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Edición del DOMINGO 18 de Marzo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Murray Cooper, el arte de la creación
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Texto: Manuela Botero

Es un sudafricano que vive hace 16 años en Ecuador, se hizo fotógrafo al descubrir las maravillas naturales que se esconden bajo nuestros pies y encima de nuestra mirada, y que muchas veces no observamos. Con cuatro libros publicados, su cámara ha permitido que propios y extraños vean en todo su esplendor el milagro de la creación.

Después de vivir diez años como si fuera un monje franciscano, a ocho horas en mula de cualquier hábitat humano, caminando descalzo y comiendo lechugas, el fotógrafo sudafricano Murray Cooper decidió salir de su escondite hace unos años para mostrarnos los tesoros naturales que había captado con su lente.

Su primer libro, publicado en el 2000, se tituló Reinos por descubrir y es un zoom-in a aquellos paraísos de formas y colores que se ocultan muchas veces bajo nuestros pies, o encima de nuestra mirada, y que el ojo humano -aunque quisiera ponerles atención- no puede ver.
 
"La iridiscencia del paso de un colibrí y otras maravillas del microcosmos son difíciles de apreciar en una caminata usual por el bosque... Esta colección fotográfica es mi cofre bidimensional de las joyas reales, la herencia de las futuras generaciones", escribe Murray en la introducción a este libro que le abrió las puertas a una exitosa carrera como fotógrafo profesional de la biodiversidad del Ecuador, sobre la que ya ha publicado cuatro libros.

Sus inicios
Llegó a la fotografía a través de su interés por la conservación, que según él surgió casi como un 'llamado': "Después de trabajar cinco años en una agencia de publicidad en Sudáfrica decidí tomarme un sabático de seis meses y me fui a California. Allí visité los antiguos bosques Secoyas del norte de California y luego llegué a un claro deforestado, donde tuve una profunda revelación y decidí que iba a dedicar mi vida a la conservación ambiental. Les pregunté a mis amigos cuál era el mejor sitio para hacerlo y me recomendaron el Ecuador".

Así fue como llegó Murray Cooper en 1991 a Quito. Con una mochila y $ 1.200 que le bastaron para sobrevivir durante once meses e ir hasta Chile. Aunque pertenece a una familia de hacendados ingleses en Sudáfrica, donde nació en 1966, este rompimiento con su vida anterior también incluía decirle adiós al mundo material.

Lo primero que hizo en Ecuador fue caminar tres días desde la población de García Moreno hasta Otavalo, con su carpa y su cocineta. En esa ruta conoció a José Decoux, que estaba organizando una reserva natural de 6.400 hectáreas en el noroccidente del país que se llama Los Cedros. Y se metió de pies y manos en este proyecto como socio fundador.

"Escapé de todo. La casa en la que viví durante diez años quedaba a ocho horas en mula del pueblito más cercano. Vivía solo, con la luz de las velas, me bañaba con agua fría, sembraba todo lo que comía y dejé de fumar, casi como un monje", cuenta Murray.

Cada dos meses salía a Quito, la mayoría de las veces para tomar un vuelo hacia California donde gestionaba fondos para la reserva Los Cedros (que pertenece al Centro de Investigaciones de los Bosques Tropicales). En esos viajes se dio cuenta de que era muy importante poder mostrar a los potenciales donantes de qué diablos hablaba. Fue así como empezó a llevar la cámara como compañía en sus largas y detenidas caminatas por el bosque chocoano. "Espiritualmente estaba opuesto a la cámaras -dice-, pero era necesario".

Este antiguo jugador de rugby y bodysurfista comenzó entonces a captar imágenes y a maravillarse él mismo de lo que el acercamiento de la cámara y su intención le revelaban, mientras seguía adelante en su trabajo de construcción de una casa para alojar a los turistas, científicos y voluntarios que visitan Los Cedros, y administrar el modelo de permacultura que permite que la reserva y varios campesinos de la zona vivan de una manera autosustentable.

De esta época surgió su primer libro, que es un viaje íntimo a las profundidades de la creación: a la perfecta filigrana de diseños y colores que hay en cada insecto, en los ojos de un sapo, en los pupos de una mariposa aparentemente inmóvil y pegada al lente, en las celosías internas de los hongos, en una orquídea envuelta por una gota de agua... en algunos casos llevados a la abstracción y al efecto tridimensional.

Y de esta época también surgió un amor que lo hizo salir de su escondite. Se enamoró de la pintora quiteña Patricia Escobar, selló su pacto frente a una curandera y se fue a vivir a una chacra que se compró en Nanegalito para darle la bienvenida a su hijo Lucas, que hoy tiene cinco años. Años más tarde nació Ámbar, de dos y medio.

Vinieron otros libros, individuales y colectivos, uno para la editorial Trama que se tituló Ecuador más cerca al sol, y otro para Latinweb del que se vendieron 20.000 ejemplares cuando Ecuador fue sede de Miss Universo.

Latinweb, empresa que compró la librería Libri Mundi, es la encargada de la distribución del último trabajo con el que Murray nos vuelve a sorprender: Plumas, un libro que recoge las imágenes de las aves más hermosas y únicas del Ecuador continental captadas en su hábitat natural, salvajes y libres.

Para poder realizar este libro, Murray caminó por los bosques más prístinos de la Costa, Sierra y Amazonía durante 120 días con 30 kilos de equipo al hombro y tuvo que perseguir con el trípode a la mano a cientos de esquivas aves.

Esperó durante cinco días un cóndor salvaje en el nevado Antisana bajo un cambuche de plástico y paja, y hasta mató un toro para atraer al ave, pero salió con las "manos vacías"; perdió una de sus cámaras Nikon D2X de 12,3 mega-píxeles (que cuestan $ 5.000) por meterse hasta el cuello en una laguna de los Manglares de Churute persiguiendo algún raro espécimen, y en la Amazonía, la humedad acabó con su lente favorito: el 600 mm, que le permitía acercarse solo con luz natural sin molestar a su modelo de turno.

"Esta es la gran diferencia -el uso de luz natural- entre las imágenes que usted  puede apreciar aquí y muchas otras obras sobre las aves tropicales... Simplemente casi nunca hay suficiente luz natural en los bosques tropicales, en especial cuando nos adentramos en el mundo silencioso del sotobosque donde viven los pájaros hormigueros y los tororois. Si a esto le sumamos la incesante lluvia, nos encontramos con el trabajo fotográfico más desafiante que podamos imaginar", explica Murray Cooper en el prólogo de su último libro que fue financiado mayoritariamente por él, con el diseño de Belén Mena y la impresión de Imprenta Mariscal.

Pero, como cuenta Murray, antes de poner estos 4.000 ejemplares en circulación, hubo que hacer un complejo trabajo científico de pre-producción. "En un país que posee más de 1.600 especies de aves en una extensión similar al estado de Colorado, no era fácil decidir cuáles serían las 250 especies más importantes para mostrar en este libro...".

Su principal aliado fue el ornitólogo Rudy Gelis, quien con la ayuda de la guía científica  Aves del Ecuador (de Robert Ridgely y Paul Greenfield) le ayudó a determinar cuáles eran las especies más llamativas por su belleza o valor simbólico para la conservación, dónde las podría encontrar y cómo llamarlas para que los ecuatorianos también se enamoren de ellas y de todo el entorno natural que las cobija.


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