Mientras vagan por las calles después del atardecer, en una interminable serie de viviendas de interés social, los cinco adolescentes dijeron no estar afligidos por los giros que habían tomado sus vidas hasta la fecha. No les mortificaban los padres ausentes, las madres que reciben asistencia social, las drogas, los arrestos, los encarcelamientos o la tediosa inevitabilidad de todo.
“Cuando vives en Wythenshawe, no esperas algo mejor”, dijo David Williams, de 17 años, quien dice que abandonó la escuela a los catorce, está drogado la mayor parte del tiempo, roba cuando puede y ha sido arrestado tantas veces que ya perdió la cuenta. No es una pose, simplemente habla de los hechos sin adornarse.
La vivienda de interés social en Wythenshawe representa un sitio extremo de privación social y aislamiento. Sin embargo, los problemas en dicho lugar —ruptura familiar, ausencia de respeto a la autoridad, prevalencia de drogas, alcoholismo, ausentismo escolar, vandalismo y delitos menores— son comunes en toda Gran Bretaña.
Y aunque el Primer Ministro Tony Blair ha hecho de abordar la pobreza y la conducta antisocial una de sus principales prioridades, sus críticos dicen que hay pocos resultados tras diez años en el cargo y un torrente de programas nuevos.
Un estudio dado a conocer el año pasado por el Instituto para Investigación de Políticas Públicas, concluyó que los jóvenes de Gran Bretaña tenían el peor comportamiento de Europa, al pasar menos tiempo con sus padres, beber y pelear más y probar drogas y sexo más pronto que sus contrapartes a nivel continente.
Los sociólogos, políticos y defensores de los niños han discutido interminablemente acerca de por qué están tan emproblemados los jóvenes británicos.
El alcohol es parte de ello: el consumo entre jóvenes que beben ha aumentado de manera constante en los últimos 20 años. Los jóvenes británicos ocupan el tercer lugar en borracheras de Europa, detrás de los de Dinamarca e Irlanda.
En un sondeo el año pasado, 25 por ciento de los adolescentes británicos de quince años dijeron haberse emborrachado más de 20 veces en los doce meses anteriores.
El reporte del Instituto para Investigación de Políticas Públicas también señaló que la tendencia de los jóvenes británicos a convivir con sus contemporáneos en lugar de con adultos los privaba de, incluso, las habilidades sociales más básicas.
Un tercer factor es el creciente abismo entre ricos y pobres. De acuerdo al grupo Save the Children, aunque Gran Bretaña tiene la cuarta economía más grande del mundo, también tiene uno de los peores índices de pobreza infantil en el mundo industrializado, con 3.400 mil niños, más de uno de cada cuatro, que viven en la pobreza.
El gobierno de Blair ha implementado un abanico de directrices dirigidas a detener la actividad que afecta a los vecindarios —vandalismo, hurto, acoso, incluso música persistentemente alta— pero que no necesariamente amerita un proceso penal.
Sin embargo, Wythenshawe tiene su dosis de residentes que son aparentemente inmunes a la intervención gubernamental.
Construidas tras la Segunda Guerra Mundial para albergar a los pobres de Gran Bretaña, las viviendas de interés social de Wythenshawe ahora constituyen una serie de vecindarios que cubren 28 kilómetros cuadrados y albergan a más de 66 mil personas. En sus cuatro vecindarios más pobres, aproximadamente el 30 por ciento de los residentes en edad de trabajar son considerados “económicamente inactivos”, al no tener empleos ni buscarlos. Casi la mitad ha abandonado la preparatoria sin aprobar los exámenes necesarios para graduarse.
Bajo un nuevo programa, algunas de las familias más aquejadas en algunas áreas son sacadas de sus hogares y ubicadas en complejos de vivienda, donde se les enseñan habilidades y la estructura para enfrentarse a la vida familiar y al mundo exterior.
Los programas tienen un alto índice de éxito, pero alcanzan a sólo unas cuantas familias.