Maggie Q se ve tranquila, o tan tranquila como uno puede verse asida de un costado de una camioneta Ford Explorer que cuelga de una maraña de cables en el interior del cubo de un ascensor.
Vestida de negro completamente, desde las de botas de tacón alto hasta la cabeza, Q, de 27 años, espera a que caiga la camioneta. Cuando lo hace, la sacudida estremece a la Ford y a Q junto con ella; polvo y grava le llueven sobre la cabeza.
"¿Tenemos más escombros?", grita el director de la segunda unidad. "Nos gustaría un poco más de escombros". En la siguiente toma, la Explorer cae con un ruido sordo más intenso y considerablemente más escombros.
Q se encuentra en el Estudio 12 en los terrenos de Universal Studios, rodando sus últimas escenas de "Live Free or Die Hard", la cuarta cinta de la serie "Duro de Matar" de Bruce Willis. Todo se ve brutal -las cosas en el aire, la profunda herida roja pintada sobre su ceja derecha- pero en realidad no lo es. Si algo se vuelve demasiado riesgoso, Ming Qiu, la doble de Q, está lista para entrar en acción. Y definitivamente no se compara con los moretones y rasguños que Q ha recibido en Asia, donde ha actuado en películas de acción como "Dragon Squad", "Naked Weapon" y "Gen-Y Cops".
En Hong Kong, un esguince le ganó un descanso de una hora. "En 'Live Free' me hice un pequeño corte y gritaron: 'Oh, Dios, ¡un médico!'", comentó.
Recibir una paliza en China es sólo parte del costo para muchos jóvenes actores estadounidenses de origen asiático, que han encontrado que es más fácil iniciarse en el extranjero que en Estados Unidos. Pero aunque Q -que creció en Mililani, Hawai, y se mudó a Tokio en su adolescencia para modelar- se las arregló para utilizar el estrellato extranjero como trampolín para una oportunidad de tener una carrera en Hollywood, pocos más lo han hecho.
Veintenas de otros actores asiáticos estadounidenses aún esperan su gran oportunidad en su país natal. Entre ellos se encuentra Daniel Henney, estadounidense de origen coreano, que creció en Carson City, Michigan, y que se convirtió en estrella en Corea al interpretar a un amable radiólogo en la exitosa serie televisiva "Mi Adorable Sam-Soon"; Daniel Wu, nativo de Orinda, California, quien ganó el premio Caballo de Oro, en Taiwán, como mejor actor de reparto en 2004; y Allan Wu, egresado de la Universidad de California, en Berkeley, que se ha convertido en estrella de televisión en Singapur.
Para los estadounidenses orientales, que casi nunca son recibidos con los brazos abiertos en Hollywood, la ruta trans Pacífico al éxito en la pantalla grande ya es vieja.
"El máximo ejemplo de ello, en nuestra época actual, es Bruce Lee", dijo Jeff Yang, analista de tendencias globales en Iconculture, firma de investigación de mercado, y autor de Once Upon a Time in China: A Guide to the Cinemas of Hong Kong, Taiwan and Mainland China. "Él nació en Estados Unidos e intentó establecerse como el talento que era, sólo para toparse con puertas cerradas y con un papel de ensueño escrito para él, que le fue arrebatado para dárselo a un tipo blanco. Entonces, ¿qué hizo? Se fue a Asia".
Si bien las puertas se abren con más facilidad en Asia, los obstáculos aún son considerables para los actores que tal vez no conozcan el idioma ni las costumbres de un país anfitrión.
Cuando Henney viajó a Corea para filmar "Mi Adorable Sam-Soon", por ejemplo, no hablaba coreano. Había sido descubierto por un representante artístico cuando modelaba para un comercial para la marca Olympus en Corea, en 2005, pero tuvo que convencer a la cadena de televisión de que le ofrecieran el papel en el nuevo programa.
Para Q, el estrellato en Asia ha llevado a papeles sucesivamente más grandes en Hollywood. El año pasado fue la única mujer integrante del equipo de Fuerzas de Misiones Imposibles de Tom Cruise en la cinta "Misión Imposible III".
Q, hija de una vietnamita y un polaco irlandés, batalló para encontrar empleo como modelo en Japón, país al que llegó en 1997, a los 17 años.
Este mes, viajará a China para filmar la cinta histórica "Three Kingdoms: Resurrection of the Dragon". Será su película asiática más importante, con un presupuesto de 25 millones de dólares, y su papel más difícil.
Por más grande que pueda volverse el talento estadounidense en Asia, el verdadero éxito a menudo se mide aún en términos estadounidenses. "El mayor sueño de mi representante es que yo aparezca en el programa de David Letterman", dijo Q. "Letterman se transmite como a las dos de la mañana en Hong Kong, y ella lo ve todas las noches. Me dice: 'Ay, Maggie, ¿me prometes que irás donde Letterman?'.
¿Qué puedo decirle? Le digo que no puedo prometerle nada, pero que haré mi mayor esfuerzo".