Hace sólo unos años, los políticos y grupos ambientalesen Holanda se mostraban entusiasmados por la pronta y rápida adopción de la "energía sustentable", lograda en parte gracias a persuadir a plantas eléctricas a usar biocombustible, aceite de palma del sureste asiático, para ser exactos.
Motivadas por subsidios gubernamentales, las compañías energéticas se volvieron tan entusiastas que diseñaron generadores que funcionaban exclusivamente con el aceite, que en teoría era más limpio que los combustibles fósiles como el carbón, porque es derivado de las plantas.
Pero el año pasado, cuando unos científicos estudiaron las prácticas en plantaciones de palmas en Indonesia y Malasia, este cuento de hadas verde empezó a parecer más una pesadilla ambiental.
El incremento en la demanda de aceite de palma en Europa provocó que se despejaran enormes extensiones de selva tropical en el sureste de Asia y el sobreuso de fertilizante químico allí.
Peor aun, afirmaron los científicos, el espacio para los sembradíos de palmas en expansión muchas veces era creado al drenar y quemar tierras donde crecían turbas, lo que enviaba enormes cantidades de emisiones de carbono a la atmósfera.
Indonesia se había convertido rápidamente en el tercer productor más grande del mundo de emisiones de carbono, que los científicos creen son responsables del calentamiento global, después de Estados Unidos y China, según un estudio publicado en diciembre por investigadores de Wetlands International y Delft Hydraulics, ambos en Holanda.
"Fue impactante y dio al traste totalmente con todas las buenas razones por las que inicialmente incursionamos en el aceite de palma", indicó Alex Kaat, vocero de Wetlands, grupo de conservación.
La producción de biocombustibles, durante mucho tiempo una piedra angular de la búsqueda de energía más verde, puede, en ocasiones, crear emisiones más dañinas que los combustibles fósiles, encuentran varios estudios científicos.
Como resultado, los políticos en muchos países están reconsiderando los miles de millones de dólares en subsidios que han apoyado la diseminación de todos estos combustibles presuntamente ecológicos para vehículos y fábricas. La Directiva de Biocombustibles de la Unión Europea de 2003, que exige que todos los estados miembros tengan como objetivo que el 5,75 por ciento de su transporte funcione con biocombustible para 2010, actualmente está bajo revisión.
"Si se fabrican correctamente los biocombustibles, entonces se reducen las emisiones de invernadero", señaló Peder Jensen, de la Agencia Europea del Medio Ambiente, en Copenhague.
"Pero eso depende mucho de los tipos de plantas y cómo son cultivadas y procesadas. Se puede terminar con una reducción del 90 por ciento comparado con los combustibles fósiles, o un aumento del 20 por ciento".
En Estados Unidos y Brasil, la mayor parte del biocombustible es etanol (producido con maíz en Estados Unidos y azúcar en Brasil), utilizado para impulsar vehículos fabricados para funcionar con gasolina. En Europa es principalmente aceite de canola y girasol local, empleado para elaborar combustible diesel.
A primera vista, la ecuación ambiental que apoya los biocombustibles es sencilla: debido a que son derivados de plantas, los biocombustibles absorben carbono mientas son cultivados y lo liberan cuando son quemados. En teoría, eso neutraliza sus emisiones.
Sin embargo, la industria fue promovida mucho tiempo antes de que se realizaran investigaciones adecuadas, dijo Reanne Creyghton, quien dirige la campaña de Amigos de la Tierra contra el aceite de palma, en Amsterdam.
Algunos grupos ambientalistas aseguran que el aceite de palma no puede ser producido de manera sustentable a precios razonables.
Afirman que el aceite de palma es barato en la actualidad debido a malas prácticas ambientales y a abusos laborales.
"Sí, ha habido malos ejemplos en la industria del aceite de palma", manifestó Arjen Brinkman, ejecutivo de Biox, compañía nueva que planea construir tres plantas eléctricas que utilizarán aceite de palma en Holanda, con aceite de palmas cultivadas en sus propios sembradíos de una manera que, afirma, es responsable.
"Pero ahora queda claro", expresó, "que para servir los mercados de Europa de biocombustible y bioenergía, se tendrá que demostrar que se produce de manera sustentable, que se produce menos, no más, dióxido de carbono".