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Edición del DOMINGO 18 de Febrero del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El espacio, el tiempo y los estragos de la belleza
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Texto: Hernán Pérez Loose

Ambos iniciaron sus empresas durante los primeros años del siglo XX, época en la que todo se transformaba alrededor y nada parecía inalcanzable. Las ideas fluían como ríos.

La casa Tusquets   Editores de Barcelona acaba de publicar en castellano esta obra  que salió al público en inglés en el 2001 (Basic Books). Su autor es Arthur I. Miller (un homónimo del famoso dramaturgo), profesor de Historia y Filosofía de la Ciencia en el University College de Londres, autor de algunos ensayos y libros sobre la ciencia moderna, la creatividad científica y sus relaciones con el arte, y colaborador de programas de radio y televisión sobre estos temas.

El libro parte de una constatación simplemente histórica y sorprendente: que el científico más importante desde Newton y el más influyente artista contemporáneo, Einstein y Picasso, hayan recorrido sus caminos de enorme creatividad en forma casi simultánea y bajo circunstancias muy parecidas.

La biografía paralela de estas dos figuras se centra en los enormes logros de estos dos cuando jóvenes. La teoría de la relatividad de Einstein,  que revolucionó la física, y  Les demoiselles d’Avignon  de Picasso, con la que inaugura la pintura moderna. Cuando estas dos geniales creaciones tuvieron lugar, tanto Einstein como Picasso eran prácticamente dos desconocidos.

Ambos estaban en sus años veinte, atravesaban apuros económicos y despertaban resistencia entre sus pares. Ambos iniciaron sus empresas durante los primeros años del siglo XX, época en la que todo se transformaba alrededor y nada parecía inalcanzable. Las ideas fluían como ríos.

Junto con los desarrollos en las matemáticas, ciencia y tecnología, vino el descubrimiento de la calidad conceptual del arte africano, las primeras investigaciones de Freud y la revolución narrativa de Joyce y Proust. Una fertilidad intelectual no vista desde el Renacimiento.

La obra de Miller está llena de revelaciones de cómo estos dos jóvenes genios vivieron y trabajaron, dos cosas –vida y trabajo– que Einstein y Picasso jamás las entendieron como separadas.

Como advierte el autor, el libro más que explorar por qué  hicieron sus descubrimientos, se concentra en cómo fueron concebidos ambos desarrollos, el de la relatividad y el del cubismo. Concepciones que surgen en momentos en que las clásicas y generalizadas nociones de tiempo y espacio parecían cada vez menos apropiadas.

En la primavera de 1901, Einstein estaba por empezar en Suiza su trabajo como profesor substituto de matemáticas en el colegio técnico Winterthur, el único trabajo que había podido conseguir tras aprobar sus exámenes de física.

Por esos meses Picasso estaba en Barcelona tratando de encontrar un sitio para presentar ciertos trabajos que había hecho en París el año anterior. Falto de dinero y todavía lamentando el suicidio de su mejor amigo, el artista había empezado a pintar desoladas escenas interiores en sombras de azul. Pocos años después, Einstein, totalmente alejado de sus colegas, tuvo que contentarse con un puesto secundario en la Oficina Federal de Patentes de Berna.

Sumergido allí en ciertos problemas tecnológicos, como los horarios de trenes y el diseño de dínamos eléctricos, es cuando comienza a construir su teoría de la relatividad. Picasso, mientras tanto, había empezado a concebir su   Les demoiselles d’Avignon con las que iba a remecer cinco siglos de representación convencional.

Aunque hubo algunas especulaciones, lo cierto es que Picasso y Einstein no se encontraron mientras este último estuvo en París.

Pero lo que sí es un hecho es que la conexión entre las creaciones de ambos había estado rondando por algún rato –especialmente en lo que concierne a la visión del espacio–, como lo ha estado siempre aquella del arte con las ciencias en general. Y Arthur I. Miller ha tenido, como pocos, la sagacidad de evidenciar esta afinidad con gran profundidad, y sobretodo con buen estilo.


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