamente atónita”, dijo.
La fama le ha causado problemas ocasionales. El rostro de Stewart adornó la portada de una guía alemana durante cinco años sin su permiso, comentó.
Y especialmente desde el 11 de septiembre, ha habido rivales, entre ellas una mujer que hace presentaciones para la agencia de turismo de la ciudad, igual que Stewart.
Stewart toma la competencia con filosofía: “El mundo es lo suficientemente grande”, dice.