La princesa austriaca María Antonia Josefa Johanna von Habsburg tenía catorce años cuando partió de Viena con rumbo a París para casarse con el nieto de Rey Luís XV, el Delfín Louis Auguste, quien sería luego el Rey de Francia con el nombre de Luís XVI.
El 7 de mayo de 1770 la caravana que acompañaba a la princesa se detuvo en una isla del Rhin. La niña había viajado en una carroza dorada tirada por ocho caballos blancos. En un pabellón construido para la ocasión, la princesa, a pesar de sus protestas, tuvo que revestirse de los pies a la cabeza para parecer como una mujer francesa.
Su nombre sería ahora en adelante Marie Antoinette. Hasta entonces buena parte de su vida había transcurrido entre jugar con muñecas y bailar. Venía de una corte que era muy orientada hacia la familia, la música y la informalidad. Luego de llegar a un arreglo con la corona francesa, su madre decidió despacharla a ese país. Al despedirla le hizo una simple pero histórica advertencia a la inquieta princesa: "Todos los ojos estarán clavados en ti...".
Y, en efecto, los ojos de la corte francesa, primero, y luego los del pueblo francés, en general, parece que no se despegaron de María Antonieta. Y probablemente ello explica en parte su desgraciado final. Es como si ella quedó prisionera de la atención que provocó y de la que, por otro lado, tanto disfrutó. Pero la advertencia de su madre ha perdurado más allá de su muerte.
Desde entonces han sido los ojos de historiadores, novelistas, directores de cine, productores de televisión, biógrafos, sociólogos, así como los de algunas casas de perfumes, modas y joyerías famosas, los que parecen seguir clavados en María Antonieta.
La biografía de Lady Antonia Fraser, María Antonieta: La última Reina (Editorial Edhasa. Madrid. 2006), que sirve de inspiración al film de Sofía Coppola, es probablemente el más completo de los esfuerzos que se han hecho hasta hoy por penetrar en la vida de este personaje histórico.
Por más de dos siglos fue considerada, especialmente en Francia, como una mujer de sangre fría, llena de frivolidad y vacía de sentimientos, alguien que, en definitiva, tuvo bien merecida la guillotina. Cierto es que en el siglo XIX hubo quienes cuestionaron esta visión casi oficial de María Antonieta.
En su libro Reflexiones sobre la Revolución Francesa, Edmund Burke, por ejemplo, dedicó algunas líneas a la dignidad con que la Reina tuvo que enfrentar su huida y destino final. Pero, en general, la versión de una María Antonieta vanidosa, déspota y maquinadora permaneció casi invariable.
Es este tramado de afirmaciones y conclusiones con el que tiene que enfrentarse Lady Antonia Fraser en su fascinante biografía. En su retrato de María Antonieta, Fraser nos muestra una María Antonieta mucho más atrayente, simpática y hasta filántropa. Como prometida del futuro Luis XVI, fue una joven de una inocencia que rayaba en la ingenuidad.
La reina musical
A pesar de no haber recibido una educación formal, María Antonieta era inteligente, gustaba de representar en obras teatrales menores, y tenía un buen gusto por la música. El compositor alemán Cristoph W. Gluck, que en su momento enseñó música a María Antonieta, recibió de ella sustento financiero para sus óperas. Siendo ambos niños, Mozart y ella se conocieron e hicieron amistad en Viena.
Lady Fraser logra el propósito de desbaratar muchos de los mitos creados alrededor de María Antonieta con holgura, y ello gracias una investigación histórica rigurosa. Algo que ya Lady Fraser ha demostrado manejar con seriedad en sus otras biografías. Documentos, cartas, diarios, minutas, cuadros, obras literarias de la época, todo y más ha sido investigado, confirmado y revisado.
Parecería que estamos frente a un trabajo de un detective reconstruyendo un crimen o de un abogado que debe presentar su caso ante la corte. A esta obra Lady Fraser dedicó casi cinco años.
Pasó gran parte de este tiempo en París con su esposo, el célebre dramaturgo Harlod Pinter, premio Nobel de Literatura en el 2005. Su trabajo la llevó a visitar no solamente la Bibliothèque Nationale, sino Versalles y otros sitios que aparecen como claves en la obra. Uno de ellos, el de la celda donde María Antonieta pasó sus últimos días, confiesa haberle causado una profunda impresión.
Además de preguntarse constantemente "¿Dónde está la prueba?" de tal o cual cosa, Lady Fraser se propone despejar algunas dudas. Una de ellas es sobre la Revolución y María Antonieta. ¿Pudo haberse dado la Revolución sin ella? La respuesta es un rotundo sí. Aunque lo más probable es que la Revolución si pudo haberse evitado sin su esposo. Un hombre débil y sin preparación para dirigir los destinos de una nación que conocía poco o nada.
Otra cuestión que trata Lady Fraser de descifrar es la vida sexual de María Antonieta. ¿Es cierto aquello de que tuvo incontables amantes y aventuras amorosas? Su único romance extra marital fue con el conde Axel Fersen, de Suecia. Y no hay fundamento para el rumor de que tuvo relaciones lesbianas con su amiga Yolande de Polignac.
