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Edición del DOMINGO 18 de Marzo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los copiones
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Texto: Sheyla Mosquera

Es una práctica común no aconsejable que impide en algunos estudiantes obtener éxito en su vida personal y profesional.


Sara aún recuerda cómo copiaba en el colegio. Un comportamiento arriesgado y vergonzoso, como lo califica ahora que es una profesional, por eso quiere mantenerse en el anonimato. "No lo hacía porque quería sacar la máxima calificación, sino porque me daba cuenta de que a pesar de estudiar largas horas, me olvidaba de lo aprendido cuando estaba frente a la hoja del examen". 

Ella se acuerda de cómo se pasaba encerrada en su cuarto escribiendo notas diminutas de fórmulas de química o física y luego las colocaba en uno de los bolsillos de su falda. También escribía claves en su banca o en la pared del aula. Todo con tal de que le ayuden a recordar lo estudiado. En cambio, otras compañeras, afirma Sara, eran más descaradas, porque podían sacar prácticamente todo el cuaderno al frente del profesor.

"Lamentablemente, cuando uno llega a la universidad y tiene a su lado a un compañero que sí ha estudiado a conciencia, uno se da cuenta de que perdimos mucho tiempo en hacer las 'pollas', en lugar de esforzarnos para adquirir conocimientos", dice Sara, quien decidió reforzar su memoria para no convertirse en una profesional mediocre.

Otro caso es el de Juan, de 23 años. A él no le importó copiar cuando era adolescente. "Yo lo hacía porque simplemente era vago. No me gustaba estudiar y prefería irme a jugar pelota con mis amigos del barrio. Pero reaccioné cuando me inscribí el año pasado en una universidad y fracasé en el preuniversitario.  Me di cuenta de que mi cerebro estaba con 'aserrín', como me lo decía mi papá. Él tenía razón, ahora me apena haber hecho trampas en el colegio, pues mis posibilidades de ser un profesional están reducidas a la mitad", asegura y sugiere no permitir que los estudiantes copien, de lo contrario habrá muchos  como él.

¿Por qué copian?
Para el psicólogo clínico Jorge Luis Escobar Tobar los estudiantes copian porque tratan de alcanzar el más alto puntaje para ser premiados. También para satisfacer el ego de sus padres que los presionan por ser los mejores, considerando solo el reflejo cuantitativo expresado en las libretas. Incluso lo hacen por la competencia entre compañeros y los beneficios que conlleva, y porque no entienden la materia y es el camino más rápido de obtener una buena nota sin tener que estudiar.

Existen muchas formas de justificar y argumentar el porqué de hacer trampa en los exámenes. Pero el trasfondo de todo radica en que tanto en casa como en la escuela se privilegia el aspecto cuantitativo de la valoración personal, reflejada en las notas, y se minimiza el aspecto cualitativo del conocimiento y su utilidad no solo para el evento denominado examen.

"Para mí es un serio problema del sistema educativo, sumado al énfasis cultural de la competencia no ética entre todos, y que con el obtener puntuaciones altas se ve recompensado el aparente esfuerzo educativo, que no necesariamente se ve reflejado en el desempeño de la vida", señala Escobar.

El problema radica en que no se transmite la idea de aprender disfrutando del descubrimiento de nuevas cosas con amor al saber, sino todo lo contrario. Para un gran número de personas es un martirio el hecho de asistir a la escuela o colegio, agregado al nivel de presión ejercido en casa y por la sociedad para que alcance un título. Esto obliga a que los alumnos consideren una opción valida el copiar y lo justifiquen responsabilizando a terceros.

Según el psicólogo, tanto padres como educadores y el entorno social son corresponsables en el hecho de que exista este tipo de fenómeno. La realidad es que mientras no seamos conscientes de que el conocimiento que aprendemos enriquece nuestra personalidad, difícilmente dejaremos de realizar la práctica de copiar.

Método de verificación
En algunos casos hay personas que teniendo el conocimiento utilizan la trampa en los exámenes como método de verificación para asegurarse de que lo contestado es correcto. Pero esta práctica sigue siendo un conflicto en el desarrollo del esquema personal.

"Lamentablemente la copia se evidencia a nivel escolar, universitario y profesional, lo que deja entrever que una vez instaurada pasa a ser una práctica cotidiana en aquellas personas que la adquirieron como un mal hábito", añade Escobar.

Asimismo, una gran parte de individuos son conscientes de que realizar trampa en los exámenes es algo malo o reñido con las normas sociales, pero lo justifican por la sensación que deja cuando se lo hace y no se es descubierto. Incluso muchas personas que desean tener éxito social y reconocimiento hacen cualquier cosa para obtenerlo y ese modelo se repite en esta práctica.

Para Escobar la solución está en modificar el sistema educativo para que se evalúe el desempeño y no solamente la práctica escrita. Hay que privilegiar el razonamiento, las ideas creativas y no solo la memoria, que siendo importante no es el único recurso del intelecto.

Hacer conciencia
Según el psicólogo educativo Héctor Tello Viteri, la deserción escolar o el mal desempeño en los trabajos son consecuencias a largo plazo de estudiantes que se dedicaron a copiar en lugar de haber estudiado a conciencia y haber sido honestos consigo mismos.

"Muchas personas hacen conciencia de esta mala práctica al darse cuenta de que poseen vacíos en su aprendizaje y que deben actuar con base en lo aparentemente aprendido", refiere Tello.

Para evitar consecuencias es necesario que los padres dialoguen con sus hijos desde muy pequeños y les expliquen lo importante que es el conocimiento y lo divertido que es aprender. Por ejemplo, podrían decirles que no es una tortura las matemáticas, y que el castellano no es la materia latosa.

También "hay que hacerles entender que la personalidad de cualquier individuo se enriquece día a día cuando se aprende algo nuevo y es el pase para el examen final en la vida cotidiana. Asimismo, que se puede engañar a los maestros o a los padres, pero jamás a ellos mismos, ya que serán en algún momento los únicos evaluadores de sus fracasos y éxitos", comenta Escobar.

Actitud del maestro
Si el maestro descubre a un estudiante copiando debe retirarle automáticamente el examen, aunque quede ante él como una persona mala y drástica, pero habrá ganado el respeto y consideración de la clase y en especial del alumno que copia, según Tello.

Después, es importante que el profesor converse a solas con el alumno para buscar en este cuáles son sus temores y frustraciones, así podrá ayudarlo a mejorar su autoestima y sacarlo adelante.

Hay profesores que permiten copiar con la intención de ayudar al estudiante y al mismo tiempo para que los resultados como docente no bajen. Sin embargo, son los mismos alumnos quienes se encargan de hundirlos porque los consideran permisivos, con falta de ética y de moral. Es necesario que rectifiquen y cambien a tiempo, porque son responsables de encaminar a los estudiantes para que se conviertan en profesionales destacados y no en seres mediocres. 


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