No hay muchos lugares donde un hombre declarado culpable del bombazo a un avión comercial, que mató a 73 personas, pueda ser encontrado vagando por las calles. Esta ciudad, hogar de Freddy Lugo, es uno de ellos.
Lugo está avecindado en Caracas, desconocido para la mayoría de sus compatriotas, aunque no completamente olvidado. Fue uno de dos hombres sentenciados a 20 años en prisión por colocar explosivos en un avión DC-8 de Cubana de Aviación, en 1976.
El avión estalló en el cielo arriba de Barbados y murieron todas las personas a bordo, entre ellas dos docenas de miembros del equipo nacional de esgrima de Cuba y una niña guyanesa de nueve años. Esa explosión, considerada el primer acto de terrorismo aéreo en las Américas, envenena las relaciones entre La Habana y Washington hasta la fecha.
Lugo, de 65 años, que fue puesto en libertad en 1993, tras 17 años en la cárcel, ha intentado dejar atrás el pasado.
"Ahora tengo una vida tranquila", expresó en una inusitada entrevista de 90 minutos. "Tengo la conciencia limpia".
Pero el pasado tiende a alcanzarlo. Tiene que lidiar con periodistas ocasionalmente y atisbos de reconocimiento de algunos de los muchos cubanos que viven en Caracas.
Un nuevo libro sobre el bombazo, titulado El terrorista de los Bush de dos periodistas venezolanos, Alexis Rosas y Ernesto Villegas, tampoco ha ayudado. El libro se ha convertido en bestseller desde que salió a la venta en Venezuela, en noviembre.
Le ha llevado nueva atención al bombazo y a la petición de Venezuela de que Washington extradite al exiliado cubano acusado de ser el cerebro del atentado, Luis Posada Carriles, para enfrentar cargos de terrorismo en Venezuela.
Hasta la fecha, el gobierno de Bush se ha negado y Posada Carriles, de 78 años, ciudadano venezolano naturalizado que entró furtivamente a Estados Unidos en 2005, actualmente se encuentra en una cárcel en el sur de Nuevo México bajo cargos de inmigración ilegal.
El gobierno del Presidente Hugo Chávez señala que la dificultad para extraditar a Posada Carriles ilustra la hipocresía estadounidense en el combate a los terroristas.
Lugo ha hecho todo lo posible para permanecer en la sombra del alboroto diplomático que rodea a Posada Carriles, a quién describió simplemente como "un aventurero capaz de todo".
A pesar de su condena, Lugo afirmó que se consideraba un instrumento en las maquinaciones de exiliados cubanos para derrocar a Fidel Castro.
Junto con muchos de esos cubanos, Lugo, de nacionalidad venezolana, se encontraba en Caracas en los años 70. Fue allí donde él, en ese entonces un fotógrafo periodístico, conoció al hombre que lo reclutó para el complot de la bomba, otro periodista venezolano llamado Hernán Ricardo Lozano, según registros policíacos.
Resulta que Ricardo había realizado trabajos de fotografía y vigilancia para Posada Carriles en su tiempo libre.
Actualmente, Lugo divide su tiempo entre un departamento donde vive con su esposa, y el hogar de su hijo en un distrito pobre. Afirma que su taxi es su única fuente de ingresos.
Al preguntársele si sentía remordimiento por las muertes de 73 personas, entre ellas muchos adolescentes del equipo de esgrima cubano, Lugo dijo que no. Explicó un poco crípticamente que se consideraba manipulado en un acto más allá de su control.
Otros están en desacuerdo. "Freddy Lugo quizá no lo quiera admitir, pero es un asesino múltiple", expresó José Pertierra, abogado en Washington que representa al gobierno de Venezuela en su intento de extraditar a Posada Carriles. "Puede afirmar que no fue el cerebro; tal vez pueda afirmar que fue engañado. Pero participó en un acto terrorista que mató a 73 personas".