Hace unos meses, un hombre entró a una farmacia en Madrid, sacó dos pistolas de juguete y les ordenó a las dependientas que le entregaran todo el Viagra en existencia. Dos horas más tarde, quizá en muestra de gratitud, regresó con dos ramos de rosas, antes de ser arrestado.
Ésos son los extremos a los que llegarán los hombres de España, famoso país de machos, por obtener el medicamento para la impotencia masculina, que cuesta 104 dólares la caja de ocho tabletas azules en forma de diamante. Conocido por los españoles como el sexo azul, esta terapia se ha vuelto tan popular tanto entre los adolescentes asiduos a los antros como entre los hombres mayores de 70 años.
“Se ha desatado una explosión del Viagra en España”, dice Carlos San Martín, afamado sexólogo español, quien ha probado por sí mismo el medicamento. “Algunos lo toman por razones fisiológicas, pero también se ha convertido en un fenómeno social, una droga recreativa tomada por hombres de todas las edades que quieren ser súper hombres”.
Los médicos indican que muchas personas fingen los síntomas para tratar de obtener las tabletas, que elevan el flujo sanguíneo al pene y tienen una eficacia de hasta cuatro horas.
Voceros de Pfizer, laboratorio fabricante del Viagra, señalan que España está a la vanguardia de una tendencia europea con respecto al fármaco, en parte por la prosperidad económica que ha transformado al país de una relajada cultura mediterránea, donde la siesta era sagrada, en una nación adicta al trabajo al estilo anglosajón.
Este nuevo estrés, dijo Belén Alguacil Arconada, de Pfizer, causa estragos en la libido de los españoles. “Solíamos tomar una siesta y comer bien”, recordó. “Sin embargo, ahora nos hemos convertido en una nación de comida rápida donde todo mundo está estresado, y eso no es bueno para el desempeño sexual masculino”.
San Martín confirma que muchas parejas se quejan de no tener tiempo suficiente para el sexo y usan el Viagra como una muleta sexual.
“Para mí se ha vuelto imposible durante la semana”, aseveró. “Hablo de sexo todo el día, y cuando llego a casa a las 11:00 de la noche, es muy difícil tener un buen desempeño”.
La creciente asertividad sexual de las mujeres españolas ha contribuido a la demanda creciente del Viagra. Bárbara Alfonso, que el año pasado abrió el primer servicio de acompañantes para mujeres de España, en Barcelona, dice que aunque muchos hombres creen que necesitan tomar las píldoras azules para satisfacer a las féminas, lo que ellas realmente ansían es compañía y buena conversación.
Un ejemplo es Carmen, ejecutiva de Informática de 45 años de edad y dos veces divorciada. Frustrada por el desempeño sexual de su novio, le insistió en que tomara Viagra. Funcionó, asegura; sin embargo, decidió terminar con él de todos modos.
“El Viagra no es la solución que muchos españoles creen que es”, dijo Carmen, quien rehusó proporcionar su apellido. “Me di cuenta de que el problema no era la destreza sexual de mi novio. El problema era él”.