Más biografías
La obra de Lady Fraser contrasta con otra que muchos seguramente asocian cuando de la vida de María Antonieta se trata. Nos referimos a la brillante biografía de Stefan Zweig, María Antonieta (escrita en 1932), probablemente el primer esfuerzo serio del siglo XX por rescatar a María Antonieta del limbo de la desdicha a la que había sido condenada por la historiografía oficial.
Como muchas de sus obras, la biografía de Zweig es, por encima de todo, un magistral estudio psicológico de María Antonieta y de su traumático final. En la biografía de Fraser, en cambio, sin dejar de lado el lado humano y personal de la Reina, el lector se encuentra con un análisis más elaborado de las fuentes históricas.
Uno de los problemas de su libro, confiesa Lady Fraser en una entrevista, fue el no escribirlo como si María Antonieta estaba ya condenada a morir en la guillotina desde el momento en que dejó Viena sino dedicarle la merecida atención a otros aspectos de su vida. Tal es el caso de sus relaciones con su madre.
Por ello uno encuentra en la obra de Fraser abundante información sobre la vida de la corte, la curiosa tensión entre la "completa formalidad y fantástica informalidad" que se respiraba.
Al final de su investigación, Lady Fraser llega a la conclusión que María Antonieta encontró felicidad con su muerte. "Muchos han hablado bastante de su infelicidad. Pero cuando el final llegó, y fue sacada de su celda, y ella entendió que ya no iría a visitar a sus hijos otra vez, creo que lo sintió como un alivio. Sus enemigos que la odiaban no tuvieron mejor explicación de su serenidad diciendo que era la serenidad propia de los criminales habituales".
Ninguna de las acusaciones contra la Reina fue probada. Su procesamiento judicial es una de las farsas y vergüenzas más notorias en la historia. Esto lo demuestra con enorme precisión Lady Fraser. El famoso affaire del collar no fue sino un cúmulo de rumores y chismes. Sobre este asunto acaba de traducirse al castellano una interesante obra de la escritora italiana Benedetta Cravieri que recomendamos igualmente. (María Antonieta y el escándalo del collar. Ediciones Siruela. 2007).
Psicosis colectiva
Lo que llevó a la guillotina a María Antonieta fue, entre otras cosas, lo que llevó al mismo final a miles de hombres y mujeres durante la Revolución: esa suerte de psicosis colectiva que encegueció a toda una nación y que la llevó a cometer brutalidades indecibles. La justicia quedó en manos de la opinión pública.
Y esta, en manos de fanáticos. No deja tener su gramo de ironía que una revolución que se inició invocando a la razón como su suprema diosa terminaría presa del miedo y del terror, y protagonizando los actos más irracionales. Como no deja de asombrar el que una revolución que se encendió para derrocar a la monarquía terminara a la vuelta de pocos años aclamando a otro emperador, Napoleón Bonaparte, y que este haya instalado a una dinastía en el poder con la venía del pueblo.
Como lo señalara hace poco Gertrude Himmelfard, y también en su momento Hannah Arendt, cuando se la analiza en términos de resultados, y, sobre todo, libre de prejuicios políticos, la Revolución francesa fue en realidad un fracaso.
Una contribución interesante de cómo y porqué se forjó el mito de una María Antonieta maléfica y que sirvió para justificar su asesinato es una obra de Chantal Thomas. En ella se hace una investigación de psicología social detallada de la formación de este mito teniendo como base los cientos panfletos que circularon con gran delirio desde mediados de la década de 1770 hasta la muerte de la Reina.
La mitificación de María Antonieta, para Thomas, debe ser interpretada como una demonificación de la presencia y rol de la mujer en el poder. En una monarquía en constante jaque, la atracción y el horror que provocaron su cuerpo tan femenino así como su condición de extranjera, la convirtieron en una extraña y finalmente enemiga. (La Reina Desalmada. El Aleph Editores. Barcelona. 1998).
El subtítulo original de la obra de Lady Fraser es The Journey (El Viaje). A los editores franceses no les gustó así que lo cambiaron por otro. Parece que esto influyó en la edición española que también lo ignora. Para la autora este subtítulo encierra algo que descubrió a medida que conoció más a María Antonieta, y algo que el lector descubrirá también.
Se trata de la impresionante transformación o viaje que experimenta esta mujer cuando de repente sola, con sus hijos, debió enfrentar con dignidad circunstancias tan adversas. ("El momento en que mis dolores van a terminar, no es el momento en que el coraje me abandonará" fueron sus últimas palabras). Algo que jamás imaginó dos décadas atrás cuando siendo una traviesa niña emprendió otro viaje, ese que la llevaría de Viena a París en una carroza dorada tirada por ocho caballos blancos.
"De todas las mujeres de cuya vida he escrito" dijo Lady Fraser refiriéndose a María Antonieta "ella es la que más se desarrolló, la que más cambió".