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Edición del DOMINGO 25 de Febrero del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Patricia, Grace y Martha
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Me fascinan las mujeres. Son emprendedoras, intuitivas, poseen una sensibilidad  a flor de piel, saben mirar, tocar, oír, saborear (nunca conocí a una mujer que no fuera golosa).

Las encontramos tanto en la intimidad laboriosa de su hogar como entre los intérpretes de las orquestas sinfónicas, el mundo de la plástica, la política.

Pienso que gran parte del futuro que le tocará a este país tendrá que ver con ellas. Por lo pronto, su presencia en el mundo de la gastronomía es innegable. Mi compañera de La Revista, Patricia Baquerizo, es un buen ejemplo.

Habría que hablar de todas aquellas profesionales que se presentan a diario en los canales de televisión, las que ejercen su profesión de chef en unos cuantos restaurantes, las que vemos también en la Comisión de Tránsito, la Policía, los hospitales, dispensarios, el Ejército, hasta manejando taxis o Boeings.

Patricia de Pozo y Grace se unieron para realizar un Manual de compras  para los aficionados al vino. Aquel libro se hizo con inteligencia, buen gusto, invitando al pintor Tábara a ser parte de la aventura. La fusión de la pintura con el vino no es nueva, pues a través del tiempo los mejores artistas pintaron bodegones, naturalezas muertas, se interesaron en la gastronomía. George Sand, Dumas, Toulouse Lautrec,  Cézanne, entre otros, eran eximios cocineros y excelentes catadores.

Al lado de Patricia y Grace tenía que estar Martha para el diseño y la soberbia realización. El resultado ha sido un gran logro. Lujosamente presentado, ofrece datos de cata, propuestas para unas degustaciones entre amigos, curiosidades, denominaciones de origen, informaciones acerca de las etiquetas, consejos para conservar el vino o constatar su estado de conservación, el lenguaje del vino (es decir, el vocabulario que se suele utilizar al hablar de él), la mejor manera de servirlo. El prólogo, redactado por Patricia del Pozo, pone las cosas en su sitio.

Ahora viene la parte crítica. Quizás por razones de mercadeo todos los que están no son y todos los que son no están. Solo como muestras eché de menos a  Los Vascos (el excelente Sauvignon blanco), los tesoros de Achaval Ferrer, Quimera, Finca Altamira (error imperdonable), Salentein, Humberto Canale, Carmen, Marqués de Velilla, Valformosa, entre una buena docena de vinos de gran calidad que brillan aquí por su ausencia. En cambio se hallan unos que están realmente lejos de ser espectaculares.

En cuanto a los restaurantes, el error es más grave aún. En Guayaquil solo se mencionan El Riviera, La Casa di Carlo, fuera del Banker's Club, los hoteles (de los cuales se ha llanamente borrado al Hilton Colón del mapa), mientras se citan a quince restaurantes de la ciudad capital. Aquello significaría que en Guayaquil tenemos solamente dos restaurantes, lo que sería una verdadera catástrofe.

Y también me pregunto cómo se cuelan por allí  las tiendas de delicatessen  como El Español, mientras se ignora a nuestros mejores establecimientos. Debo aclarar que soy amigo personal de las autoras del libro, su fiel y permanente admirador, pero Epicuro, a la hora de escribir, no toma en cuenta sus lazos de afecto. Estoy seguro  de  que mis  justificadas observaciones serán tomadas en cuenta en la próxima edición.


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