La ecología ha dejado de ser un tema de controversia para convertirse en un concepto aceptado por todos los que debemos proteger la naturaleza.
La siguiente pregunta es en qué consiste cambiar nuestros hábitos de vida. Se ha hablado mucho del ahorro de energía y la utilización de bombillas fluorescentes, aunque siendo el nuestro, un país pequeño cuyos ciudadanos ya suelen ahorrar energía por lo cara que es, no es mucho lo que podemos aportar en el ahorro de recursos a escala mundial.
Pero hay otros aspectos en los que sí podemos ser más útiles en la preservación de la naturaleza. Por vivir en uno de los cinco países del mundo por donde respira la selva amazónica, nuestra misión bien podría ser, más que ahorrar kilowatios, proteger nuestro medio ambiente de la avalancha civilizadora de madereras, hidroeléctricas y mineras.
Parte de esa devastadora acción la llevan adelante empresas inescrupulosas e ilegales. Pero más grave que eso es cuando sin infringir la ley, ciertas compañías entran a destruir recursos naturales utilizando la bandera del progreso.
¿Ecología vs. Progreso?
En el mundo, y particularmente en nuestro país, todavía vivimos bajo el paradigma de progreso económico como única forma de desarrollo, pero curiosamente la misma mentalidad "progresista" que rigió a nuestra civilización durante el siglo XX es la que hoy se cuestiona en los mismos países que anteriormente la promulgaron.
Una vez que los habitantes de este planeta hemos llegado por fin a conocer los límites de tolerancia del ecosistema, ya tenemos elementos de juicio para darnos cuenta que las satisfacciones inmediatas producto de un mayor beneficio económico no sopesan el impacto permanente que muchas de estas actividades causan.
El desarrollo sustentable, del que se habla tanto hoy, parte del principio de que toda actividad productiva debe causar un impacto mínimo en su entorno. La controversia viene cuando en el camino de minimizar ese impacto, sufre la economía.
Lo único que puede zanjar esa controversia es una opinión pública consciente, capaz de ejercer presión para evitar que unos pocos continúen depredando el planeta con la excusa del desarrollo.
¿Ecología vs. Pobreza?
Hay quienes dicen que la ecología no es compatible con el humanismo social; que para un pobre es más importante tener qué comer que salvarle la vida a un árbol.
El problema con este tipo de afirmaciones es que pasan por alto a los más desprotegidos del planeta a quienes, los desastres naturales causados por el calentamiento global, afectan más.
En Ecuador, las culturas locales que han habitado estas tierras por miles de años han vivido siempre en armónica comunión con la naturaleza. Sus civilizaciones dieron ejemplo de sofisticadas organizaciones sociales que nunca descuidaron una natural interacción con el medio ambiente.
Las recientes protestas campesinas en rechazo a proyectos hidroeléctricos y mineros en diferentes puntos del país podrían indicar que nuestra población no se ha contagiado de aquella codicia por el dinero que tiene al mundo como está. Muchos defensores del medio ambiente en EE.UU. luchan por combatir esa mentalidad consumista y derrochadora que caracteriza al Primer Mundo.
Si todo el planeta con sus 6.000 millones de habitantes consumiera al ritmo de esos países, veríamos a la Tierra deteriorarse no en un siglo sino en cuestión de décadas. Comprender que el progreso económico no es la única manera de evolucionar es el primer paso para aceptar que la destrucción de la naturaleza no es inevitable.
Está en nuestras manos que Ecuador siga siendo por muchos años el paraíso natural que siempre ha sido.
El desarrollo puede venir vía actividades productivas capaces de generar riqueza sin sacrificar el medio ambiente, como el ecoturismo.
Y a nivel mundial, cuando un país mantiene una postura uniforme frente a la protección de su ecosistema, como ocurre en Costa Rica, se convierte en un referente mundial que proyecta el necesario mensaje de que sí es posible lograr el desarrollo sin depredación.