La idea de reemplazar el petróleo con el uso de algas podría parecer una manera insólita de limpiar el planeta y reforzar la seguridad nacional.
Pero Lissa Morgenthaler-Jones y su esposo, David Jones, apuestan sus carreras y fortunas personales a que pueden cultivar grandes cantidades del viscoso organismo y utilizar su proceso natural de fotosíntesis para producir un suministro abundante de biocombustible.
"Tienes un cultivo aquí que no estás seguro de que vaya a madurar en algo bueno, e inviertes dinero en ello por la remota posibilidad de que sí pudiera darse el caso", admitió Morgenthaler-Jones, durante un viaje en auto a una granja de bagres llena de algas, en Niland, alejado pueblo desértico a unos 260 kilómetros al este de San Diego.
Estos dos inversionistas, del área de la Bahía de San Francisco, han investigado el complicado mundo de los combustibles renovables, desde energía de oleaje, celdas de combustible de hidrógeno y baterías de litio, hasta estiércol de vaca para fabricar metano. Fundaron su propia compañía, llamada LiveFuels Incorporated.
Ya se ha iniciado la búsqueda de una sustancia que sea rentable y amable con el ambiente. Un objetivo, por ejemplo, es encontrar una manera eficiente de convertir algas en combustible, razón por la que Morgenthaler-Jones visitaba un granja de bagres, en Niland, que estaba a la venta. El bagre de granja podría suministrar una fuente útil de bióxido de carbono para las algas, así como un crítico flujo de ingresos para mantener la investigación en marcha.
Aunque aún está en los márgenes de la industria energética, el flujo de capital de riesgo de Estados Unidos hacia la energía limpia se incrementó a más de 2.400 millones de dólares en 2006, mucho más del doble de lo invertido en 2005, y más del triple que en 2004, de acuerdo con Clean Edge, firma de investigación y consultoría. Las cifras siguen siendo pequeñas comparadas con los presupuestos de investigación de las grandes compañías petroleras, pero el incremento en el capital de riesgo en la energía renovable les ha recordado a algunos inversionistas de capital de riesgo de Silicon Valley del flujo inicial de dinero hacia Internet, a mediados de los 90.
"Honestamente puedo decir que, por primera vez en mi vida, vemos a la comunidad de capital de riesgo dedicarle cantidades considerables de dinero a la energía", señaló Samuel W. Bodman, Secretario de Energía, en un discurso en Houston el mes pasado.
"Esto es dinero de verdad. Apuestan, por así decirlo, a que la energía limpia, segura y al alcance del bolsillo representa el nuevo campo de innovación".
A este grupo se suma LiveFuels, con su inverosímil lema de la compañía "del estanque a la bomba".
"Si Estados Unidos le dedicara seis millones de hectáreas de desierto a la producción de algas, podríamos producir suficiente volumen de combustibles líquidos para quitarnos la adicción al petróleo del Medio Oriente", declaró B. Gregory Mitchell, biólogo investigador de algas en la Universidad de California, en San Diego, y amigo de Morgenthaler-Jones y Jones. La compañía proyecta que puede producir algún biocombustible en tres años.
Desde su fundación hace un año, la compañía no ha atraído capital externo, mucho menos ganado dinero. Necesitan 45 millones de dólares en capital semilla. Live- Fuels ha sobrevivido hasta ahora con casi un millón de dólares de dinero familiar.
Sin embargo, la incipiente compañía llamó la atención del mundo de la energía en los últimos meses, cuando formó asociaciones con dos laboratorios nacionales, del Departamento de Energía, para ayudar a revivir la moribunda investigación de energía de algas del gobierno. La pareja ahora está en negociaciones con varios inversionistas.
El mes pasado, en una conferencia sobre biodiesel en San Antonio, cuando Morgenthaler-Jones conoció a Peterson Conway, ejecutivo de GreenFuel Technologies Corporation, empresa competidora de algas, éste le preguntó en broma: "¿Cree que algún día veremos esto como crianza de conejos o el santo grial?".
Ella sonrió, pero rápidamente se puso seria. "No le invertiría a esto mi dinero y tiempo si no creyera que pudiera funcionar", dijo.