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Edición del DOMINGO 18 de Febrero del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Caracol Azul anda su camino
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Nunca ha sido considerado o distinguido por quienes entregan premios localmente. En cambio, ha recibido merecidas recompensas o diplomas internacionales. Muriel tomó todo aquello con filosofía.

Es  verdad que Muriel tiene serios problemas de salud, mas ostenta también una fuerza de voluntad inquebrantable. Su restaurante (av. Nueve de Octubre 1918 y Los Ríos) camina lento como el caracol, pero anda de un modo seguro, con el mismo chef que lo vio nacer.

Tal vez pueda ello explicar que la calidad se haya mantenido constante.
He estado allí a través del tiempo con grandes personalidades como Rocío Dúrcal, María Conchita Alonso, Quino, Alberto Cortez, todos excelentes paladares menos María Conchita, quien hizo con sus entradas insólitas y abominables combinaciones. 

Hace poco volví, pedí el tradicional "piqueo" de mariscos y una de las tantas recetas de corvina que se hicieron famosas, vengan con espárragos, mantequilla blanca, cangrejo, mariscos, a la plancha, en papillote (cocida al horno en papel de aluminio etcétera).

Un fino gourmet quiteño acostumbrado a las buenas botellas había traído un Saint Emilion Les Mondottes excepcional y un Y de Yquem realmente sublime.

Muriel es un caso como pueden serlo todos quienes realmente se hacen presentes en sus establecimientos: Miguel, Emilio, Gianmarco, Carlos Colombara, Virginia, Francis, Francisco Cordero, Manfred Kraut, Bock (de quien pronto hablaremos), Briz, Passano, Coronel, la gente de News Café y muchos más.

Hay una gran diferencia entre quienes ponen restaurantes para hacer dinero y quienes vibran, se desviven dentro de su cocina.

La carta del Caracol Azul es tradicional. Uno sabe de antemano lo que va a encontrar allí: una buena selección de mariscos, sopas y cremas de fino sabor, siendo recomendable la marinera que presentamos en la gráfica. La crepe de pangora, plato muy fácil de lograr  pero atractivo, es uno de los más solicitados.

Clientes más sofisticados piden los fondos de alcachofa rellenos con queso gorgonzola sobre los que canta gloriosamente un vino de cosecha tardía, pues el gorgonzola se impone obviamente a la legumbre.

Si les apetece la carne, pueden optar por los tournedos Rossini. Esta palabra solo se usa al plural. (No los he probado aún y no sé qué tipo de paté usa el chef, si el precio incluye trocitos de trufa, lo que no creo pues solo cuesta  $ 13). También está el bife argentino a $ 14,50 y diversas recetas de pollo entre las que recomendaría la salsa de curry.

Si quieren pastas la lasaña de mariscos o spaghetti a la marinera salvo el caso de que les atraiga  los fetuccini "alla Alfredo".

Curiosamente, El Caracol Azul nunca ha sido considerado o distinguido por quienes entregan premios localmente. En cambio, ha recibido merecidas recompensas o diplomas internacionales. Muriel tomó todo aquello con filosofía. Su única preocupación es satisfacer a un público que sigue acudiendo masivamente. El jueves 1 de febrero no había una sola mesa libre a las nueve de la noche

Obviamente, los platos más onerosos son los que incluyen langosta (este crustáceo se está volviendo un lujo en nuestro país). Insólita es la langosta al gruyere pero recomiendo la langosta Costa Brava.

El postre puede ser una espuma de maracuyá, una carlota rusa, el delicioso y aéreo merengue con ciruelas pasa, el sencillo flan de coco.

Muriel tiene una razonable carta de vinos que podría ser implementada.

El servicio es atento, el personal bien formado, el ambiente agradable, el tiempo de espera muy conveniente aun cuando hay afluencia de público.

Con un muy venerable currículum y como treinta años de vida, El Caracol Azul es uno de los restaurantes de los que más respeto. Un inconveniente: esporádicas dificultades para el estacionamiento.


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