En efecto, en más de una entrega de El cuarto ojo se han hecho menciones a la reencarnación, al mundo de lo inmaterial, a la meditación, y a otros temas que en sociedad se suelen asociar con lo oculto. ¿Cuál es, entonces, el propósito de esta columna?
Este es un proyecto de comunicación que presenta una nueva aproximación a los dilemas de la existencia humana. Luego de vivir el desencanto de los modos tradicionales y de la ciencia-sin-Dios que surgió en respuesta a ellos, la humanidad está viviendo una nueva corriente de pensamiento que combina el método científico con una forma inspirada de espiritualidad. Nuestra civilización ha avanzado como ninguna en progreso tecnológico y el confort que podemos disfrutar ahora. Pero tenemos mucho que aprender en lo que se refiere al arte de vivir. Vivimos una desenfrenada carrera consumista que nadie sabe hacia dónde va. La economía manejada por grandes corporaciones ha optimizado la obtención de riquezas a costa de la comercial deshumanización de los procesos creativos. Aceptamos como naturales formas de desigualdad e injusticia que sencillamente no están bien. El éxito se define más que nunca en términos económicos o de poder.
Como civilización nos hemos dejado llevar por trampas como el ego, el materialismo y otras formas de cubrir un vacío existencial que nuestra misma cultura nos deja. Hay gente que se está dando cuenta que la violencia y los excesos en que cae la humanidad no son accidentes del azar sino productos de una forma equivocada que tiene nuestra civilización de entender la existencia. Estamos volviendo los ojos a los modos sencillos de las culturas tradicionales del planeta. La inteligencia del planeta está siendo revelada a una humanidad que ha demostrado claramente que sus modos de vida no funcionan. La cara filosófica de la globalización del siglo XXI es la fusión de las diferentes culturas del planeta.
Entendiendo la naturaleza humana
Hay un número creciente de filósofos y científicos que piensan que la verdadera naturaleza humana es buena y que lo que corrompe al ser humano es el alejamiento de su verdadera esencia. Existen filosofías de vida diseñadas para superar nuestra tendencia natural a ser niños egoístas, más que por la represión, por el camino de acercarnos a áreas más elevadas de nuestra naturaleza.
Intentos como las religiones o el comunismo para corregir a la fuerza, cada una a su manera, los vicios de nuestra naturaleza solo han servido para demostrar que la solución del ser humano no puede venir desde fuera sino desde dentro. Más que un regreso a los valores tradicionales o una revolución social, lo que en realidad necesitamos es una revolución individual en la que cada persona se vuelva consciente de que la mentalidad egocéntrica, materialista y patriarcal que ha caracterizado a la civilización occidental es la que nos mantiene al borde de la destrucción como especie. La obsesión de nuestra civilización por solucionar los problemas del ser humano con medios artificiales sin importar los efectos secundarios nos ha separado progresivamente de nuestra esencia orgánica y de las fuentes naturales de éxtasis existencial.
El cuarto ojo es una aproximación a diferentes áreas del conocimiento, con una óptica científica y abierta hacia nuevas formas de entender la realidad. A la controversia entre ciencia y religión se abre una tercera opción que adopta el método científico como forma de llegar a la verdad pero sin aferrarse a la idea de que el universo es solo materia.
Una manera científica de amar
La evidencia científica hoy demuestra que toda la existencia está mucho más integrada de lo que parecía. Es posible que en la medida en que las personas realmente conecten con la esencia de las cosas y desarrollen una auténtica solidaridad con los demás seres vivientes, el respeto y el amor se vuelvan naturales en nosotros. Cada día se popularizan más métodos para llegar a lo que se ha dado a llamar el despertar de la conciencia (la meditación es posiblemente el más importante). En los últimos años la frontera de la ciencia se ha expandido para aceptar nuevas formas de conocimiento. Estamos empezando a experimentar con realidades previamente relegadas al misticismo o la superstición. El resultado de este puente entre ciencia y espiritualidad es expandir el entendimiento humano sobre los misterios de la existencia. Somos muy privilegiados al estar presentes en este momento en que la humanidad está recibiendo conocimiento oculto por mucho tiempo. En la era de las fusiones, la ciencia se encuentra con la espiritualidad en un punto del camino. Y ese es posiblemente el punto de partida de la nueva mentalidad que, por el bien de su propia supervivencia, guiará la mente humana en este nuevo milenio.