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Edición del DOMINGO 18 de Febrero del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Santo Domingo de los Colorados al natural
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Habitación "de los Picapiedras" en Samawa.
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Turismo y aventura

Texto y Fotos : Moisés Pinchevsky

Hosterías antiestrés, bosques protegidos y ríos susurrantes. Este cantón pichinchano dejó de ser lugar de paso para los turistas que circulan entre la Costa y la Sierra para volverse en destino de descanso y relax.

Ahora, si tanta paz le inquieta, aquí también podrá agitar su adrenalina.

Es innegable: hasta el viajero más despistado se vuelve menos despistado a medida que suma kilómetros en la carretera y aniquila prejuicios en la mente. Prejuicios como pensar que el único atractivo de Santo Domingo de los Colorados reposa en sus ocho comunidades tsáchilas que reciben viajeros nacionales y extranjeros deseosos de conocer detalles sobre esta cultura ancestral o curarse de ese mal de ojo que supuestamente los tiene salados en la salud, el dinero o el amor.

Nuestro prejuicio comienza a morir antes del mediodía, cuando avanzando sobre cuatro ruedas por el congestionado centro de esta ciudad eminentemente comercial Tex Montes de Oca nos hace un anuncio que considera urgente: Santo Domingo posee una naturaleza capaz de brindarle las mejores experiencias al turista. Rafting, kayaking, senderismo, hosterías, bosques, ríos... Lastimosamente poco se habla de esta biodiversidad porque las operadoras quiteñas generalmente llevan a los turistas directo al Oriente, ignorando esta rica zona natural.
Así lo expresa este guía local de deportes extremos y ecoturismo que ahora tiene el serio compromiso de mostrarnos evidencia física -y verde- de lo anunciado.

Tarde de hosterías
Un cielo nublado nos acompaña mientras avanzamos por la vía a Quito para conocer tres hosterías que ofrecen hospedaje y recreación en estos paisajes agrestes.

Llegamos al parador Los Colorados, ubicado en el kilómetro 12 de la vía a Quito, en donde llama la atención un inmenso tobogán azul que como serpiente enrollada hace deslizar en su lomo a una decena de niños entusiastas que luego chapotean en las piscinas de este complejo turístico que ofrece hospedaje por $ 15 la noche, y comidas a base de pollo y carnes a un promedio de $ 3 por persona. Su propietaria es Patricia Lucero, amable quiteña que hace 22 años se mudó a Santo Domingo con su esposo porque "aquí la vida es más tranquila. Por eso será que vienen viajeros de todo el país, sobre todo, familias. Les gusta mucho el paisaje, las montañas cercanas (la señala con el dedo) y los ríos", indica poco antes de dirigirnos a nuestra siguiente parada: la hostería Samawa.

Sus piscinas, centro de convenciones, restaurante y habitaciones (entre $ 30 y $ 45 la noche) acogen a los viajeros en el kilómetro 6 de la vía a Quito. Una singularidad del sitio: sus habitaciones muestran creativos diseños inspirados en los múltiples viajes al exterior de su propietaria, Maribel Pazmiño, quien ha procurado que cada cuarto tenga un carácter propio que sorprenda a los huéspedes. Así lo vimos en insólitos diseños que rememoraban el Lejano Oriente, Texas (EE.UU.) y el carácter religioso del Vaticano.

Esta hostería también es sede de eventos en un salón de aproximadamente 300 m,² emplazado junto a la piscina principal, y tiene en construcción otra alberca familiar del tamaño de una cancha de baloncesto.

La última hostería del día es la Kasama Lodge, que recibe a sus visitantes en el kilómetro 3 de la ruta alterna Quito-Quevedo. Su propietario es Jaime Saltos, quiteño que junto a su familia ofrece cabañas estilo Daniel Boone, como él mismo las define por estar hechas de maderas como teca y caña. Las 3 hectáreas de la propiedad presentan colinas y elevaciones que provocan una vista muy particular de esta zona en cuya base corre el río Chigüilpe. "Quienes aquí trabajamos en turismo estamos dedicados a la conservación. Por ejemplo, emprendimos una campaña para evitar que las personas de otras propiedades echen sus desperdicios al río, eso era un crimen que muchos cometían, pero eso ha cambiado y ahora el Chigüilpe luce cristalino. Eso nos motivó a construir junto al río un área de eventos para que los turistas puedan relajarse y disfrutar escuchando el susurro del agua que corre por esta vertiente", señala este empresario que cobra $ 22 por el hospedaje y brinda descuentos para grupos.

Bosque Protector
El día se mantiene nublado mientras avanzamos por la vía a Esmeraldas, que al estar flanqueada por sembríos de palmas africanas y plátano nos muestra el espíritu agrícola de la zona. Al llegar nos informan que los domingos no hay atención en el Bosque Protector La Perla, pero su propietaria, Lucía Neale, hace una excepción para mostrarnos algo de las 250 hectáreas de este bosque primario que ha permanecido totalmente a salvo de las sierras de los madereros. "Mi madre tenía una gran conciencia ecológica, por eso desde que mis padres compraron la propiedad hace medio siglo se dedicó a ser refugio de vida vegetal y silvestre", dice  esta descendiente de estadounidenses que vive allí con su esposo guayaquileño y sus 4 hijos.

Las caminatas son la principal actividad que aquí disfrutan los turistas en senderos apropiados para observar aves inquietas en árboles inmóviles como cedro, abacá, caoba, laurel y balsa, entre otros, que por un momento lucen como gigantes empinados a un costado del río Cucaracha. Tex nos explica que este apacible afluente es uno de los principales atractivos, porque, además de su belleza salvaje, de enero a mayo sus aguas se convierten en un singular tobogán que los turistas usan para navegar alegremente con tubos de llantas inflados (tubing). Es como un parque de diversiones al natural. Y aunque ahora no hay nadie deslizándose en la corriente, el escenario se llena de alegría con las aves que comienzan a revolotear anticipando que se viene el anochecer y, pocos minutos después, una suave lluvia de invierno.


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