La exposición que presenta la M.I. Municipalidad de Guayaquil no es una retrospectiva del trabajo pictórico de Federico Gonzenbach, sino más bien una etapa de su vida llamada Acercamiento, que alude al tema religioso tomando la figura de Jesús como personaje principal en sus lienzos.
El interés de Gonzenbach hacia las artes visuales se hace presente desde muy chico, cuando pintaba y dibujaba. "Nací pintando... vine al mundo con ese don", dice Gonzenbach convencido de su capacidad artística. "No me he construido, sino más bien he seguido mi trabajo con la misma habilidad y esfuerzo en todas mis etapas como artista".
Empezó a trabajar con la plumilla, con la que tomaba apuntes de Guayaquil y sus temas retóricos y arquitectónicos que la caracterizan.
Después de esta etapa en la que solo se dedicó a elaborar grabados, el pintor comienza un período durante el cual deja la tinta china, cambiando esta técnica por la del pincel y los óleos. Gonzenbach llama a este cambio el sentido de la evolución pictórica.
Considera que el pintor fiel a los compromisos como artista siendo profesional debe poner cada cosa en su lugar, y esto es pasar a formar parte de la naturaleza que se obtiene a través de los colores y el trabajo en conjunto con ellos. La pintura, como todo oficio artístico, es un experimento que lleva a la madurez.
En 1989 viajó a Francia, en donde tuvo la oportunidad de visitar un instituto de rehabilitación que alberga a minusválidos. Entre las terapias que estas personas debían hacer, constaban actividades manuales como pintar con alguna parte del cuerpo que sea útil. Muchos pintaban con la boca, otros con los pies, con el entrebrazo, con el pincel amarrado a la espalda.
Durante esta visita, Gonzenbach entendió que teniendo sus manos y todas las partes anatómicas en su puesto, no podía dejar de pintar. Aquellos artistas impedidos llenaron de reflexión al pintor ecuatoriano, quien tomó la experiencia como motivación especial.
La hora de Jesús
Los verdaderos artistas, ya sean poetas, artistas visuales, actores o literatos, tienen por dentro una forma de expresión más sensible a una persona regular, afirma Gonzenbach, quien toma esta expresión que siente adentro como la superación máxima del hombre.
A diferencia de los grandes maestros del Arte como Pablo Picasso o Vincent Van Gogh, que se caracterizaron por tener en su intimidad una vida turbulenta (no hay que olvidar que Van Gogh se cortó una oreja luego de quedarse pobre y sin la compañía en su casa amarilla), para Gonzenbach hay dos tipos de inspiración: la que viene de afuera hacia adentro, y la que se manifiesta de adentro hacia afuera. Si uno quiere expresar de afuera hacia adentro, hay que mostrar concentración y una paz interior.
A la hora de pintar, él busca lo que llama "la higiene para la inspiración", que son condiciones que él considera necesarias para encontrar la inspiración. Estar en paz intelectual, física y espiritual es importante para que el pintor pueda prender el fósforo inspirador al que debe dar de comer una vez encendido.
Gonzenbach lleva casi 10 años pintando temas sacros, temas que realiza con meta poética, como una forma de acercamiento al hombre de manera espiritual.
Él insiste en que todo nace en una intimidad que se va fortaleciendo hasta captar a Cristo en la punta de un pincel.
"Siento que Dios me ha tocado con aquel toque divino. No es que Dios haya dicho: ¡Hágase el artista!, y de pronto apareció el pintor, pero yo nací pintando y todo lo que toco se convierte en pintura".
Siente que pertenece a una época en donde tiene que representar al Ecuador desde la perspectiva de un pintor ideal en un mundo convulsionado; que el arte es el reflejo de un pueblo y su deber es representar a su cultura dentro y fuera del país.
La exposición que presenta desde el 27 de marzo hasta el 8 de abril en el Mercado Sur o también conocido Palacio de Cristal, consta de quince obras que representan a Jesús en el vía crucis. Tal como lo manifiesta Gonzenbach, la muestra fue pintada con mucha fe, con paz y calma.
Ha tenido que pintar nuevamente estos cuadros, que se guardaban empolvados en un taller. Los ha sacado y le ha quitado las telarañas de encima, desplazándolos desde el corazón de Guayaquil a lugares disímiles que le sirven para encontrar la paz que necesita al pintar, lugares para estar en contacto consigo mismo.
"Hay artistas que nacen, se reproducen y mueren. Hay artistas fugaces en la historia. Hay otros que toman en serio esto como una profesión. Yo me he tomado esto con mucha seriedad".(M.I.P.L.)