El bus se detuvo. Los chicos bajaron y estiraron las piernas, entumecidas por las ocho horas de viaje de Guayaquil a Quito. "Aprovechen la naturaleza y respiren profundo" -dijo el guía del retiro- "estos serán días de meditación, reflexión y absoluto silencio". Cerrar la boca no era suficiente. Ellos debían acallar los sentidos, ensimismarse con su 'yo' interior. Quedarse mudos de su propia voz, para escuchar la voz de Dios.
Tarea nada sencilla al inicio, pero tan necesaria para reencontrarse. Ese jueves 15 de abril de 1995, aquellos jóvenes en un convento franciscano, cumplieron de mala gana el silencio impuesto. Sin embargo, poco a poco fueron descubriendo una riqueza desconocida dentro de cada uno. Durmieron en habitaciones individuales, evitaron conversar, salvo lo necesario. Comieron poco, oraron mucho, y reflexionaron mucho más. La inmensa naturaleza del sector fue su cómplice y el templado clima del valle quiteño los envolvió. Encontraron respuestas a sus inquietudes y regresaron felices, por completo renovados.
Un alto a las actividades
Mauricio Larrea, el guía de aquel encuentro, apenas pasa los 22 años, pero ha asistido a varios retiros espirituales. Al preguntarle qué es un retiro, dice no tener palabras exactas para describirlo. "El mundo va tan de prisa. Llegamos a nuestras casas, prendemos el televisor, subimos el volumen del radio y si no, empezamos a cantar, a leer revistas o llamamos por teléfono al primero que aparece en la agenda. Nunca nos detenemos a analizar nuestro día", comenta.
Los hombres viven llenos de preguntas, señala Larrea. Sería más sencillo si meditaran y escucharan las respuestas que Dios da a través del silencio absoluto. Es hacer un 'alto' a las actividades cotidianas, en busca de ayuda celestial.
Católicos, evangélicos, mormones, entre otras religiones, promulgan su firme creencia en Dios, en sus preceptos de fe. Para ellos, "entregarse íntimamente a la oración" tiene varios nombres. Pueden llamarse retiros espirituales, encuentros, jornadas, ayunos, o cultos. Mas, como lo llamen es lo de menos, cuando "en realidad se busca la riqueza del silencio", acota Larrea.
Desconectarse
Los retiros tienen carácter meditativo y analizan temas diversos, explica el padre Humberto Salgado. "Es importante meditar la vida y nuestros problemas. Saber qué nos dice Dios. Él no se nos aparece en persona, pero nos habla a través de las circunstancias". Piensa que a los hombres les cuesta mucho el silencio e incluso hay quienes no pueden encontrarse consigo mismo. El hecho de detenerse implica razonar bien las situaciones vividas y tomar decisiones correctas.
No existen registros históricos del origen de estos encuentros, no obstante, el sacerdote indica que posiblemente San Benito de Nursia los motivó, gracias a la creación de monasterios benedictinos, donde la gente se dedica a la contemplación y a la oración. "Nuestra alma también necesita respirar".
Las personas que acuden a los encuentros cristianos, quizás desean aportar algo importante a sus vidas, señala Salgado. Asimismo quienes en su búsqueda por dominar sus instintos primarios (comida, bebida) quieren aprender a controlarse para ofrecer oración continua o ayunos. Es desconectarnos del mundo por un momento. Apagar los celulares, las luces. "Poder desenchufarnos del exterior para mirar nuestro interior".
Verdadera intimidad
Aislarse del entorno cotidiano, para encontrar la intimidad con Dios sería la mejor definición de los encuentros espirituales, según la pastora Jeannet de Pin, líder en encuentros de la iglesia cristiana evangélica Galilea. "Una vida llena de sí mismo no le da lugar a Dios. Se necesita callar todo el ruido que llevamos por dentro para oírlo a Él", acota.
Pin aún recuerda su primer retiro hace siete años. Lo hizo en Quito y le significó el desarrollo en su espiritualidad. Para ella, los encuentros son fuera de lo común. En cuanto a la organización, se prefiere gente especializada en tareas de retiros para que guíen a otros. Las diversas temáticas apuntan a la totalidad del ser, anhelando bendiciones "a partir de la salvación del alma". La pastora aconseja realizarlos en lugares que favorezcan la concentración y transmitan mensajes de quietud y paz a los asistentes. Los encuentros, comenta Pin, proveen herramientas espirituales, vitales en aspectos personales o familiares del individuo.
Abstracción del mundo
Una de las prácticas de acercamiento a Dios y abstracción del mundo realizadas por miembros de la Iglesia de Jesucristo, de los Santos de los Últimos Días (mormones) es la oración personal diaria. Jorge Betancourth, director de asuntos públicos Ecuador, comenta que el retiro espiritual de ellos es todos los días, al acostarse y levantarse, mediante la oración. "Es una conversación franca con nuestro Padre Celestial". También guardan el Día de Reposo, asistiendo a sus iglesias a renovar las promesas hechas a Dios.
Ese día deciden descansar "por completo" de labores cotidianas, fortalecerse espiritualmente, estudiar las Escrituras y apartarse del mundo. Casi siempre separan el primer domingo del mes para ayunar. Combinan esa abstinencia de alimentos con la oración profunda de propósitos específicos. "Esperamos recibir inspiración para guiar nuestras vidas, con ayuda de Su fortaleza", señala Betancourth.
Analizar el pasado
Mariuxi Velásquez es una joven católica que ha participado y organizado varios encuentros espirituales. Para ella, se trata de un respiro urgente para toda alma, mientras el silencio otorga respuestas al sinnúmero de inquietudes personales de cada uno.
"Quizás ahora en Semana Santa sea la mejor oportunidad de asistir a un retiro, en la iglesia que le guste. Y si no hay posibilidades, realizar un pequeño encuentro en un lugar especial dentro de casa", recomienda Velásquez. Analizar el pasado, purificarlo. Ver el presente y ordenarlo.
Miguel Loza, en cambio, tuvo que asistir a un retiro para descubrir de qué mismo se trataba. Él actualmente asiste a una iglesia evangélica y se "enamoró por completo de los encuentros espirituales", sin necesidad de profesarse como evangélico. "Cualquier persona que busque a Dios puede acudir. No importa la religión".
Son ejercicios espirituales practicados por quienes ponen su fe en Dios. Dicen depositar en Él su confianza y sacar de Él, la fuerza para continuar.