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Convivencia ciudadana |
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Hace pocos días fui invitada a Barcelona para participar en el seminario ‘Espacio urbano, servicios públicos y seguridad en las ciudades de América Latina’. En el aeropuerto de Madrid me llamó la atención el titular de un periódico que daba cuenta de enfrentamientos entre jóvenes españoles y latinos en Alcorcón. Se atribuía el problema a jóvenes, entre ellos ecuatorianos, miembros de los Latin King. Y aparentemente lo que desencadenó las peleas fue el uso de los parques y espacios públicos. La posterior utilización del conflicto para exacerbar posiciones de rechazo a los extranjeros, sobre todo latinoamericanos, era un problema que se veía venir. La ciudad fue acordonada, muchos ecuatorianos condenaban la violencia, pero su voz era acallada por los que pedían venganza. La parte más sana de la sociedad se pronunció contra toda clase de violencia, la de los neonazis, de las pandillas, de las mafias…
La ciudades se van transformando en espacios de confrontación, de miedo, de calles y barrios cerrados. Cerca nuestro cuando se recorren los Guasmos, el Cristo del Consuelo, la isla Trinitaria, Bastión Popular, Mapasingue, estamos en espacios diferentes a los bellos de la regeneración urbana. Allí, como en las ciudadelas exclusivas, solo entran los moradores. Los demás por miedo solo lo hacen acompañados de algún vecino que conozca el sector y sea conocido. Vamos haciendo guetos de ricos y de pobres que se ignoran y se temen. En los barrios pobres la vida está en constante ebullición. Niños en las calles, mujeres lavando, tiendas convertidas en verdaderos centros informativos. Se sabe quién está enfermo, dónde ha nacido un niño y por qué discuten las parejas. En las ciudadelas de las clases altas la soledad y el aburrimiento de las calles muchas veces es interpretado como seguridad y calma.
¿Cómo transformar la ciudad en un lugar seguro, alegre, en todos sus barrios? ¿Cómo vivir lo que pregona Jaime Lerner, presente en la reunión, que las ciudades son la solución y no el problema? Entre los presentes estaba claro que seguridad no se conjuga (solo) con represión. Tiene que ver con convivencia.
Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá, compartía que “la seguridad tiene que ver con cultura ciudadana y que esta requiere que los ciudadanos cumplan las normas de convivencia; aumente el número de personas que enseñen a otros a cumplir esas normas; que los conflictos se resuelvan dialogando, pacíficamente, en el marco de una visión compartida de ciudad; y que aumente la capacidad de expresarse y de interpretar la expresión de otros a través de la cultura, el arte, la recreación y el deporte”. Bogotá es ahora una ciudad mucho más segura a pesar de que el país viva una guerra interna.
Que esa cultura se extienda a todos los barrios es un desafío entre nosotros. Para ayudar a su realización se están preparando jóvenes pertenecientes a pandillas como guías ciudadanos. Aprender enseñando es el reto. Ayudar a que los espacios públicos sean de todos, construyendo alternativas sencillas, novedosas, prácticas, respetuosas, humorísticas, que recuperen aquello por lo que los seres humanos construyeron y construyen ciudades: tener acceso a los servicios básicos de vivienda, educación, salud, trabajo, diversión y, sobre todo, no estar solos. |
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| Marcela Arboleda de Jaramillo |
Nuestra invitada | |
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| Ramón L. Espinel* |
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| Guayaquil |
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Los bachilleres de la promoción 2006-2007 del colegio Otto Arosemena Gómez tendrán su ceremonia de graduación. HORA: 09:00. DIRECCIÓN: salón de actos del plantel, 29 y O’Connors. |
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