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Edición del DOMINGO 18 de Marzo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Cuarto Ojo 
Aprendiendo de la sabiduría del planeta
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Ricardo Cevallos Estarellas | rcevallos@transport.com.ec

A raíz de la entrega anterior de esta columna, en la que se habló de las realidades paralelas existentes en el universo, algunas personas escribieron para pedir sugerencias sobre modos de aprender a desenvolverse en esos planos de realidad.

Existen algunas técnicas, muchas de las cuales están abocadas a las artes de sanación -como la medicina ayurvédica, el chamanismo o la acupuntura- y requieren largos años de estudio y entrenamiento. Pero hay una técnica que busca simplemente establecer un puente entre la realidad cotidiana y superior; una técnica que puede ser practicada por cualquiera y que produce beneficios sorprendentes. Esta técnica es la meditación.

En nuestra cultura la palabra "meditar" significa algo así como reflexionar, pensar con profundidad las cosas. Sin embargo, ese mismo término es utilizado para definir un estado también profundo, pero no de pensar sino de no pensar, es decir, lo opuesto.

El trance meditativo es un estado en el que la mente, usualmente ocupada con asuntos mundanos, se hace a un lado y deja paso a aquella "otra" realidad. La novedad alrededor de la meditación es que se está imponiendo en el mundo como una práctica no religiosa ni reservada para los muy correctos o muy serenos.

Entendiendo la meditación
David Goleman, autor del best seller Inteligencia emocional, compara la meditación con aquellos momentos en que estamos totalmente abstraídos con algo, que no advertimos lo que ocurre alrededor o el paso del tiempo. Goleman define a esos instantes como "momentos luminosos, incursiones espontáneas en otro modo de existencia donde las preocupaciones o los problemas cotidianos desaparecen y nos vemos aligerados de las habituales cargas".

Este estado, que en psicología se llama "corriente" (flow), son momentos cúspides de serenidad emocional que normalmente llegan sin anuncio. Pues bien, la meditación es una técnica para llegar a esos estados por medios propios. La meditación ha sido descrita también como algo similar al estado de gozo que una persona siente cuando está particularmente feliz, o enamorado, o a lo que siente un artista mientras está en creación.

El budismo señala  que lo que consideramos realidad no es más que un mundo de proyecciones psíquicas, y que nunca llegamos realmente a comprender la verdadera naturaleza de las cosas hasta no hacer uno mismo un ejercicio de meditación. En efecto, una de las características de entrar en este estado es permitir al individuo "ver" que la realidad material no es tan importante como se suele pensar.

Esto normalmente provoca un gradual desapego a los excesos materiales y los vicios, lo cual redunda en mejorar la condición humana. El maestro de meditación californiano Joseph Goldstein señala como un beneficio adicional de la meditación que la persona abre los ojos a una realidad en la que todos los seres están unidos en un campo energético único, lo cual da lugar a un sentimiento de fusión y amor muy necesario en estos tiempos.

¿Cómo llegar a ella?
El diseñador Paco Rabanne, un dedicado estudioso de las filosofías orientales, definió a la meditación como lo único que puede salvar a este mundo violento y desencantado de las religiones. El problema con la meditación es que, por la tradición de culto al sacrificio que heredamos del Cristianismo de la Edad Media, solemos entenderla como una práctica antagónica al ideal de felicidad con libertad tan en boga hoy.

Sin embargo, el místico hindú Osho dice que la meditación es la práctica de la felicidad y que, al igual que aprender a nadar o a andar en bicicleta, su aprendizaje cuesta pero una vez que se llega a él es solo fuente de satisfacciones.

Para lograr este objetivo la humanidad ha diseñado muchísimas metodologías. Budismo tibetano, budismo zen, hinduismo, sufismo, son grandes escuelas que presentan cada una sus propios métodos para llegar al mismo estado. Grandes filósofos orientales han dedicado sus vidas a diseñar métodos de meditación.

Algunos de ellos, como Maharishi u Osho, se dedicaron a crear sistemas para que la indisciplinada mente de los occidentales pudiera hacerlo sin dificultad.

En este siglo de fusión cultural, no es descabellada la idea de echar mano de métodos que han probado ser exitosos en otras partes del planeta para dotar al ser humano de serenidad, paz y felicidad.

Ahora más que nunca este tipo de prácticas pueden ser un antídoto poderoso a la violencia y la desorientación que caracterizan a nuestros tiempos.


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