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La ONU combate a pandillas en Haití

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Las acciones de las fuerzas de la ONU para controlar la violencia de pandillas en Cité Soleil, en Puerto Príncipe, no son bien aceptadas. Un soldado sostiene un bote de gas lacrimógeno en un enfrentamiento ocurrido el 9 de febrero.
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Febrero 18, 2007

Por MARC LACEY

Las pandillas callejeras tienen años de gobernar en Haití junto con los políticos. Con un Ejército disuelto y una fuerza policiaca devastada y corrupta, presidentes sucesivos han utilizado a estos grupos rebeldes contra sus rivales políticos o, simplemente, les pagan para que dejen de causar problemas.

Ahora ha ocurrido algo extraordinario. El presidente René Préval decidió combatir a las pandillas y para ello sacó a la calle a los 8 mil pacificadores adscritos a la Organización de Naciones Unidas (ONU), una medida arriesgada que determinará la seguridad del país y el éxito de su joven Gobierno.

“Estamos en proceso de recuperar Puerto Príncipe centímetro por centímetro”, indicó el teniente coronel Abdesslam Elamarti, de origen marroquí. “Ejercemos presión sobre estas pandillas para que la población pueda vivir en paz”.

La ofensiva de las fuerzas de la ONU, que llegaron a Haití en el año 2004 después de que el presidente Jean-Bertrand Aristide fue depuesto, fue a finales de diciembre.

Una de las batallas más encarnizadas tuvo lugar la mañana del 25 de enero, cuando cientos de efectivos de la ONU irrumpieron en un escondite pandillero en la periferia de Cité Soleil, la barriada más grande y tristemente célebre de Puerto Príncipe.

Después de una intensa balacera en la que los rebeldes dispararon miles de tiros, funcionarios de la ONU lograron tomar el control del escondite. Desde ese antiguo edificio donde escuela donde se ocultaban, los pandilleros solían disparar contra los pacificadores y exigir dinero a los conductores que pasaban por el lugar. La ONU señaló que cuatro insurgentes murieron en el enfrentamiento.

A esa operación le siguieron otras incursiones y, aunque todavía es demasiado pronto para emitir juicios, los líderes de las pandillas parecen haber huido.

Mientras, aún hoy los vehículos blindados de la ONU recorren estrepitosamente las calles atestadas de Cité Soleil.

Los principales operativos de la ONU han tenido como blanco a uno de los líderes pandilleros más buscados y temidos de todos, un traficante que ronda los veinte años, que se llama Evans. Él y sus grupos han sido vinculados a una serie de secuestros en la capital. Recientemente, sus fuerzas se han enfrascado en violentos choques con pacificadores de la ONU.

En la actualidad, Evans y los demás líderes se ocultan en una zona marginal donde viven cerca de 300 mil habitantes pobres de Haití.

Aristide fue electo presidente en 1990 y de nuevo en el año 2000, con apoyo de los pobres. A los líderes de las pandillas, que fungen como voceros de las barriadas a las que no se les ha prestado atención durante años, se les dio entrada al palacio presidencial y ayudaron a repartir empleos y otros beneficios a sus hombres.

En sus primeros meses en el cargo, Préval, que había sido Primer Ministro de Aristide, así como Presidente entre 1996 y 2001, siguió un enfoque conciliador similar. Sin embargo, se ha vuelto cada vez más impaciente con los grupos de insurgentes, debido a que éstos se resistieron a entregar sus armas y no dejaron de causar estragos en Puerto Príncipe.

Luego, mientras el país se preparaba para Navidad, matones callejeros empezaron a agarrar a personas en la calle, llevárselas a las barriadas y a exigir rescates.

Los secuestradores comenzaron a enfocarse en los niños. En un episodio horrible asesinaron a una adolescente y le sacaron los ojos. Hombres armados secuestraron un autobús escolar infantil.

Préval puso fin a las negociaciones con los pandilleros y le dio a la ONU la autoridad para perseguirlos.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en que la confrontación es la mejor manera de tranquilizar a las barriadas.

“Los pandilleros pueden cambiar”, insistió Meleus Jean, de 45 años de edad, pastor en Cité Soleil. “Hablo con ellos y creo que son rebeldes porque no tienen nada más. Combatirlos no los cambiará”.

Alguien que ha sido criticado en el pasado por tratar con insurrectos ha sido Wyclef Jean, rapero haitiano estadounidense.

“El problema es mucho más grande que lidiar con los líderes de las pandillas”, comentó en una entrevista vía telefónica desde Nueva York. “Sin embargo, no hemos conversado suficiente sobre el tema ”.

No obstante, funcionarios de la ONU dicen que el momento para conversar ya terminó.

“Está bien si uno de ellos va con Préval, ondea un pañuelo blanco y le dice: ‘Quiero entregarme”, dijo Edmond Mulet, diplomático guatemalteco a cargo de la misión de la ONU en Haití. “Ése es el tipo de conversación que queremos”.


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