Vista desde el exterior, la Casa Tugendhat no da la impresión de ser uno de los edificios residenciales más importantes del siglo XX: se trata tan sólo de dos cubos de estuco blancos separados por un hueco por el que se asoman algunas copas de árbol puntiagudas.
Pero cuando un guía de turistas condujo a un grupo de diez personas por esta casa de estilo moderno ubicada en la segunda ciudad checa más grande, a principios de marzo, resultó obvio que la residencia, edificada en gran parte en una ladera con marcada pendiente, era mucho más interesante de lo que parecía.
Masivas terrazas envuelven el piso superior. Abajo, una extensa estancia está rodeada por muros de vidrio con vista al jardín inferior, de forma que, aun en un día lluvioso, es brillante y casi alegre. El espacio sólo está dividido por un muro de madera semicircular que crea un rincón para cenar, y un muro independiente de ónix sólido que separa el área social principal de un estudio que brilla con la luz vespertina.
Esta obra maestra edificada en 1930 por Ludwig Mies van der Rohe necesita urgentemente una restauración.
El estado de la casa ha suscitado un enfrentamiento sobre quién tendrá el control de su futuro y asegurará su supervivencia: la ciudad de Brno, a la que pertenece actualmente, o los herederos de sus dueños originales, Fritz y Grete Tugendhat, judíos que huyeron de Checoslovaquia en 1938.
El ayuntamiento señala que reconoce el derecho moral de la familia sobre la casa, y la familia indica que quiere que ésta permanezca abierta para los habitantes de Brno, pero ninguna de las partes parece confiar en la habilidad de la otra para encargarse de la restauración y mantenimiento necesarios.
El 20 de marzo, al citar diferentes tecnicismos legales, el cabildo de Brno votó por no devolverle la casa a la familia, aunque es probable que continúe el conflicto.
Restaurar la casa podría costar hasta 7,5 millones de dólares, de acuerdo con una estimación publicada, y el alcalde de Brno, Roman Onderka, indicó que ya ha destinado para este fin 1,9 millones de dólares del presupuesto municipal de este año.
La casa plasma algunas de las ideas más influyentes de Mies, que se convirtieron en referencias del modernismo: un espacio de vida abierto y de libre circulación, una conexión con el exterior mediante muros transparentes; el uso de una cuadrícula de columnas en lugar de muros que soportan el peso. También se trató de un proyecto para el que Mies diseñó cada detalle, desde las perillas de puerta y luminarias hasta las sillas Tugendhat y Brno, ahora muebles clásicos del diseño del siglo XX.
Daniela Hammer-Tugendhat, hija menor de los dueños originales de la casa, quien pidió que la ciudad la devolviera a su familia dijo, tras la votación del cabildo: "Tal vez aún haya una solución que resulte buena para la casa y la ciudad, no sé. Las cosas no lucen bien".