La gran noticia en la guerra contra el cáncer cervical es la nueva vacuna aprobada recientemente para prevenir la enfermedad. Sin embargo, también está en marcha otro cambio importante que afectará a millones de mujeres, aunque más lenta y discretamente.
El papanicolau, ritual anual para muchas mujeres y pilar principal de la prevención del cáncer cervical durante más de medio siglo, podría comenzar a perder importancia. No desaparecerá en muchos años más, si es que alguna vez lo hace. Sin embargo, un nuevo examen genético que detecta al virus del papiloma humano (VPH), causante del cáncer cervical, ha comenzado a tener un papel más importante. Además, otros exámenes genéticos están en proceso de ser desarrollados. Como mínimo, afirman algunos expertos, las mujeres ya no necesitarán someterse a papanicolaus con tanta frecuencia.
“Potencialmente podemos cambiar todo el paradigma de la revisión cervical”, dijo Thomas C. Wright, profesor de patología en el Centro Médico de la Universidad de Columbia y consultor de la firma farmacéutica Roche, que está desarrollando un examen genético del VPH.
La nueva vacuna también podría representar un golpe a largo plazo para el papanicolau, cuya función es detectar células anormales en el cuello del útero que podrían estar en camino de volverse cancerosas. No es que las mujeres ya no necesitarían ser examinadas debido a que se vacunaron.
La vacuna, aprobada sólo para niñas y mujeres de entre 9 y 26 años, no protege de todas las variedades del VPH que producen cáncer.
Si hay una lesión precancerígena presente, el papanicolau sólo la detectará entre el 50 y el 80 por ciento de las veces.
Conforme más mujeres reciban la vacuna del VPH, la cantidad de lesiones disminuirá, lo que hará que el papanicolau sea más costoso por cada caso de cáncer detectado. Y con menos problemas que detectar, afirmó Eduardo L. Franco, profesor de epidemiología y oncología en la Universidad McGill, los técnicos que escudriñan los papanicolaus podrían bajar la guardia, y su precisión.
El papanicolau “sufrirá un colapso en un mundo en el que la vacuna disminuya la frecuencia de las lesiones”, afirmó Franco. La precisión del papanicolau, dijo, “ya es deficiente, y empeorará”.
Sin embargo, el papanicolau tiene férreos defensores que cuestionan el valor del examen genético del VPH. Algunos ginecólogos dicen que hacer que las mujeres acudan para un examen anual fomenta que también se realicen otros exámenes. Y existe una enorme industria detrás de la revisión.
Lineamientos recientes del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos, emitidos en el 2003, indicaban que algunas mujeres mayores de 30 años no necesitan un papanicolau anual, pero muchos se han resistido a esa idea. “Las mujeres han sido entrenadas mentalmente para acudir a su examen anual”, dijo Juan Felix, profesor de patología, obstetricia y ginecología en la Universidad del Sur de California.
Los papanicolaus han reducido las tasas de cáncer cervical en un 75 por ciento o más en naciones con una revisión minuciosa.
Algunos expertos dicen que ya que el examen del VPH detecta más lesiones que el papanicolau, sería rentable convertirlo en el examen principal y usar el papanicolau sólo con las mujeres que den positivo al virus.