¡Cómo es posible que los niños estén viviendo de una manera adelantada. Ahora son precoces!, comentaba una madre de familia a otra dentro de un supermercado de Guayaquil, mientras criticaban a una niña de 7 años. ¡Mira, no es posible que esa pequeña muestre su barriga como lo hacen las adolescentes de ahora y lleve taquitos! Peor aún, decía: ¡Has visto a las niñas bailar reggaetón, qué horror, se mueven sin control...!
Realmente tenían razón. La pequeña lucía como una señorita en cuerpo de niña. De esta experiencia surgió la interrogante de analizar la precocidad infantil, que para algunos padres puede ser muy normal, en cambio para otros no.
Según la psicóloga Paquita Brito, jefa del Departamento de Psicología del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce, se considera precoz cuando antes del desarrollo implicado para cada etapa el niño tiene otras manifestaciones que están ligadas a etapas superiores a su evolución considerada normal.
Un niño precoz puede serlo en diferentes ámbitos, no solamente en el plano de la sexualidad, sino en su aprendizaje. A diferencia de aquellos que no son precoces, poseen un nivel más elevado de conocimiento, desarrollo, actuación y de respuesta a un tipo de situación específico.
Por ejemplo, si se pregunta sobre el nacimiento de los niños a un pequeño de 4 años, es difícil que responda adecuadamente, pero el niño precoz conoce del tema.
Hay menores que leen antes de los 6 años de una manera extraordinaria, mientras otros de su misma edad recién están aprendiendo, y así en el resto de situaciones.
“Hay que aclarar que el niño puede desarrollar una esfera, pero no necesariamente todas, por eso se llama disarmonía evolutiva (desarrollan y se estancan). Y un padre de familia cuando se encuentra con esta situación siempre debe actuar con cautela y canalizarla hacia un aprendizaje superior; en otros casos se deberá usar la prudencia. La canalización tiene que ser para estabilizar, mas no para motivar”, agrega Brito.
Por ejemplo, si un niño es precoz en el aprendizaje, hay que motivarlo para que continúe con cautela y sin presión. Y si lo es en el plano sexual, hay que ayudarlo a comprender su condición y enseñarle a canalizar los afectos para las manifestaciones externas, sublimando la situación que puede constituirse en conflicto.
Brito añade que la sexualidad en la actualidad tiene que ser debidamente dirigida, tanto por los padres como por los educadores, ya que nos enfrentamos a la comunicación masiva de elementos que se consideran evolucionados y que de cierta manera influyen en el infante o adolescente y lo llevan a comprender muchas veces mal o a intuir situaciones que no le competen, pero que están al contacto del diario vivir, como la televisión y sus programas, las revistas, la influencia del cine y todo lo que tiene que ver con los medios de comunicación.
Estimulación del medio
Para el sociólogo Fabricio Medina Erazo, la precocidad infantil es también resultado de un forzamiento por estimulación excesiva del medio.
Hoy existe una ola de modas y de costumbres que capturan fácilmente a los niños, contribuyendo a la pérdida de verdaderos periodos únicos de su crecimiento como infantes.
“La presión social y la moda favorecen actitudes prematuras en niños y preadolescentes. La precocidad es mucho más que un fenómeno intelectual como evolutivo. Implica un ritmo de desarrollo muy rápido durante las primeras etapas de la infancia, pero no necesariamente un nivel de habilidades intelectuales superior al final de su desarrollo (12-13 años).
Padres permisivos
Algunos padres permiten que los niños bailen música sensual y de paso compitan con otros niños, en lugar de que solo sea para pasarla bien y fomentar la amistad. Creen que de esa forma le dan la oportunidad de probar y realizar actividades ajenas a sus edades, pero no se detienen a reflexionar en los efectos negativos que pueden generarse como, por ejemplo, la precocidad sexual a base de movimientos eróticos.
Según Medina, unos de los efectos que está provocando este fenómeno es que estamos viendo niños tratando de vivir como adolescentes y adolescentes tratando de vivir como jóvenes con grandes carencias en las áreas afectiva, emocional o social. Incluso en muchos casos nuestros valores, ya sean familiares, personales, serán afectados.
Agrega que “estamos viendo cada día a niños–adultos que tristemente al ritmo que van no han disfrutado de una verdadera felicidad infantil, y al experimentar actividades y prácticas de adultos se cae en el grado de no tener espacios donde se logren reglas familiares, o simplemente se omiten los valores que se aprenden en el seno del hogar”.
¿Acaba con la inocencia?
El sociólogo no cree que la precocidad esté acabando con la inocencia de los niñas o niños, pero sí la está interrumpiendo al no darles la oportunidad a estos de disfrutar experiencias que son únicamente de niños. Por ejemplo, “consideremos nuestros sistemas sociales que tenemos. Si un niño vive en un sistema carcelario, sin duda no tendrá un periodo infantil normal, sino un periodo infantil alterado, interrumpido por comportamientos ajenos a su edad”, explica.
No es fácil saltar intempestivamente de la niñez a la adolescencia. Los papás deben lograr buenos canales de comunicación para ayudar a sus hijos en ese nuevo proceso en el que tienen mayores responsabilidades: el uso del desodorante, la toalla higiénica, el aseo personal, los primeros brasieres, entre otras. La idea es que así como se enseñó la rutina de lavarse los dientes, ahora se incluyan nuevos hábitos. Pero todo debe hacerse de forma natural.