Algunos animales son sorprendentemente sensibles a los problemas de otros. Chimpancés, que no saben nadar, se han ahogado en fosos de zoológicos por intentar salvar a otros. En vista de la posibilidad de obtener alimento al tirar una cadena que también daría una descarga eléctrica a un compañero, monos rhesus pasarán hambre durante varios días.
Biólogos sostienen que éstos y otros comportamientos sociales son los precursores de la moralidad humana.
En un libro reciente, “Primates and Philosophers”, el primatólogo Frans de Waal se defiende de filósofos que critican su opinión de que las raíces de la moralidad pueden ser vistas en el comportamiento social de monos y simios.
De Waal, director del Centro Living Links en la Universidad Emory de Atlanta, sostiene que todos los animales sociales han tenido que restringir o alterar su comportamiento de diversas formas para que la vida en grupo valga la pena. Estas restricciones, evidentes en los monos y aún más en los chimpancés, también son parte de la herencia humana y, de acuerdo con su opinión, forman el grupo de comportamientos a partir del cual se formó la moralidad humana.
Sus opiniones están basadas en años de observar primates no humanos, que iniciaron con su trabajo acerca de la agresión realizado en los años 60. Entonces se dio cuenta de que, después de luchas entre dos combatientes, otros chimpancés consolaban al perdedor. Descubrió que la consolación era universal entre los grandes simios. Para consolar a otro, sostiene De Waal, se necesita empatía y un nivel de conciencia de uno mismo que sólo los humanos y los simios parecen tener. Y estudiar la empatía rápidamente lo llevó a explorar las condiciones para la moralidad.
La vida social requiere de empatía, especialmente evidente en los chimpancés, además de maneras de acabar con las hostilidades internas. Cada especie de simio y mono tiene su propio protocolo para las reconciliaciones después de las peleas, descubrió De Waal. Si dos machos no hacen las paces, con frecuencia chimpancés hembras reunirán a los rivales, como si sintieran que la discordia empeora su comunidad y la vuelve más vulnerable a ataques de vecinos.
De Wall cree que esos actos se realizan por el bien de la comunidad y son un precursor significativo de la moralidad en las sociedades humanas.
Él se ha enfrentado a muchos críticos en biología evolutiva y psicología al desarrollar sus opiniones, y su público más reciente son los filósofos morales. A Philip Kitcher, filósofo de la Universidad de Columbia, le gusta el enfoque empírico de De Waal. “No tengo ninguna duda de que hay patrones de comportamiento, que compartimos con nuestros parientes primates, que son relevantes para nuestras decisiones éticas”, declaró.
Muchos filósofos creen que el razonamiento consciente tiene un importante papel para guiar el comportamiento ético humano y, por lo tanto, no están dispuestos a permitir que todo se genere en las emociones, como la compasión, que puede ser evidente en los chimpancés.
El elemento imparcial de la moralidad proviene de una capacidad para razonar, escribe Peter Singer, filósofo moral de la Universidad de Princeton, en “Primates and Philosophers”. Él dice: “La razón es como una escalera eléctrica, una vez que nos paramos en ella, no podemos bajarnos hasta que hayamos llegado a donde nos lleva”.
Los filósofos tienen otra razón por la que los biólogos no pueden llegar al corazón de la moralidad, y es que los análisis biológicos no pueden cruzar la brecha entre “es” y “debería”, entre la descripción de algún comportamiento y la cuestión de por qué está bien o mal. “Se puede identificar algún valor que tenemos y contar una historia evolutiva acerca de por qué lo tenemos, pero siempre está la cuestión radicalmente diferente de si deberíamos tenerlo”, afirmó Sharon Street, filósofa moral de la Universidad de Nueva York.
“No estoy seguro de qué tan realista sea la distinción”, dijo De Waal. “Si un animal joven está en una pelea, la madre debe defenderlo. O al compartir la comida, los animales se presionan unos a otros, que es el primer tipo de situación de ‘debería’”.